|
La Amazonía vuelve a despertar al ambientalismo
P
o r E d u a r d o M a r t i n s
La
tradicional disputa entre selva y uso agrícola llevó a la destrucción
de la mayor parte de las selvas tropicales del mundo. Actualmente
en Brasil, esa disputa presenta, con la votación del Código Forestal,
un síntoma de la maduración del ambientalismo.
En 1994, a partir del anuncio del récord de deforestación en la
Amazonía, el gobierno brasileño dio una respuesta rápida y creó
una medida provisoria al antiguo Código Forestal, que restringió
hasta en 20 por ciento la deforestación para las propiedades privadas.
Desde
entonces hasta ahora, el trámite de ese documento legal ha dado
lugar a posiciones polarizadas en el país. Por un lado, el interés
en la expansión de la frontera agrícola representado por un grupo
que detenta una de las mayores bancadas en el Congreso. Por otro,
los ambientalistas, tradicionalmente poco representados en el poder
legislativo brasileño.
Considerando las diversas posibilidades de uso, los primeros buscan
ampliar al máximo las posibilidades de deforestación, con el objetivo
de apoyar la expansión de la frontera agrícola y valorizar las propiedades
existentes. Después de seis años de tramitación, apoyada en debates
y movilización política de las partes, la medida provisoria publicada
por el gobierno tenía fecha marcada para su votación.
Pero
quienes pretendían expandir la frontera agrícola, basados en su
fuerza en el Congreso, no sólo hicieron una formulación acorde con
sus intereses, sino que también definieron procedimientos para agilizar
el proceso de votación. Ignorando la propuesta ambientalista, crearon
un texto final que consagró a la selva como un estorbo a ser retirado
en nombre de la productividad y el desarrollo.
Una comisión parlamentaria aprobó en mayo pasado un proyecto que
establecía reducir de 80 a 50 por ciento el área mínima de reserva
forestal en las propiedades rurales de la Amazonía y de 35 a 20
por ciento en los llamados cerrados (las sabanas brasileñas).
Esta propuesta llevada adelante por representantes de hacendados
y por los denominados "parlamentarios ruralistas"- llegaba al límite
de igualar las posibilidades de conversión de selvas de la Amazonía
a las del resto del país. Entretanto, los ambientalistas siempre
procuraron conservar el texto originado por la crisis de 1994.
Una reacción inédita
La decisión desencadenó una reacción inédita de la sociedad, alcanzando
a sectores que perdieron el hábito de manifestarse, tal vez desde
la campaña "El petróleo es nuestro", en la década del 40.
La victoria inicial sobre los ambientalistas se desmoronó en menos
de una semana. La sociedad, que se sintió despojada, utilizó los
medios de comunicación para manifestarse contra la medida, a través
de calificativos como desastroso, irracional, criminal, insensato,
devastador, depredador, escandaloso.
La reacción se valió de Internet, inundando
de manifestaciones de oposición las computadoras del Congreso, el
palacio de gobierno y las redacciones de los diarios, e iniciando
un conjunto de campañas, en las cuales hasta personajes de historietas
tradicionalmente apolíticos ingresaron en el activismo ambiental,
vistiendo el luto demostrativo del sentimiento que la sociedad brasileña
tiene por la Amazonía.
La indignación no se limitó a la región Centro-Sur del país, donde
se concentra la población y que en consecuencia constituye la caja
de resonancia nacional. Las opiniones predominantes manifestadas
por los habitantes de la región amazónica siguieron el mismo rumbo,
en una rara demostración de convergencia de intereses.
Este proceso indica que, por primera vez, la sociedad brasileña
reacciona, se articula y logra resultados a partir de una movilización
nacida dentro de sus fronteras, rompiendo la rutina de abrazar campañas
importadas de otros centros de interés, legítimos o no.
El resultado político de la reacción social también es inédito por
el carácter de acción preventiva, contrariando la lógica anterior
de operar a partir de desastres ecológicos.
Lo que ocurrió fue una demostración clara del ejercicio de la nueva
democracia participativa brasileña a pesar del peso numérico en
el Congreso de la bancada contraria a los ambientalistas, la inversión
de la situación fue sustentada por la movilización y capacidad propositiva
que ofrecieron los ambientalistas.
Tal vez la clave para explicar lo sucedido esté en la capacidad
del tema para conjugar el sentimiento nacionalista, del cual la
Amazonía es parte constitutiva, con la demostración de la falacia
de que para desarrollar la región es necesario aumentar la deforestación
y, aunque pese el pesimismo incrédulo de algunos, en nuestra democracia
que avanza.
El mantenimiento del texto original de la medida provisoria sufrirá
nuevos embates y las normas no son por sí solas suficientes para
revertir las causas de la deforestación de la Amazonía, pero el
episodio y sus consecuencias son fuertes síntomas de que la agenda
del ambientalismo brasileño ya tiene identidad y es comprendida
por la sociedad.
*El
autor es biólogo y consultor ambiental, ex presidente del Instituto
Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables.
|