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por Andrés
Cañizález
RIO CARIBE, Venezuela, nov (IPS)
Con pobreza y sin participación comunitaria no habrá desarrollo
turístico compatible con la preservación ambiental, coincidieron
funcionarios, habitantes y empresarios de Paria, península
caribeña de Venezuela donde confluyen playas y bosques tropicales.
"Cómo pedirle a una población en extrema
pobreza que no se coma los huevos de tortuga", en peligro
de extinción, señaló a IPS a modo de ejemplo José Guerra,
director del Fondo de Microempresas Turísticas del gobierno
del estado Sucre.
Paria, como constató IPS en un recorrido, brinda un amplio
abanico de oportunidades para un turismo de alma ecológica,
con numerosas playas, algunas de ellas prácticamente vírgenes,
y una frondosa vegetación tropical que se extiende desde muy
cerca de la arena.
Pero también existe la otra cara de la moneda. Una población
empobrecida, en su mayoría sin acceso a los servicios básicos,
y propensa a la explotación indiscriminada de recursos naturales
en su lucha por la supervivencia.
Paria, ubicada en el extremo nororiental de Venezuela, congrega
en este momento a pequeños empresarios llegados de distintas
partes del país, dedicados en su mayoría a actividades relacionadas
con el turismo o el desarrollo comunitario.
"Somos personas que hemos encontrado el espacio para empujar
nuestros proyectos e iniciativas y creemos que el desarrollo
turístico no puede significar un cambio radical con lo que
tenemos", dijo a IPS Tamara Rodríguez, editora de Paria al
Día, el único periódico de la zona.
Esta área rica en diversidad forma parte del municipio Arismendi
en el estado de Sucre, con 700 kilómetros de playas.
También cobija el Parque Nacional Península de Paria, de 37.500
hectáreas de extensión, donde habitan algunas especies en
peligro de extinción, como el perro de monte y las aves candelita
de Paria y el colibrí tijereta.
En la frondosa vegetación de Paria habitan unas 20 especies
de aves propias de la zona y hay 410 tipos de plantas, semejantes
en su mayoría a las de otras naciones del Caribe.
El camino entre Río Caribe y San Juan de las Galdonas, dos
poblaciones de la zona, está construido en medio de una espesa
vegetación, y en algunos puntos pueden observarse abruptas
caídas de la montaña directamente al mar.
Guerra explicó a IPS que el reto del gobierno de Sucre es
lograr "un uso de los recursos naturales que incorpore a la
comunidad y que se refleje en servicios que atraigan al visitante".
El funcionario informó que 67 por ciento de los 42.000 habitantes
de Paria vive por debajo de la línea de pobreza, sólo 469
niños están integrados al sistema educativo y uno de cada
cinco de ellos, con edades entre dos y seis años, está desnutrido.
La infraestructura hospitalaria cuenta con 416 camas, distribuidas
en 28 instalaciones, en su mayoría posadas o residencias familiares
acondicionadas.
"El desarrollo tiene que ser a esta escala, la dimensión de
pequeños proyectos", recalcó Guerra, al comentar la iniciativa
oficial de fomentar las microempresas.
Pero no siempre hubo tal claridad y consenso. Playa Medina,
emblemático balneario de la zona, fue el centro de un importante
proyecto turístico privado, que preveía levantar estructuras
hasta ahora desconocidas en la región para incorporarlas a
una importante cadena internacional de recreación.
El plan generó polémicas y fue finalmente abandonado, debido
a la crisis bancaria venezolana de mediados de la década pasada.
En la actualidad se maneja un proyecto para hacer una marina
internacional en Río Caribe, para albergar a unas 100 embarcaciones
en cada una de sus tres etapas.
La nueva iniciativa ha sido recibida con recelo por parte
de algunos habitantes del lugar, pero aún está en fase de
discusión y evaluación técnica.
Entre los mayores problemas ambientales y sociales que afronta
Paria se encuentra la pesca de arrastre, señaló a IPS la abogada
Sandra González, de la Defensoría del Pueblo del estado Sucre.
Esa actividad "acaba con el suelo marino y deja sin posibilidades
de trabajo a los pescadores artesanales", comentó González.
Cuestionó el sistema de multas aplicado para luchar contra
la pesca de arrastre, pues entiende que son de tan escaso
valor --la más alta es de 15 dólares-- que las embarcaciones
cometen el ilícito y luego pagan si son detenidas.
En tanto, en la búsqueda de opciones para los pobladores ha
estado presente por varios años la Fundación Proyecto Paria,
cuyo director, Luis Placeres, relató a IPS los detalles de
un plan para recuperar las plantaciones de cacao en una combinación
de varios factores.
"El cacao fue sostén del florecimiento económico de la región
en el pasado, es parte de lo que la gente de Paria sí sabe
hacer y es un cultivo conservacionista", resumió Placeres.
Este proyecto refleja en forma clara las preocupaciones y
actividades en Paria, una zona venezolana con una rica diversidad
natural y cuya preservación deberá estar acompañada del combate
contra la pobreza y de la mano de la participación comunitaria,
según los dirigentes de la sociedad civil.
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