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Redacción/Tierramérica
"Compañeros científicos, únanse a mí, no tienen nada
que perder excepto sus becas", escribió James Lovelock,
el creador de la teoría Gaia y gurú del ambientalismo
a nivel mundial.
Se refería a las condiciones en las que él trabaja,
lejos de las grandes corporaciones, en su casa en
los campos de Devon (al occidente de Londres). "Es
una encantadora manera de vivir que los pintores y
los novelistas siempre han conocido", ha dicho, al
tiempo de lamentar que la mayoría de científicos modernos
haya perdido su independencia a cambio de un salario
en una multinacional, una universidad o una dependencia
del gobierno. A sus 81 años, Lovelock sigue dándose
el lujo de expresarse sin rodeos y de fascinar al
gran público con su peculiar estilo -llamativo, directo
y sencillo- de hablar sobre la ciencia y sus desafíos.
En los años 70, todo ambientalista que se preciara
-y no pocos "filósofos del new age"- debatían sobre
la teoría "Gaia" inventada por Lovelock y que se resume
en una idea muy simple: el planeta Tierra es como
organismo viviente, capaz de autoregularse, de controlar
el clima y su composición química, para permitir el
florecimiento y el mantenimiento de la vida.
"Gaia" es el nombre de una diosa griega y fue sugerido
a Lovelock por el Nobel William Golding (autor de
"El señor de las moscas"). Y, sin duda, resultó un
acierto en el mercado editorial. Lovelock se convirtió
pronto en un autor de "bestsellers" en la denominada
"popular science", dando vida a tres libros inspirados
en Gaia. Y acaba de dar vida al cuarto: durante la
última semana de septiembre, el controvertido científico
presentó en Londres la obra autobiográfica titulada
"Homenaje a Gaia: la vida del científico independiente".
En ella refiere cómo fue que visualizó el concepto
Gaia por primera vez, cuál es el papel de la ciencia
en el futuro de la humanidad y cómo ha luchado por
más de tres décadas para defender su teoría.
En el apogeo de su popularidad en los años 70 y 80,
Lovelock seducía a los lectores comunes por millones,
pero al mismo tiempo era repudiado por varios sectores
científicos que lo consideraban muy "light". Y eso
que, antes de Gaia, Lovelock fue el inventor de un
instrumento detector de electrones, que aportó muchísimo
al conocimiento acerca de los pesticidas y de los
gases destructores del ozono. Con su invento en mano,
Lovelock pudo descubrir a fines de los años 50 el
impacto de los residuos de los pesticidas en todos
los seres vivos (lo que inspiró el célebre "Primavera
Silenciosa", de Raquel Carson). Diez años más tarde,
el mismo instrumento le sirvió para detectar la presencia
de los clorofluorocarbonos, los temibles CFCs, causantes
del deterioro de la capa de ozono.
Al Lovelock no parece incomodarle haber sido un "outsider"
en los círculos académicos.
Hoy es profesor visitante de la Universidad de Oxford
y sigue siendo un "militante Gaia" a tiempo completo.
Hace poco, se realizó en España una nueva conferencia
sobre su teoría. Lovelock acudió junto a su esposa
y siguió defendiendo su pionera hipótesis: "cuando
uno inicia una gran teoría -como la mecánica cuántica
o la evolución- generalmente toma unos 40 años para
que la ciencia la tome en cuenta. Gaia sólo tiene
30 años", dijo.
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