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por Brian
Kenety
LA HAYA, nov (IPS) Estados Unidos
es el culpable del fracaso de la Sexta Conferencia de las
Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático, acusaron organizaciones ambientalistas.
La conferencia terminó el sábado en La Haya sin un acuerdo
sobre la forma de reducir las emisiones de gases de invernadero,
responsables del recalentamiento del planeta y el cambio climático.
Las discusiones probablemente se reanudarán en mayo o junio
del año próximo en Bonn, en una reunión de organismos subsidiarios,
informó una fuente de la Unión Europea (UE).
El objetivo formal de la conferencia de La Haya era lograr
un acuerdo técnico con fuerza vinculante sobre los procedimientos
específicos para que los países industrializados redujeran
su producción de gases de invernadero a niveles inferiores
a los de 1990, de acuerdo con el Protocolo de Kyoto, firmado
en 1997.
Pero las diferencias entre Estados Unidos por un lado y el
bloque europeo y las naciones en desarrollo por otro hicieron
imposible el acuerdo.
En la tarde del sábado, el ministro holandés de Ambiente Jan
Pronk, presidente de la conferencia, la declaró "suspendida"
oficialmente.
"Estoy muy decepcionado" y "lamento no haber satisfecho las
expectativas mundiales", declaró Pronk.
Un grupo de observadores de grupos ambientalistas abandonaron
la conferencia en sus últimas horas ante el evidente estancamiento
de las discusiones y rompieron sus tarjetas de identificación
en señal de protesta.
"Hacemos esto para expresar nuestra decepción con este proceso.
Estados Unidos y las grandes empresas acabaron con cualquier
esperanza de combatir el cambio climático", declaró un portavoz
del grupo ecologista holandés Rising Tide.
"Los persistentes esfuerzos para debilitar el Protocolo de
Kyoto, en particular de Estados Unidos, Japón, Canadá y Australia,
provocaron el colapso de las conversaciones", acusó el Fondo
Mundial para la Naturaleza (WWF).
Los principales motivos de disputa fueron los mecanismos de
flexibilidad previstos en el protocolo de Kyoto como forma
de disminuir el costo de la reducción de las emisiones, así
como los procedimientos de aplicación obligatoria y las eventuales
sanciones por incumplimiento.
Estados Unidos impulsó una interpretación muy liberal de esos
mecanismos de flexibilidad, que la UE y el Grupo de los 77
(G-77) países en desarrollo no estaban dispuestos aceptar
y de hecho rechazaron.
Uno de los mecanismos de flexibilidad previstos en el protocolo
es el intercambio internacional de toneladas de gases de invernadero,
generados por la quema de combustibles fósiles como el carbón,
el petróleo y sus derivados.
Estados Unidos, el mayor emisor de dióxido de carbono (el
principal gas de invernadero), se aferró a ese mecanismo para
poder cumplir con sus objetivos de reducción.
La propuesta de Estados Unidos le hubiera permitido producir
grandes cantidades de dióxido de carbono y compensar esas
emisiones con "sumideros" de carbono, es decir, plantaciones
forestales y tierras agrícolas.
Por otra parte, la UE pretendía que las naciones industrializadas
asumieran el liderazgo de la lucha contra el cambio climático
y redujeran sus propias emisiones mediante políticas domésticas,
y por eso propuso un tope concreto al uso de sumideros.
Los países industrializados producen 70 por ciento de los
gases de invernadero, y sólo Estados Unidos emite 25 por ciento.
WWF elogió a la Unión Europea, que a su criterio "actuó como
un bloque más progresista en las negociaciones, pero no pudo
vencer la resistencia de los principales contaminantes y llegar
a un acuerdo".
Las naciones en desarrollo arguyeron que la posición de Estados
Unidos violaba el principio de los "pagos por contaminación"
y señalaron que ese país emite un cuarto de todo el dióxido
de carbono aunque sólo tiene cuatro por ciento de la población
mundial.
El portavoz del G-77, el nigeriano Sani Daura, declaró el
sábado a la sesión plenaria que el fracaso de la conferencia
condenaba a los países en desarrollo a las catástrofes ambientales.
"Continuaremos siendo las principales víctimas del cambio
climático", lamentó.
La federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional
también culpó a Estados Unidos y sus aliados en la conferencia
por el fracaso de ésta, ya que "pelearon con uñas y dientes
para aprovechar cualquier punto débil del Protocolo de Kyoto".
Así mismo, Amigos de la Tierra acusó a firmas transnacionales
como la petrolera Exxon de "tratar de aprovechar las negociaciones
para crearse nuevos mercados de intercambio de carbono", además
de "usar su influencia política para bloquear medidas contra
el cambio climático en el Congreso estadounidense".
Importantes organizaciones ambientalistas, entre ellas WWF,
Greenpeace Internacional, Defensa Ambiental y la Unión de
Científicos Preocupados, emitieron el sábado una declaración
conjunta en la que lamentaron "la pérdida de esta oportunidad
de hacer frente a las amenazas del cambio climático".
Por su parte, el negociador estadounidense Frank Loy declaró
que "ningún país ofreció más propuestas creativas para destrabar
las negociaciones" que el suyo, y que "muchos negociadores
se aferraron a posiciones guiadas por el dogmatismo, y no
por el pragmatismo".
Sin embargo, consideró que "se estuvo a punto" de alcanzar
un acuerdo sobre cuestiones clave.
El ministro francés de Ambiente, Dominique Voynet, cuyo país
ocupa la presidencia rotativa de la UE, opinó que "quizá otra
media jornada" de negociaciones habría destrabado el proceso.
"Kyoto no ha muerto", aseguró Voynet, que rechazó cualquier
idea de "fracaso". Admitió, sin embargo, que las conversaciones
"no fueron coronadas con el éxito que se hubiera deseado".
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