|
por Gustavo
González
SANTIAGO, oct (IPS) La población
de la capital de Chile responsabiliza cada vez más al Estado
por la contaminación atmosférica y a la vez aparece poco dispuesta
a cambiar sus conductas para contribuir a mejorar la calidad
del aire, advirtió la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (Cepal).
Chantal Nicod y Michiko Iizuka, autoras
del informe de la Cepal al cual tuvo acceso IPS, señalan que
es necesario elaborar un nuevo pacto social ciudadano que
restaure la confianza entre ambos actores, como una de las
condiciones fundamentales para descontaminar esta metrópoli
de 5,4 millones de habitantes.
Nicod e Iizuka son consultoras de la División de Medio Ambiente
y Asentamientos Humanos de Cepal, agencia regional de la Organización
de las Naciones Unidas con sede en Santiago, que lleva a cabo
el proyecto Conciencia Ciudadana y Contaminación Atmosférica
en América Latina, con apoyo del gobierno de Japón.
El informe emitido este mes por las dos expertas representa
tal vez el estudio más completo realizado hasta la fecha sobre
la contaminación de Santiago, sobre la base de antecedentes
geográficos, demográficos, económicos, sociales y ambientales.
Nicod e Iizuka analizan además la institucionalidad creada
sobre todo a partir de 1990 para enfrentar la contaminación
atmosférica en Santiago y las características y resultados
de las políticas públicas de gestión de la calidad del aire.
Las expertas incluyen como elemento fundamental de su informe
a la ciudadanía, su percepción de la importancia del problema,
sus grados de conciencia y comportamientos, como así mismo
su evaluación de las políticas públicas y del papel del Estado
en esta materia.
El estudio profundizó igualmente en los grados de participación
de la ciudadanía como protagonista activa de los esfuerzos
de descontaminación y estableció relaciones entre conciencia
ambiental y variables socioeconómicas dentro de la población.
El área metropolitana de Santiago, conformada por 36 municipios
o comunas, constituye una de las urbes más contaminadas de
América Latina, con niveles de mala calidad del aire comparables
a los de México y Sao Paulo, ciudades en las que Cepal lleva
a cabo el mismo proyecto.
De acuerdo a los antecedentes técnicos recopilados por Nicod
e Iizuka, las políticas públicas puestas en marcha en la última
década lograron desacelerar el proceso de contaminación endémica
que sufre Santiago.
Aún en grados relativos, la calidad del aire ha mejorado,
gracias a diversas medidas de control y disminución de las
emanaciones de contaminantes, tanto de fuentes fijas como
móviles, en los frentes del transporte, la industria y la
vialidad, fundamentalmente.
Se advierten también progresos en la introducción de tecnologías
preventivas de episodios climáticos que aumentan el impacto
de la contaminación, lo cual permite anticipar los episodios
de crisis y adoptar medidas preventivas en resguardo de la
población.
No obstante estos avances, "la percepción ciudadana es que
el problema (de la contaminación ambiental) ha empeorado y
no existe clara conciencia sobre la necesidad de cambiar hábitos
personales para contribuir a su mejoría", indica Cepal.
Esta falta de conciencia, de acuerdo al informe, se expresa
en la tendencia cada vez mayor a responsabilizar casi exclusivamente
al Estado del combate a la contaminación, en lugar de que
el conjunto de los actores asuman sus derechos y obligaciones.
Urge un cambio en las conductas individuales y colectivas,
a partir de una conciencia ciudadana, cuyo nivel dependerá
en última instancia de la importancia real que los habitantes
de Santiago otorgan a la contaminación.
Del análisis de un conjunto de estudios y sondeos de opinión,
las expertas concluyeron que la preocupación de los ciudadanos
es coyuntural y varía con los niveles de contaminación existentes
y la difusión que éstos alcanzan en el momento de las encuestas.
Los sondeos realizados en invierno, cuando el deterioro de
la calidad del aire es mayor, recogen también un grado alto
de inquietud por el tema, que disminuye progresivamente hacia
los meses de verano, cuando desaparecen los episodios críticos
de contaminación.
Una segunda conclusión indica que el tema de la contaminación
atmosférica no es prioritario para los santiaguinos, que anteponen
a él los problemas de la salud, la pobreza, la seguridad ciudadana
y la delincuencia.
Existe conciencia de que la contaminación está presente en
la vida cotidiana de Santiago, de acuerdo a las encuestas,
pero ello no se traduce en cambios reales de comportamiento.
La mayor fuente de contaminantes son los vehículos automotores.
Un sondeo de opinión estableció que 71 por ciento de los habitantes
dice estar dispuesto a usar el transporte público, pero sólo
61 por ciento lo hace.
El conocimiento de la ciudadanía sobre la institucionalidad
ambiental es "muy limitado", de acuerdo al informe de Cepal.
Sólo 16 por ciento sabe que la Comisión Nacional del Medio
Ambiente es la responsable de la gestión en este ámbito y
66 por ciento no sabe si existe una entidad pública encargada
del tema.
La población de Santiago considera que el Estado da hoy mayor
importancia a la contaminación, pero al mismo tiempo cuestiona
la capacidad técnica del gobierno para solucionar el problema.
No obstante lo anterior, los habitantes de la capital de Chile
"creen cada vez más que la responsabilidad de la gestión ambiental
incumbe sólo al Estado y no al conjunto de los ciudadanos",
y de ahí su resistencia a involucrarse en las medidas de descontaminación.
Es probable que los ciudadanos "no carezcan de interés por
participar, sino que las modalidades de participación no parecen
ser las adecuadas frente a la falta de credibilidad del Estado
ante la población", lo cual fundamenta la propuesta de un
nuevo pacto social que revierta esta visión.
Inicio
|