18 de junio del 2000
Va al Ejemplar actual
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Buzón
  Al día
Home Page
Ejemplar actual
Reportajes
  Análisis
  Grandes Plumas
  Entrevista y P&R
  Ecobreves
  ¿Lo sabías?
  Tú puedes
  Libros
  Galería
Ediciones especiales
  ¿Quiénes somos?
  Servicios
  FAQ
Geojuvenil
Espacio de debate hecho por jóvenes y para Jóvenes
Geojuvenil
 

Eduterra
Proyecto educativo

Eduterra

 
Cambio Climático
Proyecto de soporte a negociación ambiental

Cambio Climático

  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

 

Reportajes
 
Se pronostica tiempo nublado

P o r   M a r k   S o m m e r

Negociadores de todo el mundo se reunirán en noviembre próximo en La Haya para tratar de desbloquear el Protocolo de Kyoto, pero las diferencias entre Estados Unidos y las naciones en desarrollo no traen buenos augurios.

Para los habitantes de las naciones del Norte industrializado que deben soportar el hielo y la nieve (y que generan la mayor parte de los gases invernadero), los datos sobre el calentamiento global del planeta suenan como el agradable anuncio de una mejora sustancial para sus vidas.

Los inviernos tibios y las primaveras tempranas pueden tranquilizarlos y hacerles creer que el cambio climático es francamente benigno, que los primeros meses de una devastadora sequía, por ejemplo, son algo así como días paradisíacos.

Pero para la gran mayoría de los científicos que estudian la atmósfera mundial, las tendencias de las temperaturas y los modelos de pronósticos climáticos, los efectos benignos del cambio climático son totalmente superados por amenazadores impactos de alcance bíblico que, según predicen, azotarán a la Tierra con creciente intensidad en el próximo siglo.

Las predicciones hablan de un tiempo extremo e impredecible con fenómenos de todo tipo, como huracanes y ciclones, inundaciones y sequías, olas de frío y de calor, todo lo que provocaría epidemias, enfermedades causadas por insectos, desertificación y ruptura de los patrones de producción agrícola, así como inundaciones de las ciudades costeras.

Pero aquellos gobiernos que han sido los mayores responsables del cambio climático global también han sido los que más se han resistido hasta hoy a tomar acción. Como la nación industrializada líder, Estados Unidos es también quien lidera en el mundo en materia de contaminación y los contaminadores principales tienen, a su vez, una importancia clave en la política estadounidense.

Nueve de las 10 principales corporaciones multinacionales integran los sectores de la energía y de la producción automovilística y ejercen desde hace largo tiempo una desmesurada influencia en los corredores de los poderes ejecutivo y legislativo de Estados Unidos.

Un reflejo de esa influencia es el decidido rechazo por parte del Congreso de todas las propuestas sobre la eficiencia energética, la conservación de los recursos naturales y la utilización alternativa de energía renovable como la solar, la eólica, geotérmica o la procedente del hidrógeno, de la biomasa y, en pequeña escala, de las corrientes de agua.

Y lo que es más importante, los gobiernos, tanto de los países desarrollados como de los subdesarrollados, han fracasado en utilizar aunque sea una parte marginal de los 300 mil millones de dólares de subsidio global que pagan cada año a las industrias de la energía y del automóvil para otorgar a las embrionarias iniciativas en favor de la energía alternativa el apoyo que necesitan para ser viables comercialmente.

Los acontecimientos naturales están también dejando atrás a las prolongadas negociaciones para establecer un régimen de protección para el clima global. En efecto, uno de los principales desafíos al enfrentar el calentamiento mundial es que se requiere un grado de cooperación en la acción global más incisivo y rápido, que vaya mucho más allá del logrado hasta ahora por todo tipo de tratados internacionales.

De acuerdo con el protocolo de Kyoto de 1997, un acuerdo global negociado por 160 naciones, 38 de ellas industrializadas y en transición (las ex integrantes del bloque oriental), el compromiso es cumplir antes del fin del año 2012 con reducciones obligatorias de las emisiones de gases invernaderos a un promedio del 5,2 por ciento por debajo de los niveles de 1990.

Las reducciones dispuestas en Kyoto van de un 8 por ciento para la Unión Europea (UE) a un 7 por ciento para Estados Unidos y a un 6 por ciento para Japón.

Pero la mayor parte de las reducciones deben ser realizadas todos los años entre el 2008 y el 2012. Y si las tendencias actuales sirven como indicación, cuando llegue el momento de cumplirlas, Estados Unidos no estará en condiciones de honrar su compromiso. Sus emisiones de gases invernadero son ya cerca de un 11 por ciento más altas que en 1990 y, dada la ausencia de cambios de políticas al respecto, se espera que en el año 2010 serán un 33 por ciento superiores a las de 1990.

''Licencias de contaminacion"

El Ministerio de Medio Ambiente abrió el diálogo con las comunidades afectadas en 1999 y, después de una interrupción, logró este año un acuerdo que prevé frenar la obra en su segunda fase.

El protocolo de Kyoto establece una serie de "mecanismos flexibles" por los cuales tanto los principios guía como las reglas operativas deben todavía ser acordados. Esto constituye precisamente el centro del debate para llegar a una fase culminante en las negociaciones sobre el clima mundial a celebrarse en La Haya en noviembre próximo.

Por iniciativa de las naciones industrializadas, un sistema de comercialización de las emisiones está siendo establecido para permitir a los países industrializados, a quienes les costarían caras ulteriores reducciones, que compren licencias de contaminación a otras naciones (subdesarrolladas) cuyas reducciones de emisiones serían más baratas.

Además, un mecanismo especial, denominado Mecanismo de Desarrollo Limpio, canalizaría fondos, tecnología y asistencia técnica por parte de las naciones avanzadas a los países en desarrollo con un fin: permitirles alcanzar un desarrollo económico sustentable al tiempo de preservar el entorno natural, a través del uso de tecnologías de alta eficiencia y de baja emisión de carbono para generar energía y de la plantación de bosques para absorber los excesos de dióxido de carbono.

Estados Unidos espera satisfacer el 80 por ciento de sus obligatorias reducciones de emisiones a través de esos mecanismos, que además le permitirían evitar el problema de limitar sus hábitos despilfarradores de consumo de energía.

Asimismo, en lo que muchos ven como una táctica evasiva, el gobierno de Bill Clinton (bajo la presión de un Congreso recalcitrante) insiste en que las naciones en desarrollo "participen significativamente" en las reducciones de emisiones dispuestas en Kyoto antes de que el Senado de Estados Unidos ponga a votación la ratificación del acuerdo.

Pero las naciones en desarrollo insisten en que, dado que Estados Unidos ha sido hasta ahora el principal contaminador y puede permitirse mejor que nadie el pago de los costos de la transición, debe ser el que encabece la marcha. Esas naciones ven en las exigencias para que participen en la primera ronda de reducciones un intento encubierto para suprimir su propio desarrollo industrial.

Dadas las sustanciales diferencias que todavía subsisten entre Estados Unidos y la mayoría de las naciones en desarrollo e industrializadas, alcanzar un consenso factible será una gran tarea. La Unión Europea, Japón y otros estados cuyas emisiones constituyen el 40 por ciento del total global han propuesto poner en vigor al Protocolo de Kyoto ya en el 2002. Para que ello ocurra, sin embargo, el acuerdo debe ser ratificado al menos por 55 naciones que representen el 55 por ciento de todas las emisiones de gas carbónico.

Ello sería muy difícil aunque no imposible de alcanzar sin la participación de Estados Unidos. Las negociaciones de noviembre próximo en La Haya coinciden con las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El candidato republicano, George W. Bush, es la quinta esencia de los petroleros tejanos, la personificación de los intereses de las grandes corporaciones energéticas. El candidato demócrata, Al Gore, es el autor del célebre libro "Earth in the Balance", donde afirma que el calentamiento global es el mayor desafío que enfrenta la Humanidad.

Estos dos hombres representan los polos opuestos en el debate sobre el calentamiento del planeta. Y el resultado de su enfrentamiento electoral podría afectar las perspectivas del combate contra el calamitoso cambio del clima en los años venideros.

*El autor es un ensayista y columnista que dirige el Mainstream Media Project, una iniciativa con base en Estados Unidos para llevar nuevas voces a los medios de comunicación.


Copyright © 2000 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados
 


Se pronostica tiempo nublado
Olas de frío y de calor provocaría el cambio climático / Photo Stock