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Reportajes

El maíz, cercado por los transgénicos
La defensa del milenario cereal en México

P o r  D i e g o  C e v a l l o s

El futuro del maíz es el centro de un debate entre científicos, activistas y funcionarios en este país, donde nació la mítica gramínea que alimenta a millones de personas.

MEXICO.- Los organismos transgénicos podrían ser la desgracia del planeta o su preciado bálsamo, nadie lo sabe con certeza. Hasta que la respuesta se aclare, el gobierno de México se cura en salud y toma precauciones, aunque de forma tibia y tardía, en opinión de los ecologistas. Sobre la materia, la preocupación central de los mexicanos es cómo defender el milenario maíz, su principal aporte alimentario al mundo. La supuesta presencia amenazante de los transgénicos, organismos que contienen genes de otras especies, podría alterar y hasta acabar con la rica variedad del maíz nacional, advierten los expertos.

El gobierno de Ernesto Zedillo prohibió experimentos y también el ingreso a este país de maíz transgénico, pero los ecologistas documentan que ya ha llegado. Greenpeace asegura que 25 por ciento de los cinco millones de toneladas de maíz que México importa cada año es transgénico y viene mezclado con el natural.

En México ''no hay maíz transgénico" y mientras no haya evidencias científicas para descartar toda amenaza de esos productos a la salud y la biodiversidad, la prohibición de su cultivo se mantendrá, dijo Víctor Villalobos, miembro de la Comisión Intersecretarial de Biodiversidad y Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem).

Las empresas que gastan millones de dólares en investigar y vender los transgénicos, organismos desarrollados con genes de especies vegetales o animales para combatir plagas o garantizar cultivos en condiciones difíciles, aseguran que sus creaciones salvarán del hambre a millones de personas y permitirán fáciles y rápidas cosechas.

Son un bálsamo para la pobreza, afirman. Papas con sabor a tocino o tomates gigantes con colores del arcoiris que crecen en escaso tiempo, son apenas algunas de las posibilidades que tienen en sus manos los investigadores de la biotecnología, ciencia cuyo progreso se aceleró a partir de los años 70.

Pero los transgénicos también podrían ser vehículo de enfermedades desconocidas y multiplicar otras, y aportar nuevas plagas. Y quizás, especies vegetales heredadas del pasado se alterarán para siempre, sostienen los ambientalistas y algunos gobiernos.

La preocupación es tal que algunos estados, entre ellos México, se movilizan desde hace cerca de una década para que la comunidad internacional imponga controles a los transgénicos a través del Protocolo de Biodiversidad, firmado ya por más de 60 países.

Sin embargo, el esfuerzo enfrenta la resistencia de empresas de gran poder económico que defienden sus experimentos y argumentan que no hay datos concluyentes para demostrar que lo suyo entraña peligro. En Europa se estudia una moratoria de tres años para esos productos, Grecia y Austria ya prohibieron su comercialización y Suiza camina en esa dirección, lo mismo que Gran Bretaña.

Para México, donde los transgénicos se consumen desde hace varios años, como cereales, chocolate y otros alimentos, incluso para niños, o con la apariencia atractiva de rebosantes papas y sabrosa soja, el debate sobre el tema es intenso.

Productos inéditos, con información genética que no existía antes en su especie, los transgénicos de maíz podrían ser o no liberados de las prohibiciones dentro de cuatro y seis años, cuando se tenga un marco jurídico adecuado e investigaciones concluyentes, indica el gobierno de Zedillo. Una asociación de vecinos del central estado de Hidalgo presentó un recurso de amparo contra la importación, cultivo y comercialización de semillas y productos transgénicos, por considerarlos un potencial riesgo para la salud.

La jueza que conoció el caso les dio la razón y decretó la suspensión temporal de esas compras hasta que las autoridades federales le informen sobre los riesgos.

México actúa con tardanza y tibieza frente al peligro potencial que representan los transgénicos, también conocidos como productos ''Frankenstein'', según Héctor Magallón, coordinador de la ''campaña de consumidores'' de Greenpeace.

El maíz transgénico, así como la papa, el tomate y la soja genéticamente manipulados, ya circulan en México y en el futuro podrían representar un problema, advirtió Magallón.

Pero, además, los experimentos con varios de esos productos y con otros, como calabaza, tabaco, trigo, arroz, melón, papaya, chile (ají), piña y banano, están autorizados bajo condiciones controladas.

El gobierno sigue el asunto con preocupación y lo está enfrentando por medio de la Cibiogem, responde Villalobos.

El objetivo es lograr una regulación adecuada e informada que permita, si es el caso, que los cultivos transgénicos apoyen a la agricultura sin poner en riesgo la biodiversidad y la salud humana, manifiesta el gobierno. En México, los consumidores no tienen claro si los productos procesados que adquieren contienen elementos transgénicos.

Para mejorar esa situación, el Senado aprobó en abril un proyecto de ley que impone una etiqueta que identifique a los alimentos genéticamente modificados. Sin embargo, en la cámara de Diputados, donde debía darse forma definitiva a la ley, no se logró acuerdo.

En diversas acciones de protesta, Greenpeace denunció que Nestlé, Bestfoods y Procter and Gamble venden en México alimentos procesados con organismos transgénicos.

Pero la principal preocupación de los ambientalistas y del gobierno sigue siendo el ingreso de maíz transgénico procedente de Estados Unidos. Considerada por algunas culturas indígenas como un ''regalo de los dioses'' y sembrada en medio de ritos, la gramínea, originaria de Mesoamérica, es fuente primordial de alimento de millones de personas en el mundo. Es un patrimonio de la humanidad, dicen los expertos.

El Centro Internacional del Mejoramiento del Maíz y Trigo, radicado en México, conserva cerca de 13 mil colecciones diferentes de maíz, muchas de las cuales fueron desarrolladas por las culturas vernáculas durante cientos de años.

Pero ese patrimonio, logrado mediante el cruzamiento de variedades y de otros experimentos que no implicaron la introducción de genes ajenos a la especie, estaría amenazado si se mezclara con maíz genéticamente modificado, coinciden en señalar los científicos.

La mezcla del maíz transgénico con alguna especie tradicional no sería difícil, pues la mayoría de variedades locales son de polinización abierta y 80 por ciento de los agricultores mexicanos guardan semilla luego de la cosecha para plantarla al año siguiente.

El maíz transgénico, que al parecer llega de Estados Unidos, amparado en la falta de regulaciones específicas sobre el tema, no incluye semillas, pero Greenpeace no descarta la eventualidad de alguna polinización excepcional.

*El autor es corresponsal de IPS.





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Laboratorios Biotenológicos
Expertos trabajan en laboratorio de biotecnología en Ciudad de México
Foto: Sergio Dorantes