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por Neena
Bhandari
SYDNEY, sep (IPS) Esta ciudad australiana
se ha transformado en un modelo de aplicación y desarrollo
de tecnologías para la conservación ambiental gracias a los
Juegos Olímpicos, torneo deportivo mundial destinado a alentar
la amistad entre las naciones.
Los de Sydney podrían considerarse los
primeros "Juegos verdes" de la historia, pues las instalaciones
olímpicas fueron sido diseñadas atendiendo el eventual impacto
sobre el ecosistema.
Los edificios poseen mecanismos que garantizan la conservación
del agua, el reciclaje de la basura, la disminución de la
contaminación del aire y, en general, la protección de la
rica biodiversidad australiana.
La bahía Homebush, epicentro de los Juegos, fue restaurada
por completo y es un ejemplo de la tónica predominante. Luego
de haber sido matadero, basurero industrial y depósito de
armas, es hoy un hermoso lugar de paseo con arroyos, peces
y aves de todo tipo.
El Estadio de Australia, donde 110.000 personas presenciaron
la ceremonia de apertura de los Juegos el viernes pasado,
es una de estas edificaciones "verdes". Incluye mecanismos
de iluminación y ventilación natural, como pozos de aire en
las tribunas que le permiten equilibrar el clima.
También está equipado con un sistema hidráulico mediante el
cual toda el agua que cae sobre el techo es almacenada en
cuatro tanques gigantes y luego utilizada para el riego del
campo.
"Los diseños tratan de responder a las exigencias y necesidades
del deporte y de los espectadores. Hay que tener en cuenta
que los campos olímpicos quedarán como un legado para la humanidad",
explicó el arquitecto del Estadio de Australia, John Baker.
Sin embargo, el estadio, la tercera obra arquitectónica más
importante del país detrás de la Opera House y el puente de
Sydney, será transformado una vez finalizados los Juegos Olímpicos.
"Todas las gradas inferiores retrocederán 15 metros para que
en el futuro se puedan realizar partidos de fútbol y conciertos",
explicó Baker.
Las habitaciones de la Villa Olímpica están equipadas con
paneles solares que hacen funcionar los sistemas acondicionadores
de temperatura y de agua caliente. Los cubiertos usados por
los 15.000 deportistas son biodegradables y las sobras de
comida son vendidas a jardineros como abono.
La villa es el complejo de vivienda abastecido con electricidad
solar más grande del mundo. Alberga a 5.000 personas de forma
permanente y cuenta con un centro comercial donde trabajan
unas 1.500 personas.
"Los Juegos son la oportunidad para traducir el desarrollo
sustentable en beneficios sociales, económicos y ambientales.
Noventa por ciento de la basura de las instalaciones, por
ejemplo, fue reciclada y vuelta a usar", dijo Maria Atkinson,
de la constructora Bovis Lend Lease.
El Estado, las organizaciones ambientales y las empresas privadas
trabajaron de forma conjunta para asegurar que el impacto
de los Juegos en el ambiente sea mínimo, una política acorde
a la filosofía aborigen que rigió esta isla por 60.000 años,
antes de la llegada de los británicos.
"Por lo general, las instalaciones deportivas cubren toda
la ciudad, pero quisimos concentrar las de Sydney en la bahía
Homebush", dijo el arquitecto Lawrence Nield, responsable
de las obras.
Los organizadores construyeron 12 campos de juego para 22
deportes en los alrededores de la bahía. En Munich, sede de
los Juegos Olímpicos de 1972, y Barcelona, donde se celebraron
los de 1992, sólo llegaron a concentrar en un lugar seis recintos
deportivos.
El uso de automóviles particulares en las instalaciones olímpicas
está prohibido, aunque los espectadores pueden viajar gratis
por la ciudad en trenes y ómnibus a gas natural.
"Estamos plantando cuatro millones de árboles en todo el país.
Es un programa de forestación de tres años de duración que
cuenta con más de 10.000 voluntarios", informó el australiano
Duncan Armstrong, ganador de una medalla de oro y otra de
plata en los Juegos de Seúl, en 1988.
Muchos de los árboles fueron plantados en la ruta que tomó
la antorcha olímpica desde la posta en el Parque Nacional
Uluru-Kata Tjuta hasta Sydney.
La propia antorcha gasta la mitad de combustible que la empleada
en los Juegos de Atlanta 1996, aunque logra la misma potencia
y luminosidad.
Los recintos para competencias de hipismo, canoa, softball
y tiro fueron rodeados por espacios verdes a un costo de 1,5
millones de dólares.
En los sitios donde se realizan los torneos de voleybol de
playa y de navegación a vela se logró una considerable reducción
de la basura urbana que suele colmar las costas luego de las
lluvias, mediante un moderno sistema de filtración.
Sin embargo, la organización ambientalista Greenpeace señaló
que la gran falla de Sydney 2000 es el mantenimiento de 50.000
toneladas de desechos con dioxinas contaminantes en la bahía
Homebush y en la península Rhodes, de la que responsabilizó
al gobierno del estado de Nueva Gales del Sur.
El área es una de las cinco más contaminadas por dioxinas
del mundo y la única de Australia donde está prohibida la
pesca.
Se trata de un legado tóxico de las compañías químicas multinacionales
Union Carbide y Orica, que lanzaron los desechos de su producción
de pesticidas entre 1950 y 1970, con anuencia de las autoridades
australianas.
El gobierno de Nueva Gales del Sur prometió acabar con la
contaminación de dioxinas antes de que comenzaran los Juegos
Olímpicos, aplicando una moderna tecnología de incineración,
pero no lo hizo.
"Los australianos somos consideramos grandes contribuyentes
al efecto invernadero del mundo", afirmó el jefe de campaña
de la Sociedad de Vida Salvaje, Glen Klatovsky.
"Depredamos más tierras que cualquier otra nación industrializada
y nos ubicamos entre los cinco países más depredadores del
planeta. Aun lugares que constituyen un patrimonio para toda
la humanidad están siendo contaminados", agregó.
La coalición de organizaciones no gubernamentales Green Games
Watch 2000 presiona al gobierno para que se someta a las Instrucciones
de Sustentabilidad Ambiental requeridas por el Comité Olímpico
Internacional.
Pero la preocupación de los organizadores por el ecosistema
es "el comienzo de un proceso", coincidieron activistas. Sydney
servirá de antecedente para el futuro y el ambiente será una
de la claves en la carrera que Beijing, París, Toronto (Canadá),
y Osaka (Japón) disputarán para albergar los Juegos de 2008.
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