Entrevista con la ministra de Medio Ambiente
de México
"El susto global pasa la factura
a la Tierra"
Por Pilar Franco*
Los
negociadores en la conferencia sobre el cambio climático en
La Haya optaron por esconder sus cartas bajo la manga. Luego,
el tiempo quedó corto para rescatar el Protocolo de Kyoto, dice
Julia Carabias.
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El
susto colectivo que dominó a los representantes de más de 180 países
fue el detonador del derrumbe de las negociaciones para poner en
marcha un sistema eficaz y duradero en la lucha contra el calentamiento
climático de la Tierra en La Haya, afirmó la ministra mexicana de
Medio Ambiente, Julia Carabias.
Dos
días después del sonado fracaso de la cumbre para establecer los
mecanismos para implementar el Protocolo de Kyoto, la representante
de México rechazó, sin embargo, que se pueda declarar muerto el
instrumento con el que la comunidad internacional pretende erradicar
uno de los mayores peligros para la supervivencia del planeta.
Carabias
dialogó con Tierramérica, en una de sus últimas entrevistas como
titular de la Secretaría de Medio Ambiente, recursos Naturales y
Pesca (Semarnap) de México, la primera gran economía del mundo que
ratificó el Protocolo de Kyoto.
Formada en la academia, la ministra entregará este viernes primero
de diciembre la estafeta a su sucesor, Víctor Lichtinger, designado
el 23 de noviembre por Vicente Fox, el primer presidente no emanado
del Partido Revolucionario Institucional en 71 años.
La
funcionaria ha sido figura central en la construcción de la trayectoria
ambiental del país y de la región, en especial por su participación
dentro del Foro de Ministros de América Latina y el Caribe, auspiciado
por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA.
Los
países jugaron a no mostrar sus cartas y a la presión de último
momento, perdiendo la gran oportunidad que representó la VI Conferencia
del Convenio de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP6),
que estuvo a unas cuantas horas de haberse salvado, opinó Carabias.
Tras
el susto global que se apoderó de los participantes en la cumbre,
lo que queda es que para mayo de 2001, todos los países compartan
la misma voluntad política para proseguir los esfuerzos comunes
a fin de reducir las emisiones de gases que provocan el cambio en
el clima de la Tierra.
La
incapacidad de los 184 Estados para precisar los términos de aplicación
del Protocolo de Kyoto postergó una decisión vital para la supervivencia
del planeta, que ahora deberá ser asumida el próximo año a partir
del papel que jueguen dos grandes protagonistas: las sociedades
y los expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
de la Organización de las Naciones Unidas, PICC.
Ese
cuerpo de científicos se creó para asesorar sobre los posibles impactos
del calentamiento global. En sus reportes, el PICC advirtió en los
últimos años que la alteración de la estructura y composición de
la atmósfera se intensificó hasta niveles críticos, debido al acelerado
aumento de las concentraciones de dióxido de carbono (CO2), principal
gas que acentúa el efecto invernadero provocado por la quema de
combustibles fósiles o hidrocarburos como petróleo y carbón.
No obstante la incertidumbre que rodea el asunto, los científicos
prevén que la velocidad de los cambios climáticos durante el siglo
XXI probablemente excederá a los registrados en los últimos 10 mil
años, y que los impactos más fuertes se dejarán sentir en las regiones
polares y en los países en desarrollados.
Los fundamentos que ofrezca el PICC permitirán a las naciones tomar
una decisión. Así, ese órgano científico pasará de un sitio más
bien marginal a un ocupar un puesto relevante a la hora de asumir
una posición definitiva, explicó Julia Carabias.
En
sus informes, el PICC reveló que la temperatura promedio global
se incrementó entre 0,3 y 0,6 grados centígrados, en relación con
los niveles de la etapa preindustrial, anterior a 1750. Pero en
caso de que no se reviertan los índices de emisión de CO2 a la atmósfera,
los pronósticos indican que la temperatura global aumentará cerca
de 3,5° C en los próximos cien años, con su caudal de desastres
como las inundaciones, desertificación, aumento del nivel de los
océanos y deshielos, entre otros.
Carabias
apoyaba la propuesta de compromiso presentada por el presidente
de la Conferencia, Jan Pronk, por considerar que la misma ofrecía
una posición equilibrada en relación con los intereses de los diversos
bloques de países surgidos al fragor de las negociaciones en La
Haya.
Ante
la imposibilidad de que todos salieran contentos de la cumbre, el
planteamiento del ministro holandés de Medio Ambiente tenía la virtud
de que iba a doler, pero el dolor sería parejo para todos y representaba
concesiones y costos por igual, opinó.
El
plan de Pronk incluía la creación de tres fondos para compensar
a los países en desarrollo de los efectos del cambio climático,
excluía el empleo de energía nuclear para sustituir otras energías
más contaminantes, ampliaba las posibilidades de uso de los sumideros
de carbono para atrapar las emisiones de CO2 y preveía multas en
caso de incumplimiento en los recortes previstos en Kyoto.
La
funcionaria mexicana estimó que las negociaciones en La Haya permitieron
un gran acercamiento de las naciones en el diseño de una estrategia
de salida al problema, aunque responsabilizó a la Unión Europea
del rompimiento de la aproximación de voluntades.
Nueva
era ambiental en México
Aunque
Carabias reconoció que queda mucho camino por recorrer para el logro
de las grandes metas medioambientales de México, sostuvo que Lichtinger
recibirá una base institucional sólida y un marco legal muy fuerte
diseñados por Semarnap, creada durante la gestión del presidente
saliente, Ernesto Zedillo.
Incluida
dentro del gabinete económico de Fox, la secretaría bajo el mando
del economista Lichtinger se reducirá a Secretaría de Medio Ambiente
y Recursos Naturales, en virtud de que entregará la administración
de los sectores forestal, pesquero y del agua a la Secretaria de
Agricultura.
Profunda
defensora de un trabajo que conjugara la necesidad de uso y conservación
de los recursos forestales con la visión medioambiental, Carabias
descartó pronosticar las consecuencias de despojar a la Semarnap
de los estratégicos sectores.
Sin
embargo, señaló enfática que no es requisito indispensable desintegrar
para impulsar la producción. Además, habrá que esperar a conocer
la estructura de la nueva dependencia, que, en principio, separaría
por un lado a las instituciones de fomento y dejaría a las normativas
dentro de la secretaria.
Pero
los programas específicos tienen componentes ambientales y productivos
muy vinculados, destacó.
La
nueva dependencia dispondrá de la carta Pesquera y de un Inventario
Nacional Forestal, dos importantes instrumentos de diagnóstico que
podrán servir de base para la toma de decisiones sobre el uso de
los recursos naturales.
Una
de las principales asignaturas pendientes para la nueva administración
será detener la destrucción del trópico húmedo que posee el país,
sobre todo en la selva Lacandona de Chiapas, y en la región de los
Chimalapas, entre Guerrero y Oaxaca, señaló Carabias.
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