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l c a s o d e l a e s p
e c i e C a r e y e n C u b a
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| ¿Es
legal comerciar con tortugas? |
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La afirmación de la Unión Mundial para la
Naturaleza de que la tortuga de carey se halla críticamente amenazada
está bajo revisión.
P o r D a l i a
A c o s t a y P a t r i c i a G r
o g g
LA HABANA.- Cuando Henry Jackson
sale de pesca suele recordar a su padre, William Jackson, fundador de
Cocodrilo, un remoto asentamiento de la isla de La Juventud, al sur de
la capital de Cuba. De él aprendió los secretos de las tortugas de carey
que, desde hace más de un siglo, sustentan a su familia y a buena parte
de los 300 habitantes de esa localidad.
Jackson no sabría vivir de otro modo. No entiende por qué en países vecinos
se pierden millones de huevos de tortugas marinas por estar prohibido
su consumo. Menos aún comprende las razones de organizaciones no gubernamentales
(ONG), que hicieron de la tortuga un símbolo de la lucha por la conservación
de especies en riesgo de extinción. Sólo sabe que el carey nunca ha faltado
en las costas cubanas, pese a que siempre ha sido capturado.
''El problema es que se trata de tortugas. Se dice que lloran cuando ponen
huevos, son bonitas y generan gran simpatía en la gente, por eso se han
convertido en icono de las organizaciones conservacionistas'', afirma
José Alberto Alvarez, experto del Centro de Inspección y Control Ambiental.
Alvarez integró la delegación cubana a la undécima conferencia de las
Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas
de la fauna y flora Silvestre (CITES), en abril en Kenia, donde se frustró
la tentativa de este país de obtener permiso para la comercialización
de conchas de carey.
Cuba aspiraba a pasar la eretmochelis imbricata que habita sus aguas,
comúnmente conocida como tortuga de carey, del apéndice I de CITES, relativo
a las especies en peligro de extinción que no pueden ser comercializadas
bajo ningún concepto, al apéndice II, el grupo de aquellas cuyo comercio
se permite con determinadas regulaciones.
La moción cubana, copatrocinada por Dominica, tenía el objetivo de vender
a Japón 6.698 kilogramos de carey acumulados entre 1993 y marzo de este
año, y la exportación anual, al mismo destino o a otro con controles adecuados,
de las corazas producidas por la captura tradicional de un máximo de 500
ejemplares.
Para lograr apoyo, Cuba retiró la propuesta anterior y sometió al plenario
de la conferencia dos variantes más limitadas. Pero no obtuvo los dos
tercios necesarios para la aprobación, como tampoco lo había logrado en
1997, en la décima conferencia de CITES.
Los países y las ONG opuestos a esas mociones arguyeron que la especie
está críticamente amenazada, que las tortugas capturadas en aguas de Cuba
pueden pertenecer a naciones vecinas y que el comercio legal estimularía
el negocio ilegal. Los más extremistas sugirieron la incineración del
carey que Cuba mantiene almacenado a la espera del permiso de CITES para
exportarlo.
La afirmación de la Unión Mundial para la Naturaleza de que la tortuga
de carey se halla críticamente amenazada "está bajo revisión", dijo Alvarez.
En cualquier caso, no se interrumpirá en este país la captura de la tortuga,
ya que la coraza no es más que un subproducto para los pescadores locales.
La verdadera razón de la pesca es la carne, rica en hierro, que se destina
a la alimentación de mujeres embarazadas y de ancianos con necesidades
especiales.
El gobierno se ha comprometido a no aumentar la pesca ni las áreas en
que ésta se realiza. ''Cuba no pide que se le permita capturar, sino poder
exportar'', aclaró Silvia Alvarez Rosell, jefa de la delegación a la conferencia
de Kenia.
Cuba, donde el comercio del carey se remonta al siglo XVI, mantuvo durante
décadas un promedio de captura de 4.744 ejemplares grandes por año.
Pero a principios de los años 90, como resultado de la crisis económica,
la captura se redujo a 500 ejemplares y las áreas de pesca se limitaron
a 0,005 por ciento del hábitat disponible. En 1992 se realizó la última
exportación de concha de carey, que fue de seis mil kilogramos, y su destino
fue Japón.
Elvira Carrillo, estudiosa desde hace más de 20 años del comportamiento
de las tortugas de carey, cree que el uso tradicional de las tortugas
marinas permitió a la isla desarrollar la investigación y tener hoy un
programa de manejo sustentable, considerado único en la región del Caribe.
El programa incluye el recuento y cuidado de los nidos, el control de
crecimiento y el rastreo por satélite de los animales marcados, así como
estudios de ADN, que muestran que hay muy poco movimiento en las aguas
cubanas y que la mayoría de las hembras viven y anidan en las misma áreas.
''De siete (ejemplares), cinco se quedan en Cuba'', aseguró Carrillo,
coordinadora nacional del Proyecto de Tortugas Marinas, del Centro de
Investigaciones Pesqueras.
En las zonas de pesca está establecida la veda desde mayo a julio. Las
tortugas ahogadas en las redes son utilizadas, independientemente de su
talla, pero si están vivas y su largo es inferior a 65 centímetros, deben
ser marcadas y liberadas. Llegado al límite de 500 ejemplares capturados,
se interrumpe la pesca.
Cada tortuga obtenida es llevada a una base nacional de datos, con registro
de peso de la carne y de la coraza, talla, sexo, lugar y fecha de captura,
entre otros detalles necesarios para la investigación.
La eretmochelys imbricata está presente en aguas territoriales de más
de 100 naciones y tiene una distribución global que excede los 100 millones
de kilómetros cuadrados. Prefiere aguas cálidas y poco profundas, especialmente
ecosistemas coralinos.
Las autoras son corresponsales de IPS.
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