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P
o r A l G o r e *
La década del ambiente
WASHINGTON.-
Debemos lograr que los próximos 10 años sean la Década
del Ambiente, tanto en Estados Unidos de América como
en todo el resto del mundo. Sólo tenemos una Tierra
y si no la mantenemos saludable y segura cualquier
otro regalo que dejemos a nuestros hijos resultará
carente de sentido.
Nosotros podemos y debemos hacer retroceder la marea
de la contaminación y del recalentamiento global.
Resulta cada vez más claro que la contaminación pone
en peligro no sólo nuestra calidad de vida sino también
el tejido mismo de la vida en nuestro planeta.
Hay todavía poderosos apologistas de la contaminación
que insisten siempre en el argumento de que aquella
es el precio inevitable que debemos pagar por nuestra
prosperidad. Eso es falso y, peor aún, invita a continuar
con políticas de irresponsabilidad ambiental y las
disculpa.
Si hacemos las inversiones correctas, si hacemos las
elecciones responsables, no tenemos que optar entre
la economía y el ambiente. El ambiente en Estados
Unidos está hoy más limpio que lo que ha estado en
una generación. Al mismo tiempo, hemos entrado en
el más largo período de crecimiento económico de toda
nuestra historia.
No es ir a los extremos abogar por la elaboración
de combustibles más limpios y por la eficiencia energética.
Es a la vez la opción más correcta y la más responsable.
Han pasado siete años desde que por primera vez nos
reunimos con los principales fabricantes de autos
para crear una Asociación para una Nueva Generación
de Vehículos. Nuestra meta era la de trabajar con
los mejores fabricantes para obtener vehículos tres
veces más eficientes que los que teníamos hasta entonces
sin sacrificar ni el rendimiento ni la seguridad ni
el costo.
Podemos ahora mirar hacia adelante, a una fecha ubicable
dentro de tres o cuatro años, cuando se producirán
en masa automóviles con mucha mayor eficiencia en
cuanto al empleo de combustible.
Podemos también mirar hacia el día en el que las familias
podrán comprar autos con una singular nueva tecnología:
sus motores utilizarán agua e incrementarán en 400
por ciento la eficiencia en relación con el consumo
de combustible. Esta nueva asociación persigue una
estrategia contra la contaminación que debe pasar
a través de nuestra economía y la de todo el mundo
en los años venideros. Una estrategia que ve a la
gente como aliada, no como adversaria, cuando se debe
hacer frente a los desafíos ambientales. Un enfoque
que desarrolla nuestra responsabilidad hacia los demás,
hacia el aire, el agua y la tierra que poseemos en
común, a través de las fronteras y de las generaciones.
En la Década del Ambiente, debemos formar asociaciones
con toda industria que quiera producir camiones más
eficientes en el consumo de combustible, aunque los
críticos digan que nunca se podrán hacer.
El libre mercado, un amigo
Tenemos que hacer que el libre mercado sea un amigo
del ambiente, no su enemigo, e invertir más en la
conservación de los recursos naturales, en la energía
renovable y en las tecnologías de rápido crecimiento
que combaten la contaminación.
Necesitamos hacer cumplir normas rigurosas, realistas
y factibles para reducir el smog y el hollín, así
como extender el derecho a conocer lo que sucede en
toda área en la que la contaminación de cualquier
tipo amenaza la salud pública.
Tenemos que proteger nuestros bosques, nuestros ríos
y nuestras tierras públicas.
Debemos enfrentar los persistentes desafíos que se
presentan en materia ambiental. Debemos continuar
con la prohibición de los productos químicos que corroen
nuestra capa de ozono y nos exponen a los peligrosos
y cancerígenos rayos ultravioleta.
Si hacemos frente decididamente a este desafío, tenemos
la posibilidad de cerrar por completo el agujero del
ozono existente sobre la Antártida dentro de las próximas
dos generaciones.
Es preciso que demos pasos decisivos -no sólo en Estados
Unidos sino en todos los países- contra el recalentamiento
global. Aunque todavía no existe un consenso en este
asunto, creo que Washington tiene que ratificar el
Protocolo de Kyoto (1997), lo que nos comprometería
a realizar significativas reducciones en las emisiones
de gases invernadero. Tenemos que asegurarnos que
todas las naciones desarrolladas y en desarrollo se
comprometan a cumplir con la parte que les toca. Podemos
combatir el calentamiento global de un modo que contemple
la creación de puestos de trabajo, al fomentar la
existencia de un mercado global para las nuevas tecnologías
en el sector energético, que se espera pueden llegar
a alcanzar los 10 billones de dólares en las próximas
dos décadas.
Estos desafíos no son fáciles. Y para mí nunca han
carecido de controversias. Hace más de una década,
cuando empecé a escribir un libro sobre ecología (Earth
in the Balance), se me advirtió que era políticamente
tonto manifestar en forma tan clara un compromiso
con la protección ambiental, puesto por escrito en
forma abierta y sin cortapisas. Pero para mí, el compromiso
con el ambiente ha ido siempre más allá de lo político,
es una profunda obligación moral.
Es necesario que hagamos lo correcto para nuestro
ambiente, porque éste comprende todo lo que tiene
que ver con nuestras vidas, desde la simple seguridad
de que el agua que bebemos es potable hasta el más
siniestro y amenazante adelgazamiento de las capas
de hielo en los extremos de la Tierra.
La Tierra está pendiente de un hilo. Podemos y debemos
salvarla y ello representa una gran responsabilidad
para nuestra generación. Pongámonos ya a hacer y a
concluir esta urgente tarea.
(Copyright IPS)
* Artículo exclusivo para Tierramérica del vicepresidente
de Estados Unidos y candidato presidencial del Partido
Demócrata
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