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Reportajes
Afina el mundo posturas sobre Protocolo de Kyoto

El debate está que arde

Por Danielle Knight*


A pocos días de una crucial reunión sobre cambio climático en La Haya, no se ha modificado el consenso legislativo anti-Kyoto en Estados Unidos, en la Unión Europea no hay certeza sobre el cumplimiento de las metas de reducción, y en casi el resto del mundo se reafirma la oposición a nuevos compromisos de parte de las naciones en desarrollo

WASHINGTON.- Más de cien naciones harán un nuevo esfuerzo en La Haya entre el 13 y el 25 de noviembre próximo para tratar de definir los últimos detalles del Protocolo de Kyoto, que busca detener las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCC) enfrenta todavía dificultades políticas que podrían impedir su exitosa implementación a nivel global.

A menos que los países resuelvan sus diferencias y lleguen a un acuerdo en esta reunión, los científicos afirman que las consecuencias podrían ser desastrosas.

La mayoría de los expertos piensa que el recalentamiento global es causado sobre todo por el dióxido de carbono, producto de la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón.

Se responsabiliza a estos gases de calentar las aguas oceánicas profundas, quebrar los hielos antárticos y aumentar la intensidad de fenómenos climáticos como El Niño.

Para enfrentar estas amenazas, las naciones industrializadas negociaron un acuerdo internacional en 1997, conocido como el Protocolo de Kyoto, contra la fuerte oposición de poderosos industriales del petróleo, carbón y gas que temen por sus ganancias.

El tratado, que lleva el nombre de la ciudad japonesa en la que fue redactado, exige que los países industrializados reduzcan sus emisiones de cinco a siete por ciento en relación con los niveles de 1990 para el período 2008-2012.

El protocolo requiere la ratificación de por lo menos 55 de los países que firmaron la Convención, incluidos los industrializados de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que en 1990 representaban más de la mitad de las emisiones de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero.

Sin embargo, el tratado -que ha enfrentado la resistencia política de Estados Unidos desde un principio- todavía debe ser ratificado por la mayoría de los firmantes.

Aunque el gobierno del presidente estadounidense Bill Clinton firmó el tratado, el Senado de ese país se niega a ratificarlo.

Los legisladores estadounidenses creen que el Protocolo de Kyoto es injusto porque no obliga a los países en desarrollo a comprometerse con límites de reducción de emisiones. Algunos incluso dicen que ni siquiera están convencidos de que los humanos sean responsables del calentamiento global.

"Las incertidumbres y complejidades del tema del cambio climático se tornan más evidentes a medida que las estudiamos de manera más científica", dijo el senador republicano de Nebraska Chuck Hagel en septiembre.

Una coalición de poderosas industrias petroleras y de gas hizo eco de esta opinión en una multimillonaria campaña publicitaria contra el tratado.

Sin embargo, la mayoría de las economías en desarrollo de América Latina, Asia y Africa afirman que las naciones ricas industrializadas deberían dar el primer paso hacia la reducción de las emisiones, porque son responsables de la mayor parte de éstas.

Aunque Estados Unidos no se ha propuesto cumplir con los objetivos de Kyoto, la Unión Europea indicó que sí será capaz de lograrlo, si sus Estados miembros cumplen sus promesas en materia de energía renovable, como la solar y la eólica, y respecto de los impuestos sobre los combustibles fósiles.

Entre los temas controvertidos en La Haya están los llamados "mecanismos flexibles" del tratado -comercio de emisiones, mecanismo de desarrollo limpio e implementación conjunta- y la manera cómo los países industrializados podrían usarlos para el cumplimiento de sus metas de reducción.

Mientras la Unión Europea sostiene, por ejemplo, que debería haber un límite para el comercio de emisiones, Estados Unidos afirma que debería poder usar libremente los mecanismos flexibles para cubrir todas sus reducciones.

La mayoría de las organizaciones ambientales internacionales, entre ellas Greenpeace y Friends of the Earth, conciben los mecanismos como pretextos que permitirán a las naciones industrializadas cumplir con el protocolo sin reducir sus emisiones a nivel doméstico.

Afirman que el comercio internacional de emisiones de carbono (ya sea entre naciones industrializadas o entre éstas y el mundo en desarrollo) no es viable ya que el carbono, emitido por millones de fuentes en todo el mundo, sería imposible de monitorear.

La variación en las tendencias de emisión desde el año base 1990 complica aún más la situación. Debido al colapso económico, las emisiones de Rusia de 1995 se colocaron 29 por ciento por debajo de los niveles de 1990 y las de Ucrania en 1997, 49 por ciento por debajo. Entretanto, en 1997, las emisiones de la Unión Europea fueron cuatro por ciento más bajas que los niveles de 1990, y las de Estados Unidos, 11 por ciento más altas.

Debido a estas diferencias, países como Rusia y Ucrania recibieron en el marco del Protocolo créditos de emisiones de carbono por un valor potencial de miles de millones de dólares por año. Esto permitiría a Estados Unidos y otros grandes emisores cubrir su compromiso de reducción mediante la compra de créditos a esta región por reducciones que ya tuvieron lugar (lo que se conoce como "aire caliente").

"El 'aire caliente' socavaría la legitimidad de este sistema (de comercio de emisiones), convirtiéndolo más en un escenario para el intercambio de favores políticos que en un mecanismo de mercado", afirmó Hillary French, vicepresidenta de investigaciones del Worldwatch Institute en Washington.

En La Haya, los países también debatirán la manera de aprovechar la capacidad de los bosques de absorber carbono. Estados Unidos, Japón, Canadá y Australia presionan para la inclusión de los bosques y plantaciones de árboles en el sistema de créditos de emisión.

Los ambientalistas señalan que no hay mucha precisión científica en la medición de la capacidad de los bosques para absorber carbono. "En gran medida, este almacenamiento de carbono en los bosques ocurriría de todos modos y si se tomara en cuenta (como parte de los créditos de emisión) provocaría incremento del uso de combustibles fósiles", dijo Bill Hare, director de política sobre el clima de Greenpeace International.


* La autora es corresponsal de IPS.

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La industria del carbón en Estados Unidos hizo una campaña millonaria contra Kyoto / Photo Stock.)
  La industria del carbón en Estados Unidos hizo una campaña millonaria contra Kyoto / Photo Stock.)