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Por Mario Osava
RIO DE JANEIRO.- La costa sur de Brasil, una zona
de matanza de ballenas francas durante 300 años, volverá
a ser fuente de vida y sitio seguro de reproducción
de esos cetáceos y aún más: espacio para la investigación
y el ecoturismo.
El presidente Fernando Henrique Cardoso firmó el 14
de septiembre el decreto que reserva como Área de
Protección Ambiental (APA) cerca de 130 kilómetros
del litoral del estado de Santa Catarina. Se trata
de unas 156 mil hectáreas de costa y mar, para proteger
a las ballenas y promover el desarrollo sustentable.
La ballena franca austral (eubalaena australis, para
los científicos) alcanza hasta 18 metros de largo
y 40 toneladas de peso. Entre junio y noviembre anida
en las numerosas ensenadas al sur de Florianópolis,
capital de Santa Catarina, para criar a sus ballenatos.
La matanza, practicada para extraerle un aceite empleado
en la industria de la construcción, redujo su población
actual a unos siete mil ejemplares en todo el mundo.
Esa especie está en riesgo de extinción, pero la amenaza
es aún mayor para su hermana, la ballena franca del
norte, de la que se cuentan sólo 350 ejemplares.
Las áreas protegidas, como las existentes en Argentina,
Australia y Nueva Zelanda, abren perspectivas de recuperación
para la ballena austral.
El decreto de Cardoso corona el esfuerzo de un grupo
de voluntarios, que desde hace 18 años monitorean
y estudian la presencia de ballenas en las aguas del
sur de Brasil y promueven la educación ambiental de
la población local, especialmente de los pescadores.
"Esperamos ahora que el gobierno tenga presencia en
la protección a las ballenas", regulando la pesca
y el turismo y combatiendo la contaminación, dijo
a Tierramérica José Truda Palazzo Junior, coordinador
del Proyecto Ballena Franca, implementado por la rama
brasileña de la Coalición Internacional para la Vida
Silvestre.
La presencia de la ballena franca puede impulsar el
desarrollo local, destacó Truda. El turismo de observación
de ballenas distribuye mil millones de dólares anuales
entre 87 países y territorios, según el Fondo Mundial
para el Bienestar de los Animales.
Sólo unos cien ejemplares llegan anualmente a las
aguas de Santa Catarina, frente a mil 500 en las costas
de la austral provincia argentina de Chubut. Pero
el arribo de esos cetáceos aumenta a razón de siete
a ocho por ciento por año, aseguró a Tierramérica
Paulo Flores, director científico del Proyecto Ballena
Franca.
Los voluntarios brasileños observan todas las semanas
el comportamiento y la composición de los grupos de
ballenas, a las que clasifican por sexo y edad.
Las ballenas se acercan hasta unos 20 metros de la
playa, un hecho que facilitaba la caza con medios
artesanales y favorece ahora el ecoturismo y la investigación.
* El autor es corresponsal de IPS.
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