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P
o r G a b r i e l T r u j i l l o
M u ñ o z
Para no matar lo
que da vida
Todavía
hoy, la ciencia ficción es vista como una anomalía
en el campo de la narrativa de México. Sin embargo,
desde los años setenta, en ese país y en el resto
de América Latina el género tomó nuevos caminos. La
crítica social, el espíritu libertario, la experimentación
estilística, la búsqueda de temas menos obvios, transformaron
los paradigmas del futuro visualizado por jóvenes
creadores. Entre los nuevos paisajes del mañana, la
ecología, con sus advertencias ante una naturaleza
asediada por la tecnología y la explotación inmisericorde
de sus recursos, tomó un lugar central en los textos
de escritores de ciencia ficción.
Por ejemplo, en un cuento clásico de ciencia ficción
"Arbol de vida" (1981), Edmundo Domínguez Aragonés
presenta una tierra tan contaminada que en ella sólo
sobrevive, en una especie de invernadero, el último
árbol del planeta, que para entonces no pasa de ser
un recordatorio de todo lo perdido por la depredación
humana. "Árbol de vida", sin embargo, no es una visión
pesimista. El autor hace ver, desde la perspectiva
de un niño, el peregrinaje de una familia del futuro
para contemplar el portento del último árbol vivo;
el cuento es un diario de viaje y la base de una promesa
de verdor que ese árbol guarda para los protagonistas
bajo la amplia arquitectura de su fronda.
En "Los herederos de Scammon" (1982), de Arturo Casillas,
la postura ecológica se traslada a otra especie en
peligro de extinción: las ballenas que viajan por
el Pacífico y llegan a aparearse en la bahía Ojo de
Liebre, en la península mexicana de Baja California.
Casillas decidió poner en contacto a Jorge Isaac,
su protagonista, con las propias ballenas que, en
el espacio de la ciencia ficción, son seres pensantes
que buscan comunicarse con la humanidad por medios
telepáticos para que nos demos cuenta de que debemos
respetarlas en vez de cazarlas o encerrarlas en acuarios.
En obras como "Cristóbal Nonato" (1987) de Carlos
Fuentes, "La destrucción de todas las cosas" (1992)
de Hugo Hiriart, "Tiempo lunar" (1993) de Mauricio
Molina o "La leyenda de los soles" (1993) de Homero
Aridjis, entre otros, es ostensible la preocupación
por un mañana donde ya será imposible detener el deterioro
de nuestros mares y tierras y los mexicanos acabaremos,
parafraseando a la escritora Rosario Castellanos,
"matando no sólo lo que amamos sino todo aquello que
nos da vida". La advertencia no es, en estas novelas,
para nuestros sucesores: su anuncio nos incumbe aquí
y ahora. La prevención de los desastres futuros, dicen,
se halla en nuestras manos.
* Extracto de artículo para Tierramérica del escritor
mexicano Gabriel Trujillo.
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