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por Bob
Burton
CANBERRA, 5 dic (IPS) El presupuesto
de salud para los nativos de Australia es ahora mucho más
generoso que hace unos años, pero no alcanza para curar la
miríada de enfermedades causadas por siglos de abusos y negligencia,
según activistas y expertos.
El gobierno federal debe reconsiderar
gran parte de sus políticas sobre salud y otros problemas
referidas a los aborígenes e isleños del Estrecho de Torres
si realmente quiere verlos tan saludables como el resto de
la población, exhortaron.
Las organizaciones indígenas realizan
esfuerzos para que los gobiernos estaduales cambien sus políticas
y mejoren la situación sanitaria, y en algunos casos intentan
coordinar servicios de salud en sus comunidades.
Uno de los grupos activos es la Asociación
Jawoyn, en el Territorio Septentrional. Su coordinadora sanitaria,
Irene Fisher, explicó que el Departamento de Salud del territorio
se lleva 50 por ciento de los fondos destinados a la salud.
''Por eso pensamos que es mejor librarnos
de los intermediarios, así tenemos más dinero para servicios.
Lo mismo se aplica a la vivienda'', agregó.
Para la salud de los aborígenes australianos,
cada centavo cuenta. Fran Baum, presidenta nacional de la
Alianza de Salud Pública, destacó que ''los aborígenes australianos
mueren 20 años antes que los no indígenas. Se trata de una
población que está traumatizada por el despojo''.
Baum y Fisher asisten esta semana a la
Asamblea de la Salud de los Pueblo, que está deliberando en
Bangladesh. La reunión, que está centrada en iniciativas sanitarias
de grupos de base, atrajo a más de 1.000 activistas y operadores
de organizaciones no gubernamentales (ONG) de 90 países.
Según Baum, Australia tiene mucho que
aprender de otros países, especialmente cuando se trata de
poblaciones indígenas. ''Australia no ha hecho muchos progresos
en el área de la salud como otros países, por ejemplo, Canadá
y Estados Unidos'', señaló.
''Los aborígenes son una espina en la
conciencia del país'', agregó.
Antes que los primeros europeos desembarcaran
sobre el continente australiano a fines del siglo XVIII, lo
habitaban unos 300.000 nativos. Actualmente, combinados con
los isleños del Estrecho de Torres, suman 386.000 o dos por
ciento de toda la población australiana, de 19 millones.
Según los historiadores, los aborígenes
australianos fueron tratados como animales por los colonos
blancos que se apoderaron de sus tierras y prácticamente los
exterminaron en algunas áreas.
Hasta mediados del siglo pasado, los
indígenas apenas tenían acceso a servicios básicos y recién
en 1967 gozaron de plenos derechos como ciudadanos.
En los últimos años, el gobierno federal
ha tratado de rectificar las injusticias perpetradas contra
los aborígenes.
''Desde el período 1996-1997, los gastos
del gobierno en la salud de los aborígenes aumentaron en términos
reales en más de 50 por ciento'', aseguró el senador John
Herron, ministro de la Commonwealth para Asuntos Aborígenes
y de la Isla del Estrecho de Torres.
Para el año fiscal 2000, la Oficina de
Servicios de Salud de Aborígenes e Isleños del Estrecho de
Torres dispondrá de 200 millones de dólares australianos (105
millones de dólares estadounidenses). Canberra prometió un
aumento de 100 millones de dólares para gastos de salud en
cuatro años.
No es cierto que se hayan invertido toneladas
de dinero infructuosamente en la salud de los nativos, aseguró
Gustav Nossal, titular del Consejo para la Reconciliación
Aborigen.
El gobierno gasta el equivalente a 57
centavos de dólar en salud por aborigen en comparación con
53 centavos para el resto de los australianos, pero como las
condiciones de salud de los indígenas son tres veces peores,
esa diferencia de ocho por ciento es poca o nula si se trata
de una comunidad remota, señaló Nossal.
Fisher observó que la remota ubicación
de muchas comunidades aborígenes demostró ser un riesgo para
la salud debido a que la atención médica se encuentra a horas
de distancia. Agregó que en esas comunidades se registra una
alta mortalidad.
Los expertos atribuyen la salud precaria
de los aborígenes a su desventaja socioeconómica.
Según la Comisión para los Aborígenes
e Isleños del Estrecho de Torres (ATSIC), la tasa de desempleo
entre los nativos australianos asciende a 26 por ciento, comparado
con ocho de la población corriente. Sus ingresos equivalen
también a dos tercios del promedio australiano.
Cifras de ATSIC demuestran además que
6,2 por ciento de los hogares aborígenes incluyen a más de
una familia, frente a 1,1 por ciento del resto de los australianos.
Como están las cosas, los aborígenes
australianos tienen tres veces más probabilidades de morir
durante en los primeros cinco años de vida que el resto de
la población, según un estudio realizado hace pocos meses.
El estudio tambien indicó que la mitad
de la población indígena morirá antes de cumplir 50 años de
edad, y que las principales causas de muerte son las enfermedades
respiratorias y circulatorias, diabetes, cáncer y heridas.
Olga Havnen, de la Fundación Hollows,
una ONG humanitaria, advirtió que si no se atienden las necesidades
de vivienda e infraestructura, agua potable y alimentos, las
condiciones de salud no mejorarán en esas comunidades.
No obstante, otros piensan que fue una
buena noticia el aumento de centros de salud controlados por
las comunidades aborígenes. Según el último censo, ya hay
122 en toda Australia.
''Para que las condiciones de nuestra
gente mejoren, la salud debe estar en manos de los indígenas'',
afirmó Pat Anderson, secretaria ejecutiva de los Servicios
Médicos Aborígenes de la Alianza del Territorio Septentrional.
''Hasta que nuestro derecho a manejar
servicios de salud propios sea reconocido como principio y
apoyado en la práctica por el gobierno, nuestra salud no mejorará'',
previno.
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