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Los problemas ambientales que agobian a
los países de América Latina y el Caribe son ahora peores que cuando
se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas para el medio Ambiente
y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra) en Río de Janeiro, Brasil, en
1992. Como entonces, la factura que la naturaleza ha cobrado por las
actividades humanas encuentra sus causas en la pobreza y el subdesarrollo,
sostiene Ricardo Sánchez, director para América Latina y el Caribe
del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
. Ese es el escenario que antecede a la reunión Río más 10, la magna
cita cuya sede será definida entre Sudáfrica e Indonesia, y para la
que el mundo se prepara desde ahora con el fin de medir el curso de
los compromisos asumidos casi una década atrás para salir al paso
a la crisis ambiental global.
Esta década formó una sociedad civil cada vez más involucrada en las
preocupaciones y los esfuerzos para lograr una economía ecológicamente
sostenible y socialmente equitativa, según los principios emanados
de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de 172 naciones en Río,
destacó Sánchez en conversación con Tierramérica.
P: ¿Diez años es un periodo suficiente para hacer un balance final
del impacto de la Cumbre de la Tierra?
R: Al hablar de desarrollo sostenible, diez años representan poco
tiempo para el logro de metas como las trazadas en Río. Aunque desde
entonces las instituciones de los países de América Latina se fortalecieron,
creándose organismos estatales más sólidos y aumentó la sensibilidad
de la población frente a los asuntos de la ecología, pudo haberse
avanzado mucho más en la reversión de los problemas ambientales de
la región.
P: ¿Cuáles son los frutos de la semilla sembrada en Río?
R: Tras la cumbre hubo niveles superiores de actividad reflejados,
por ejemplo, en la creación de ministerios del medio ambiente. El
notable crecimiento en materia legislativa se percibe en leyes verdaderamente
positivas dirigidas a perseguir los crímenes ambientales. La construcción
de instrumentos legales permitió dar seguimiento a los asuntos ecológicos,
e impulsó la implementación de acuerdos internacionales. En estos
años se afianzó la percepción de que para alcanzar una política ambiental
integrada y de desarrollo se requiere del trabajo conjunto de toda
la sociedad. Cada vez hay más grupos empresariales interesados en
realizar un crecimiento económico en armonía con el medio ambiente.
P: ¿Cuál es la percepción del PNUMA ante las preocupaciones por
la persistencia de las tendencias económicas y sociales denunciadas
en Río como causantes de la degradación ambiental?
R:
La economía de la región sigue dependiendo de los recursos naturales
de manera intensa, lo que impide revertir el proceso de degradación
ambiental. Ahora, los problemas en la materia en América Latina y
el Caribe son peores que cuando se efectuó la Cumbre de la Tierra.
Casi diez años después, el deterioro de los suelos, la contaminación
de las aguas, el daño de los ecosistemas marinos y costeros muestran
la dimensión de los daños en la región, donde cada año se pierde un
promedio de seis millones de hectáreas de bosques y existen otros
250 millones de hectáreas de suelos agrícolas degradadas, mientras
sólo dos por ciento de las aguas recibe un tratamiento adecuado y
la gente vive en ambientes urbanos poco sanos. El carácter ambiental
no fue incluido adecuadamente en los proyectos de desarrollo de nuestros
países. Eso repercutió en los niveles de pobreza, que es el principal
elemento que frena el avance hacia el desarrollo sustentable y cuyo
ritmo de crecimiento no pudo ser revertido en la última década. Más
de 224 millones de pobres prueban la iniquidad que prevalece en el
hemisferio. Tal situación pudo haber sido distinta si se hubieran
incorporado decididamente la dimensión ambiental y el concepto de
desarrollo sostenible en las políticas de los gobiernos. La movilización
de las sociedades es fundamental para alcanzar un desarrollo sostenible,
que encamine a los países hacia plataformas políticas y económicas
que marquen como prioritario el combate a la pobreza y el respeto
al medio ambiente.
P: ¿Cuáles son las perspectivas de los países de la región de cara
a la reunión de Río más 10, que evaluará los acuerdos sobre principios
y responsabilidades de los Estados para preservar el medio ambiente
y para que los pueblos ejerzan su derecho al desarrollo?
R: Esta etapa de los diez años después de la Conferencia de Río
permite un examen imprescindible de la situación, que requiere de
una gran creatividad en la búsqueda de soluciones sobre la base de
una responsabilidad compartida. La ONU propicia escenarios de discusión
que permitan consenso y salidas razonables para todos los países.
En ese sentido, es vital poner en vigor el Protocolo de Kyoto, objeto
de gran discusión desde que surgió en 1997 para el control de las
emisiones de gas, responsables del efecto invernadero y el recalentamiento
global del planeta. Dicho protocolo, que entrará en vigor en 2002,
es el centro de una gran polémica entre naciones ricas y pobres, lo
que define a éste como un momento muy importante en el proceso de
identificación de posiciones, de cara a la conferencia que se celebrará
en La Haya a fin de año. Para agosto, la ONU auspicia una reunión
en Brasil que podría ser vital para poner sobre la mesa el criterio
de cada país. Asimismo durante la IV Conferencia de la ONU contra
la desertización que tendrá lugar en diciembre de este año, las naciones
latinoamericanas y caribeñas tendrán la oportunidad de buscar consensos
y avanzar en la definición de metas en la lucha contra la sequía,
la deforestación y la degradación de los suelos que, en suma, es también
la pelea contra la pobreza y está asociada a la pérdida de la biodiversidad.
P: ¿Cuál es el estado de la discusión mundial respecto a Río más
10?
R: Con la consigna de promover consensos y que se definan metas, el
PNUMA se ha comprometido a contribuir en la evaluación del cumplimiento
de la Agenda 21, que es el programa global para restaurar el habitat
y preservar el desarrollo social a cargo de los gobiernos. En la búsqueda
de normas fundamentales de alcance mundial en materia ecológica, la
Declaración de Malmö, firmada en mayo pasado en esa ciudad de Suecia
por más de cien ministros de medio ambiente de igual número de países,
definió una agenda de desarrollo sostenible pendientes para el siglo
XXI. El Primer Foro Ministerial de Medio Ambiente celebrado en Malmö
otorgó un lugar prioritario al proceso de Río más 10 y a la revisión
del cumplimiento de la Agenda 21. En ese sentido, la cumbre del año
2002 se apresta a convertirse en la organizadora de la arquitectura
internacional para la gobernabilidad de los asuntos ambientales. Malmö
logró focalizar las profundas discrepancias entre los compromisos
y las acciones de los países en relación con el desarrollo sostenible.
Asimismo, planteó entre los principales retos del planeta encontrar
una salida a los problemas del cambio climático, la pérdida de la
biodiversidad y del medio ambiente urbano. Los ministros concluyeron
en Suecia en que para poder confrontar las causas subyacentes en la
degradación ambiental y la pobreza en el mundo, el primer paso es
integrar la preocupación por preservar los recursos naturales a la
hora de tomar decisiones. En la reunión de Malmö quedó clara la importancia
que posee el sector privado para producir un cambio en el proceso
de degradación ambiental. La cumbre Río más 10, que será celebrada
en Sudáfrica o en Indonesia en el año 2002 promueve una gran discusión
sobre las secuelas del proceso de la globalización de la economía,
que pondera el lucro, en la calidad de vida de la gente. El mundo
llega a Río más 10 con la certeza de que un desarrollo armónico con
el ambiente permitirá el surgimiento de sociedades más equilibradas
y justas.
P: ¿Cuál es el escenario mundial que antecede a Río más 10?
R: China, India, Brasil, Estados Unidos, Rusia, Japón y Alemania
forman un grupo de naciones con un extraordinario peso sobre el futuro
ambiental del planeta y con una enorme responsabilidad en ese sentido.
Los programas en la materia de esos ocho países son en estos momentos
determinantes para lo que pueda ocurrir en el mundo. No obstante,
la ONU aglutina un número muy grande de Estados y los puntos de vista
de todos deben ser escuchados. Por ejemplo, los pequeños Estados insulares,
que han estado padeciendo los efectos del calentamiento global, son
muy vulnerables hasta el grado de que su propia supervivencia se encuentra
amenazada. Esos países tienen derecho a ser escuchados de modo que
sus problemas puedan encontrar solución. Sólo con el concierto de
todas las naciones podrá brotar un cambio en el proceso de degradación
ambiental y sus secuelas de inundaciones, ciclones, sequías y vulnerabilidad
de las poblaciones. Es indispensable hacer evidente que si no se produce
ese cambio, el número de refugiados ambientales va a seguir creciendo.
Esa situación debe encender las luces de alerta en todo el mundo.
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