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por Suvendrini
Kakuchi
TOKIO, oct (IPS) Los consumidores
de Suginami, un tranquilo distrito residencial del oeste de
Tokio, se llevaron una sorpresa este mes al enterarse de que
debían pagar por los sacos de plástico para sus compras.
Suginami es la primera comunidad local
que toma esa determinación, en lo que pretende ser una medida
ejemplar para detener el crecimiento de las montañas de basura
no reciclable de Japón, que produce 450 millones de toneladas
de residuos por año.
La contención del uso de sacos de plástico es una medida imprescindible
y urgente para disminuir la cantidad de desperdicios, arguyeron
las autoridades locales.
"Algunos creen que la decisión de cobrar por los sacos para
las compras es drástica, pero, frente al problema de la disposición
de los residuos, es una medida necesaria", declaró un funcionario
del Departamento de Residuos de Tokio, que solicitó reserva.
Hasta ahora, el municipio sólo solicitó a todos los supermercados
que cobraran cinco yenes (unos cinco centavos de dólar) por
cada saco de plástico a partir de este mes, pero la oficina
del distrito anunció que pronto la medida será obligatoria.
Si se mantiene el nivel actual de uso de sacos de plástico
en los comercios, la recaudación adicional aportará el equivalente
a 18.000 dólares cada año a las arcas municipales.
Se prevé que la medida reducirá el presupuesto de disposición
de los residuos del distrito, que asciende a 600.000 dólares
por año.
"Nuestro objetivo no es tanto recaudar ingresos adicionales,
sino eliminar a largo plazo el uso de sacos de plástico. Estimamos
que esa meta podría alcanzarse dentro de dos años", aclaró
el funcionario.
Suginami debe incinerar cada año 10 millones de toneladas
de basura para deshacerse de ella, pero el plástico permanece,
porque no se puede quemar.
Un grupo de ciudadanos residentes cerca del incinerador de
basura de Suginami reclamó medidas para reducir la abrumadora
cantidad de desperdicios y sostuvo que las emisiones tóxicas
de la combustión de residuos afecta su salud.
Los sacos de plástico representan casi 10 por ciento de los
desperdicios domésticos, que a la vez representan 50 por ciento
de toda la basura, según el gobierno metropolitano de Tokio.
En tanto la presión pública crece, Tokio estudia un nuevo
proyecto de disposición de residuos destinado a estimular
el reciclaje y la producción de artículos con posibilidad
de reciclaje.
La decisión de Suginami de cobrar por los sacos de plástico
es observada de cerca desde todo Japón, donde los consumidores
han sido tradicionalmente atraídos por llamativos envases
y envoltorios como parte del servicio de los vendedores.
Aunque la mayor parte de los supermercados de Suginami acataron
la recomendación oficial de cobrar por los sacos, otros creen
que las autoridades han ido demasiado lejos.
"Creo que es el que comerciante quien debe decidir si desea
contribuir a resolver el problema de los residuos", declaró
el propietario de un minimercado abierto las 24 horas, que
sigue entregando gratuitamente seis tipos de sacos de plástico
a sus clientes porque, arguye, es bueno para su negocio.
De las 200 cartas recibidas por la oficina del distrito en
relación con la nueva ordenanza, la mayoría son de personas
de 20 a 40 años que protestan por la decisión.
Los consumidores de esa franja de edad alegan que trabajan
hasta tarde y compran su cena de camino hacia su casa, y que
no tienen tiempo de ir a buscar sus propios sacos para reutilizarlos,
informó un funcionario de Suginami.
El agitado estilo de vida de los japoneses, con largas jornadas
de trabajo, estimula la acumulación de desperdicios, señaló
Hiroshi Takatsuki, un profesor universitario de Kyoto.
"Algunos de los consumidores que enviaron cartas de protesta
arguyeron que simplemente no queda bien llevar a la oficina
sacos viejos de plástico", dijo el funcionario de Suginami.
La mayor batalla será contra los hábitos arraigados en los
consumidores, según observadores.
Residentes preocupados coinciden en que la única forma de
atacar el problema de raíz consiste en reducir el consumo,
pero esta propuesta se enfrenta a la resistencia de autoridades
nacionales y locales, en consideración hacia los intereses
comerciales.
Algunas autoridades dispusieron incluso la inspección de miles
de sacos de basura dejados para recoger en las calles para
vigilar la clasificación adecuada en residuos combustibles
y no combustibles.
Una oficina distrital de Nagoya, la tercera ciudad de Japón,
solicitó a los residentes que dividieran sus desperdicios
en 13 categorías diferentes, en un intento por reducir los
desechos y aumentar la cantidad de basura reciclable.
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