 |
| |
| Se
pronostica tiempo nublado |
|
P
o r M a r k S o m m e r
Negociadores
de todo el mundo se reunirán en noviembre próximo en La Haya para
tratar de desbloquear el Protocolo de Kyoto, pero las diferencias
entre Estados Unidos y las naciones en desarrollo no traen buenos
augurios.
Para
los habitantes de las naciones del Norte industrializado que deben
soportar el hielo y la nieve (y que generan la mayor parte de los
gases invernadero), los datos sobre el calentamiento global del
planeta suenan como el agradable anuncio de una mejora sustancial
para sus vidas.
Los inviernos tibios y las primaveras tempranas pueden tranquilizarlos
y hacerles creer que el cambio climático es francamente benigno,
que los primeros meses de una devastadora sequía, por ejemplo, son
algo así como días paradisíacos.
Pero para la gran mayoría de los científicos que estudian la atmósfera
mundial, las tendencias de las temperaturas y los modelos de pronósticos
climáticos, los efectos benignos del cambio climático son totalmente
superados por amenazadores impactos de alcance bíblico que, según
predicen, azotarán a la Tierra con creciente intensidad en el próximo
siglo.
Las predicciones hablan de un tiempo extremo e impredecible con
fenómenos de todo tipo, como huracanes y ciclones, inundaciones
y sequías, olas de frío y de calor, todo lo que provocaría epidemias,
enfermedades causadas por insectos, desertificación y ruptura de
los patrones de producción agrícola, así como inundaciones de las
ciudades costeras.
Pero aquellos gobiernos que han sido los mayores responsables del
cambio climático global también han sido los que más se han resistido
hasta hoy a tomar acción. Como la nación industrializada líder,
Estados Unidos es también quien lidera en el mundo en materia de
contaminación y los contaminadores principales tienen, a su vez,
una importancia clave en la política estadounidense.
Nueve de las 10 principales corporaciones multinacionales integran
los sectores de la energía y de la producción automovilística y
ejercen desde hace largo tiempo una desmesurada influencia en los
corredores de los poderes ejecutivo y legislativo de Estados Unidos.
Un reflejo de esa influencia es el decidido rechazo por parte del
Congreso de todas las propuestas sobre la eficiencia energética,
la conservación de los recursos naturales y la utilización alternativa
de energía renovable como la solar, la eólica, geotérmica o la procedente
del hidrógeno, de la biomasa y, en pequeña escala, de las corrientes
de agua.
Y lo que es más importante, los gobiernos, tanto de los países desarrollados
como de los subdesarrollados, han fracasado en utilizar aunque sea
una parte marginal de los 300 mil millones de dólares de subsidio
global que pagan cada año a las industrias de la energía y del automóvil
para otorgar a las embrionarias iniciativas en favor de la energía
alternativa el apoyo que necesitan para ser viables comercialmente.
Los acontecimientos naturales están también dejando atrás a las
prolongadas negociaciones para establecer un régimen de protección
para el clima global. En efecto, uno de los principales desafíos
al enfrentar el calentamiento mundial es que se requiere un grado
de cooperación en la acción global más incisivo y rápido, que vaya
mucho más allá del logrado hasta ahora por todo tipo de tratados
internacionales.
De acuerdo con el protocolo de Kyoto
de 1997, un acuerdo global negociado por 160 naciones, 38 de ellas
industrializadas y en transición (las ex integrantes del bloque
oriental), el compromiso es cumplir antes del fin del año 2012 con
reducciones obligatorias de las emisiones de gases invernaderos
a un promedio del 5,2 por ciento por debajo de los niveles de 1990.
Las
reducciones dispuestas en Kyoto van de un 8 por ciento para la Unión
Europea (UE) a un 7 por ciento para Estados Unidos y a un 6 por
ciento para Japón.
Pero la mayor parte de las reducciones
deben ser realizadas todos los años entre el 2008 y el 2012. Y si
las tendencias actuales sirven como indicación, cuando llegue el
momento de cumplirlas, Estados Unidos no estará en condiciones de
honrar su compromiso. Sus emisiones de gases invernadero son ya
cerca de un 11 por ciento más altas que en 1990 y, dada la ausencia
de cambios de políticas al respecto, se espera que en el año 2010
serán un 33 por ciento superiores a las de 1990.
''Licencias de contaminacion"
El
Ministerio de Medio Ambiente abrió el diálogo con
las comunidades afectadas en 1999 y, después de una interrupción,
logró este año un acuerdo que prevé frenar
la obra en su segunda fase.
El
protocolo de Kyoto establece una serie de "mecanismos flexibles"
por los cuales tanto los principios guía como las reglas operativas
deben todavía ser acordados. Esto constituye precisamente el centro
del debate para llegar a una fase culminante en las negociaciones
sobre el clima mundial a celebrarse en La Haya en noviembre próximo.
Por iniciativa de las naciones industrializadas, un sistema de comercialización
de las emisiones está siendo establecido para permitir a los países
industrializados, a quienes les costarían caras ulteriores reducciones,
que compren licencias de contaminación a otras naciones (subdesarrolladas)
cuyas reducciones de emisiones serían más baratas.
Además, un mecanismo especial, denominado Mecanismo de Desarrollo
Limpio, canalizaría fondos, tecnología y asistencia técnica por
parte de las naciones avanzadas a los países en desarrollo con un
fin: permitirles alcanzar un desarrollo económico sustentable al
tiempo de preservar el entorno natural, a través del uso de tecnologías
de alta eficiencia y de baja emisión de carbono para generar energía
y de la plantación de bosques para absorber los excesos de dióxido
de carbono.
Estados Unidos espera satisfacer el 80 por ciento de sus obligatorias
reducciones de emisiones a través de esos mecanismos, que además
le permitirían evitar el problema de limitar sus hábitos despilfarradores
de consumo de energía.
Asimismo, en lo que muchos ven como una táctica evasiva, el gobierno
de Bill Clinton (bajo la presión de un Congreso recalcitrante) insiste
en que las naciones en desarrollo "participen significativamente"
en las reducciones de emisiones dispuestas en Kyoto antes de que
el Senado de Estados Unidos ponga a votación la ratificación del
acuerdo.
Pero las naciones en desarrollo insisten en que, dado que Estados
Unidos ha sido hasta ahora el principal contaminador y puede permitirse
mejor que nadie el pago de los costos de la transición, debe ser
el que encabece la marcha. Esas naciones ven en las exigencias para
que participen en la primera ronda de reducciones un intento encubierto
para suprimir su propio desarrollo industrial.
Dadas las sustanciales diferencias que todavía subsisten entre Estados
Unidos y la mayoría de las naciones en desarrollo e industrializadas,
alcanzar un consenso factible será una gran tarea. La Unión Europea,
Japón y otros estados cuyas emisiones constituyen el 40 por ciento
del total global han propuesto poner en vigor al Protocolo de Kyoto
ya en el 2002. Para que ello ocurra, sin embargo, el acuerdo debe
ser ratificado al menos por 55 naciones que representen el 55 por
ciento de todas las emisiones de gas carbónico.
Ello sería muy difícil aunque no imposible de alcanzar sin la participación
de Estados Unidos. Las negociaciones de noviembre próximo en La
Haya coinciden con las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
El candidato republicano, George W. Bush, es la quinta esencia de
los petroleros tejanos, la personificación de los intereses de las
grandes corporaciones energéticas. El candidato demócrata, Al Gore,
es el autor del célebre libro "Earth in the Balance", donde afirma
que el calentamiento global es el mayor desafío que enfrenta la
Humanidad.
Estos dos hombres representan los polos opuestos en el debate sobre
el calentamiento del planeta. Y el resultado de su enfrentamiento
electoral podría afectar las perspectivas del combate contra el
calamitoso cambio del clima en los años venideros.
*El autor es
un ensayista y columnista que dirige el Mainstream Media Project,
una iniciativa con base en Estados Unidos para llevar nuevas voces
a los medios de comunicación.
Copyright © 2000 Tierramérica. Todos
los Derechos Reservados
|