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Reportajes
Informe desmitifica percepción sobre Protocolo de Kyoto

La economía verde sí genera empleos

Por Danielle Knight


De acuerdo a un último informe del Worldwatch Institute, las empresas de carbón, petróleo y gas están en peligro más por el aumento de la mecanización y la automatización que por las normas ambientales

WASHINGTON.- Muchos empresarios de Estados Unidos están convencidos de que el progreso ecológico solo llevará al desempleo y al fracaso económico, pero analistas del sector laboral aseguran lo contrario.

En los últimos años, las industrias de carbón, petróleo y gas han reforzado la polarización entre trabajadores y el medio ambiente proclamando que el Protocolo de Kyoto (1997), el acuerdo internacional que procura limitar la liberación de gases causantes del efecto invernadero, es una amenaza al pleno empleo y la prosperidad.

Sin embargo, analistas del mercado laboral sostienen que hay más probabilidades de que peligre el empleo donde la calidad ambiental es mala y que las innovaciones en favor de tecnologías más limpias están a la zaga de los subsidios a los combustibles fósiles. Según un informe conocido en la última semana de septiembre, la mayoría de los empleos en explotaciones mineras y madereras están en peligro no por la presencia de normas ambientales estrictas, sino por el aumento de la mecanización y la automatización y porque muchas compañías se trasladan al exterior.

"La pérdida de empleos debido a normas ambientales ha sido sumamente limitada, menos de 0,1 por ciento de los despidos en Estados Unidos'', aseguró Michael Renner, autor de Trabajando para el Ambiente, el nuevo informe del Worldwatch Institute, WI.

Las industrias que extraen y procesan combustibles sólidos y materias primas se encuentran entre las que más contaminan, y sólo proporcionan un reducido número de empleos, dijo.

En Estados Unidos, la minería, las empresas públicas y las industrias de los metales procesados, el papel, las refinerías de petróleo y los productos químicos, representan 84 por ciento de la contaminación tóxica en el aire, el agua y la tierra, pero sólo emplean a tres por ciento de la mano de obra privada.

De 1980 a 1999, la extracción de carbón en Estados Unidos subió 32 por ciento, pero el empleo cayó 66 por ciento. En los países de la Unión Europea (UE), la industria química incrementó su producción en 25 por ciento desde 1990 a 1998, si bien la ocupación decayó 14 por ciento.

Muchas localidades que dependen de una sola industria, como la minería o la producción maderera, sólo podrán salvarse diversificando el mercado laboral y las oportunidades de empleo, advirtió Renner.

Existe un "enorme potencial" para crear nuevos empleos fuera de las tradicionales industrias de combustibles fósiles, que no dependen de procesar materias primas y transformar recursos naturales en montañas de residuos, agregó.

Muchas oportunidades de nuevos puestos de trabajo surgen del reciclaje y la reelaboración de bienes para lograr una mayor eficiencia en materiales y energía, así como del desarrollo de fuentes energéticas renovables, según el informe.

"La creación de una economía ambientalmente sustentable ha generado alrededor de 14 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, con la promesa de más millones en el siglo XXI", apuntó el WI.

En 1999 se crearon 86 mil empleos con la fabricación e instalación de turbinas de viento, una cantidad que se ha duplicado en los últimos dos años, según el grupo de estudios de Washington .

El informe calculó que para el 2020 la energía eólica podría representar diez por ciento de toda la electricidad generada en Estados Unidos y emplear cerca de 1,7 millones de personas.

Actualmente, la industria fotovoltaica solar estadounidense emplea a 20 mil personas. Las compañías europeas de calefacción solar dan trabajo a más de diez mil operarios, una cantidad que podría llegar a 70 mil en la próxima década y quizás a 250 mil con fuerte apoyo oficial, indicó el WI.

En todo el mundo, la industria recicladora procesa ahora más de 600 millones de toneladas por año de materiales, de acuerdo con el informe. Eso incluye metales, papel, textiles, plásticos y gomas, con una facturación anual de 160 mil millones de dólares y dando trabajo a 1,5 millones de personas.

La remanufacturación de productos también se ha transformado en un negocio muy serio, especialmente en áreas como la fabricación de componentes de vehículos a motor, según Renner.

Xerox y Canon figuran entre las compañías que impulsan la remanufacturación. Xerox desarrolló una copiadora totalmente reutilizable o reciclable. En 1998, casi 28 por ciento de las copiadoras producidas resultaron remanufacturadas.

La remanufacturación es un negocio de 53 mil millones de dólares anuales que emplea directamente a 480 mil personas en Estados Unidos. "Eso es el doble de la cantidad de empleos en la industria del acero o casi 0,6 por ciento del producto interno bruto (PIB)", recordó Renner.

Walter Stahel, del Instituto de Producto-Vida, en Ginebra, calculó que el sector de la remanufacturación en la UE representa cuatro por ciento del PIB de la región.

Los sindicatos estadounidenses, como la AFL-CIO y la Unión Internacional de Empleados de Servicios (UIES), coincidieron con el estudio de Renner, pero insisten en que los ambientalistas deben reconocer que los trabajadores que perdieron el empleo en actividades mineras, madereras o de combustibles fósiles, necesitarán ayuda en su transición a nuevas especialidades.

John Howley, director de política pública en UIES, dijo que el gobierno debe apoyar ''transiciones justas'' que incluyan el aporte de fondos para proveer ingresos y beneficios a trabajadores desplazados que buscan una nueva carrera.

"Hace falta una coalición de trabajadores y ambientalistas para cambiar la política pública", afirmó Howley.

El Instituto de Política Económica de Washington promueve la idea de un fondo de "transición justa" que podría recibir ingresos de impuestos a los combustibles fósiles o la contaminación.

"Podríamos usar esos fondos para reinvertir en los trabajadores y su formación profesional", declaró James Barret, un experto en el Programa de Economía Sustentable del Instituto de Política Económica.


* La autora es periodista de IPS.

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Planta procesadora de carbón/Photo Stock
Planta procesadora de carbón/Photo Stock