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por Marcela
Valente
BUENOS AIRES, oct (IPS) Delegados
de 175 países se reunirán del 13 al 14 de noviembre en Holanda,
para avanzar en los compromisos de reducción de los gases
que causan el sobrecalentamiento de la Tierra. Pero hay quienes
advierten que los debates previos a la cita derivan cada vez
más hacia una discusión de negocios.
Juan Carlos Villalonga, encargado de
asuntos de energía de la organización Greenpeace Argentina,
comentó a IPS que, en vísperas de la Sexta Reunión de las
Partes Contratantes de la Convención Marco de Cambio Climático
(COP6), en la ciudad de La Haya, "el debate no pasa por los
compromisos, sino por cómo evadirlos sin costos".
"Los ambientalistas tenemos una posición en el debate que
no es marginal, porque la Unión Europea (UE) y los países
isleños coinciden con nuestros planteos. Pero hay un concepto
mercantilista muy fuerte de quienes quieren participar en
la convención para hacer negocios o ganar dinero", criticó.
"La convención (de cambio climático) dejó de ser una reunión
que trata un asunto ambiental global gravísimo -el recalentamiento
de la atmósfera- para convertirse en un espacio en el que
se pueden vender 'commodities' y hacer negocios con la venta
de bosques, la tierra para cultivar o las tecnologías", dijo
Villalonga.
Según coinciden los científicos, varios gases, entre los que
se destaca el dióxido de carbono, se acumulan en la atmósfera
terrestre causando el llamado efecto invernadero. Es decir,
atrapan las radiaciones solares, con el consiguiente aumento
de la temperatura en la Tierra.
Ese sobrecalentamiento derrite hielos polares y sube el nivel
de los mares, con riesgo de inundaciones. También provoca
sequías y huracanes y contribuye a la propagación de enfermedades
infecciosas, como la malaria, y a la extinción de especies.
La concentración de emisiones producidas por la actividad
humana determinó en la última década un aumento promedio de
la temperatura más rápido que en todo el milenio, han advertido
los científicos que investigan el cambio climático.
La COP6 tiene el cometido de impulsar el cumplimiento de los
compromisos de reducción de los gases de efecto invernadero
que fueron acordados en una serie de reuniones comenzada en
1995.
La Convención Marco de Cambio Climático fue aprobada en 1992,
en la Cumbre de la Tierra de la Organización de las Naciones
Unidas, y entró en vigor en 1994. Un año después comenzó la
serie anual de reuniones de las partes contratantes de la
Convención.
En la tercera reunión de las partes, realizada en 1997 en
la ciudad japonesa de Kyoto, se acordaron metas cuantitativas
para la reducción en el Norte industrial de las emisiones
perniciosas. Pero el llamado Protocolo de Kyoto no ha sido
todavía ratificado.
El dióxido de carbono es la causa de 72 por ciento del calentamiento
y está presente en casi todas las actividades económicas y
en todos los países, aunque en volumen variable, según el
grado de desarrollo de cada uno de ellos.
También intervienen en el fenómeno el metano, el óxido nitroso
y otros gases de menor impacto, procedentes de la industria,
el comercio, la agricultura -fertilizantes, cultivos de arroz-
o la ganadería -mediante la descomposición de las heces del
ganado-.
"A diferencia de las emisiones que afectan la capa de ozono,
que están reducidas a unas pocas actividades económicas controlables,
el dióxido de carbono (CO2), que se emite en la quema de combustibles
fósiles -carbón, petróleo y gas- afecta una cantidad enorme
de intereses en todos los países", indicó Villalonga.
Las industrias de acero, aire acondicionado y calefacción,
las fundiciones de aluminio, las plantas de cemento, las refinerías
de petróleo, el transporte y la producción de petróleo y gas,
figuran entre las actividades que mayor emisión de CO2 producen.
La Convención Marco sobre Cambio Climático había sido ratificada
en 1999 por 175 países, sus partes contratantes. El órgano
supremo de la Convención es la conferencia, que se reúne una
vez al año para avanzar y hacer cumplir los acuerdos.
El Protocolo de Kyoto obliga a las naciones del Norte a reducir
la emisión de gases de efecto invernadero en el período 2008-2012
por lo menos en cinco por ciento del volumen registrado en
1990.
Pero sólo países en desarrollo lo han ratificado, y en cantidad
insuficiente para otorgarle fuerza de ley internacional.
Para Villalonga, si hubiera mayor voluntad de reducir las
emisiones, el protocolo podría ser una sencilla lista en la
que los países industriales fijarían porcentajes y plazos.
En cambio, el documento es complejo, dado que, entre otras
medidas, crea mecanismos de "flexibilización" del cumplimiento
de las metas.
"La incorporación de esos mecanismos fue blanco de muchas
críticas, porque se cree que son los agujeros por los que
pasará el incumplimiento", dijo a IPS Raúl Estrada Oyuela,
quien en Kyoto fue el presidente del plenario de delegados
que aprobó el protocolo, y también participó en la negociación
previa.
"Lo ideal" habría sido prescindir de esos mecanismos de flexibilización,
pero la necesidad de incluir a países responsables de las
principales emisiones, como Estados Unidos, hizo que prevaleciera
el realismo sobre el idealismo, comentó Estrada Oyuela, jefe
de la delegación argentina que viajará a La Haya para la COP6.
En 1990, Estados Unidos era responsable de 37 por ciento de
las emisiones de los países industrializados y hoy su participación
aumentó a 40 por ciento.
"Si se toma el mundo, Estados Unidos emite 25 por ciento del
total de gases" invernadero, señaló Estrada Oyuela.
No obstante, la reducción real de emisiones en Alemania y
en Gran Bretaña, y el menor crecimiento de las mismas en Europa
Oriental en relación con lo esperado, permitió un recorte
promedio de gases invernadero de seis por ciento entre 1990
y 1998.
La UE cree necesario exigir su cuota de reducción a los países
que emiten los mayores volúmenes, aunque la caída de la producción
de otras naciones permita alcanzar un equilibrio razonable.
Pero esta postura no es compartida por Estados Unidos.
De hecho, uno de los mecanismos de flexibilización del protocolo,
de implementación conjunta, permite a un país industrial exceder
el volumen de emisiones que le fue señalado a cambio de reducir
las que produce algún otro país del Norte.
También se cuentan los llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio,
que facultan a los países industrializados a compensar las
emisiones que no reducen con inversiones en el Sur en forestación
y en nuevas tecnologías, ya sean estas de fuentes renovables
de energía o para mejorar la eficiencia de las tradicionales.
Así mismo, el comercio de emisiones permite a los países del
Norte completar su cuota de reducción de gases invernadero
mediante la compra de recortes del dióxido de carbono a otras
naciones. Este recurso apunta hoy básicamente a las economías
de los ex países socialistas.
Como el crecimiento económico de los antiguos países socialistas
en la última década fue inferior a lo esperado, sus emisiones
industriales resultaron también menores.
Tienen, por lo tanto, un sobrante de lo que se denomina "aire
caliente", para intercambiarlo con los principales emisores
que, de esa manera, no tendrían que tomar medidas de reducción.
Para los ambientalistas, estas fórmulas se prestan a los negocios.
De hecho, Estrada Oyuela admitió que la posición oficial de
Argentina es principalmente tratar de conseguir inversiones
del Norte en forestación y en tecnología, una postura que
es compartida con muchas otras naciones de la región.
Greenpeace cree que la iniciativa relativa a los sumideros
de carbono (los bosques y plantaciones que permiten absorber
dióxido de carbono en la juventud de las especies) no es una
buena solución. A su juicio, sería más seguro invertir en
el desarrollo de tecnologías de fuentes renovables de energía,
como la eólica o la solar.
Pero en Argentina, "la agenda de la conferencia la elaboran
los lobbistas forestales", cuya presión coincide con la política
oficial de atraer inversiones y hacer negocios, agregó.
Por eso, las organizaciones ambientalistas no creen que la
COP6 de La Haya se traduzca en avances importantes, sobre
todo porque se convoca en fecha muy cercana a las elecciones
en Estados Unidos, uno de los actores principales de esta
película que, por ahora, no tiene fin.
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