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Entrevista

Ricardo Sánchez
Ricardo Sánchez.
Foto: PNUMA.


Entrevista con Ricardo Sánchez

"Hacia la cumbre Río+10"
Por Pilar Franco

La comunidad global se prepara para una magna cita en el 2002, donde se discutirá sobre el estado del medio ambiente diez años después de la Cumbre de la Tierra. Ricardo Sánchez, director regional del PNUMA, dialogó al respecto con Tierramérica.
Los problemas ambientales que agobian a los países de América Latina y el Caribe son ahora peores que cuando se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas para el medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra) en Río de Janeiro, Brasil, en 1992. Como entonces, la factura que la naturaleza ha cobrado por las actividades humanas encuentra sus causas en la pobreza y el subdesarrollo, sostiene Ricardo Sánchez, director para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). . Ese es el escenario que antecede a la reunión Río más 10, la magna cita cuya sede será definida entre Sudáfrica e Indonesia, y para la que el mundo se prepara desde ahora con el fin de medir el curso de los compromisos asumidos casi una década atrás para salir al paso a la crisis ambiental global.

Esta década formó una sociedad civil cada vez más involucrada en las preocupaciones y los esfuerzos para lograr una economía ecológicamente sostenible y socialmente equitativa, según los principios emanados de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de 172 naciones en Río, destacó Sánchez en conversación con Tierramérica.


P: ¿Diez años es un periodo suficiente para hacer un balance final del impacto de la Cumbre de la Tierra?

R: Al hablar de desarrollo sostenible, diez años representan poco tiempo para el logro de metas como las trazadas en Río. Aunque desde entonces las instituciones de los países de América Latina se fortalecieron, creándose organismos estatales más sólidos y aumentó la sensibilidad de la población frente a los asuntos de la ecología, pudo haberse avanzado mucho más en la reversión de los problemas ambientales de la región.

P: ¿Cuáles son los frutos de la semilla sembrada en Río?

R: Tras la cumbre hubo niveles superiores de actividad reflejados, por ejemplo, en la creación de ministerios del medio ambiente. El notable crecimiento en materia legislativa se percibe en leyes verdaderamente positivas dirigidas a perseguir los crímenes ambientales. La construcción de instrumentos legales permitió dar seguimiento a los asuntos ecológicos, e impulsó la implementación de acuerdos internacionales. En estos años se afianzó la percepción de que para alcanzar una política ambiental integrada y de desarrollo se requiere del trabajo conjunto de toda la sociedad. Cada vez hay más grupos empresariales interesados en realizar un crecimiento económico en armonía con el medio ambiente.

P: ¿Cuál es la percepción del PNUMA ante las preocupaciones por la persistencia de las tendencias económicas y sociales denunciadas en Río como causantes de la degradación ambiental?

R: La economía de la región sigue dependiendo de los recursos naturales de manera intensa, lo que impide revertir el proceso de degradación ambiental. Ahora, los problemas en la materia en América Latina y el Caribe son peores que cuando se efectuó la Cumbre de la Tierra. Casi diez años después, el deterioro de los suelos, la contaminación de las aguas, el daño de los ecosistemas marinos y costeros muestran la dimensión de los daños en la región, donde cada año se pierde un promedio de seis millones de hectáreas de bosques y existen otros 250 millones de hectáreas de suelos agrícolas degradadas, mientras sólo dos por ciento de las aguas recibe un tratamiento adecuado y la gente vive en ambientes urbanos poco sanos. El carácter ambiental no fue incluido adecuadamente en los proyectos de desarrollo de nuestros países. Eso repercutió en los niveles de pobreza, que es el principal elemento que frena el avance hacia el desarrollo sustentable y cuyo ritmo de crecimiento no pudo ser revertido en la última década. Más de 224 millones de pobres prueban la iniquidad que prevalece en el hemisferio. Tal situación pudo haber sido distinta si se hubieran incorporado decididamente la dimensión ambiental y el concepto de desarrollo sostenible en las políticas de los gobiernos. La movilización de las sociedades es fundamental para alcanzar un desarrollo sostenible, que encamine a los países hacia plataformas políticas y económicas que marquen como prioritario el combate a la pobreza y el respeto al medio ambiente.

P: ¿Cuáles son las perspectivas de los países de la región de cara a la reunión de Río más 10, que evaluará los acuerdos sobre principios y responsabilidades de los Estados para preservar el medio ambiente y para que los pueblos ejerzan su derecho al desarrollo?

R: Esta etapa de los diez años después de la Conferencia de Río permite un examen imprescindible de la situación, que requiere de una gran creatividad en la búsqueda de soluciones sobre la base de una responsabilidad compartida. La ONU propicia escenarios de discusión que permitan consenso y salidas razonables para todos los países. En ese sentido, es vital poner en vigor el Protocolo de Kyoto, objeto de gran discusión desde que surgió en 1997 para el control de las emisiones de gas, responsables del efecto invernadero y el recalentamiento global del planeta. Dicho protocolo, que entrará en vigor en 2002, es el centro de una gran polémica entre naciones ricas y pobres, lo que define a éste como un momento muy importante en el proceso de identificación de posiciones, de cara a la conferencia que se celebrará en La Haya a fin de año. Para agosto, la ONU auspicia una reunión en Brasil que podría ser vital para poner sobre la mesa el criterio de cada país. Asimismo durante la IV Conferencia de la ONU contra la desertización que tendrá lugar en diciembre de este año, las naciones latinoamericanas y caribeñas tendrán la oportunidad de buscar consensos y avanzar en la definición de metas en la lucha contra la sequía, la deforestación y la degradación de los suelos que, en suma, es también la pelea contra la pobreza y está asociada a la pérdida de la biodiversidad.

P: ¿Cuál es el estado de la discusión mundial respecto a Río más 10?

R: Con la consigna de promover consensos y que se definan metas, el PNUMA se ha comprometido a contribuir en la evaluación del cumplimiento de la Agenda 21, que es el programa global para restaurar el habitat y preservar el desarrollo social a cargo de los gobiernos. En la búsqueda de normas fundamentales de alcance mundial en materia ecológica, la Declaración de Malmö, firmada en mayo pasado en esa ciudad de Suecia por más de cien ministros de medio ambiente de igual número de países, definió una agenda de desarrollo sostenible pendientes para el siglo XXI. El Primer Foro Ministerial de Medio Ambiente celebrado en Malmö otorgó un lugar prioritario al proceso de Río más 10 y a la revisión del cumplimiento de la Agenda 21. En ese sentido, la cumbre del año 2002 se apresta a convertirse en la organizadora de la arquitectura internacional para la gobernabilidad de los asuntos ambientales. Malmö logró focalizar las profundas discrepancias entre los compromisos y las acciones de los países en relación con el desarrollo sostenible. Asimismo, planteó entre los principales retos del planeta encontrar una salida a los problemas del cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y del medio ambiente urbano. Los ministros concluyeron en Suecia en que para poder confrontar las causas subyacentes en la degradación ambiental y la pobreza en el mundo, el primer paso es integrar la preocupación por preservar los recursos naturales a la hora de tomar decisiones. En la reunión de Malmö quedó clara la importancia que posee el sector privado para producir un cambio en el proceso de degradación ambiental. La cumbre Río más 10, que será celebrada en Sudáfrica o en Indonesia en el año 2002 promueve una gran discusión sobre las secuelas del proceso de la globalización de la economía, que pondera el lucro, en la calidad de vida de la gente. El mundo llega a Río más 10 con la certeza de que un desarrollo armónico con el ambiente permitirá el surgimiento de sociedades más equilibradas y justas.

P: ¿Cuál es el escenario mundial que antecede a Río más 10?

R: China, India, Brasil, Estados Unidos, Rusia, Japón y Alemania forman un grupo de naciones con un extraordinario peso sobre el futuro ambiental del planeta y con una enorme responsabilidad en ese sentido. Los programas en la materia de esos ocho países son en estos momentos determinantes para lo que pueda ocurrir en el mundo. No obstante, la ONU aglutina un número muy grande de Estados y los puntos de vista de todos deben ser escuchados. Por ejemplo, los pequeños Estados insulares, que han estado padeciendo los efectos del calentamiento global, son muy vulnerables hasta el grado de que su propia supervivencia se encuentra amenazada. Esos países tienen derecho a ser escuchados de modo que sus problemas puedan encontrar solución. Sólo con el concierto de todas las naciones podrá brotar un cambio en el proceso de degradación ambiental y sus secuelas de inundaciones, ciclones, sequías y vulnerabilidad de las poblaciones. Es indispensable hacer evidente que si no se produce ese cambio, el número de refugiados ambientales va a seguir creciendo. Esa situación debe encender las luces de alerta en todo el mundo.





 

 

 

 




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