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Grandes Plumas
Hacia el siglo de los derechos humanos

"Los rostros del éxodo"

Por Mary Robinson
*

Pobreza, discriminación y marginalidad social activan el desplazamiento de enormes ríos de gente dentro de sus propios países o hacia destinos lejanos. Urge dar pasos decisivos para proteger a las minorías y a grupos vulnerables, advierte la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

GINEBRA.- Si queremos que el siglo XXI sea en efecto la centuria de los derechos humanos, entonces será absolutamente vital ganar la batalla por la igualdad en todo el planeta.

Durante demasiado tiempo la diversidad de razas y culturas ha sido considerada como una amenaza y no como un don. Y muy a menudo despierta desprecio racial, conflictos, exclusiones, discriminaciones e intolerancia.

Muchas partes del mundo registran una incidencia cada vez mayor de movimientos migratorios y de tráfico de personas, en ambos casos tanto dentro de los países como entre ellos y de región a región. Esos fenómenos plantean grandes problemas en materia de derechos humanos.

Cientos de miles de personas abandonan sus lugares de residencia obligados por la necesidad de buscar mejores condiciones de vida. En muchos de los casos, se desplazan de áreas rurales hacia zonas urbanas y de países pobres a otros ricos. Con frecuencia, esas personas enfrentan una discriminación sistemática o se transforman en víctimas de redes internacionales del crimen organizado.

Muy preocupante es el cruel tratamiento que reciben los niños, así como las familias de los emigrantes. Así como la incidencia del miedo y la aversión en algunas sociedades en relación con los extranjeros, un síntoma reflejado tanto en el sector privado como en el público.

No menos alarmante es el hecho de que las personas objeto de tráfico humano sean tratadas como criminales debido a su residencia irregular, circunstancia sobre la que no pueden ejercer ningún control.

El punto de partida para enfrentar el problema de la discriminación racial contra los emigrantes sean legales o ilegales- es establecer con toda nitidez que poseen los mismos derechos humanos que todas las personas, sin excepción, incluido el derecho a la vida, a la dignidad, a la seguridad, al trabajo en condiciones justas, a la salud y a la igualdad ante la ley.

La entrada en vigor de la Convención Internacional sobre los Derechos Humanos de los Trabajadores Migrantes sería un paso decisivo para la concreción de los esfuerzos de la comunidad internacional en la lucha contra la discriminación racial.

La convención ha sido ya ratificada por 14 Estados, pero se necesita que otros seis cumplan ese requisito para que entre en vigor.

Para las víctimas del tráfico humano los problemas pueden ser incluso más agudos, pues se encuentran generalmente en una situación muy precaria, entre otras razones porque entraron a un país sin documentos apropiados o éstos les fueron confiscados o destruidos por los propios traficantes.

Las personas sometidas a dicha actividad ilícita son además forzadas a ejercer a menudo prácticas tan degradantes como la prostitución, pornografía y el trabajo forzado.

Quienes son objeto de tráfico humano tienen un miedo constante a la deportación o a otras sanciones. Y esa es la causa de que no denuncien a sus abusadores.

Todos los años, cientos de miles de personas, en particular mujeres y niños, son engañados, vendidos, forzados u obligados a caer en situaciones de explotación de las cuales no pueden escapar.

El desarrollo a gran escala del tráfico ilegal de mujeres y niñas destinadas a la prostitución es un fenómeno alarmante que necesita ser combatido con todos los medios disponibles.

Estas prácticas resultan en una doble explotación cuando las víctimas pertenecen a ciertas razas o tienen determinado origen nacional, en cuyo caso son a menudo sometidas a violencia física o a otro tipo de irrespeto a sus derechos.

El problema del tráfico de personas registra una tendencia creciente a lo largo y ancho del mundo. Se estima que entre 300 mil y 600 mil mujeres son contrabandeadas cada año y llevadas a la Unión Europea y a algunos países centroeuropeos. La práctica es también amplia en África y América Latina.

El tráfico humano es por sí mismo una violación, pero también puede incluir una amplia gama de atentados en contra de los derechos humanos. Con frecuencia es el resultado de la pobreza generalizada, de la discriminación y la marginación social, que arruina las vidas y destruye las posibilidades de muchos de los habitantes del mundo.

La protección de las minorías y de otros grupos vulnerables, así como el fortalecimiento de la capacidad nacional para proteger a esas masas ocupan un espacio en la agenda de la comunidad internacional desde hace ya cerca de un siglo, pero aún queda mucho por hacer al respecto.

Para atender el problema, es necesario considerar una serie de asuntos centrales: ¿Cómo hacer para que todos los países puedan reelaborar su visión de la identidad nacional a fin de aceptar a todos los grupos de la población y darles una oportunidad en el futuro de cada país? ¿Cómo lograr inculcar a cada niño y a cada ser humano el sentido de unicidad de la familia humana, de modo que cada uno pueda tener un sentido de pertenencia a un todo y que ninguno se sienta excluido? ¿Cómo eliminar las disparidades en el acceso a las oportunidades económicas y sociales para, de ese modo, desterrar las causas básicas del prejuicio y de la discriminación? ¿Cómo puede cada país establecer instituciones de control con el fin de detectar problemas potenciales y desactivarlos antes de que se agraven? ¿Cómo usar los medios de comunicación para difundir los mensajes sobre la unicidad de la humanidad, el respeto, la tolerancia y la buena vecindad?.

En lugar de permitir que la diversidad de raza o de cultura se convierta en una limitante del intercambio y el desarrollo humanos, es necesario percibirla como el potencial para un enriquecimiento mutuo. Además, el diálogo entre grandes tradiciones ofrece las mejores perspectivas para la supervivencia del propio espíritu humano.

*Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, es la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Copyright IPS.

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Ilustración/Mauricio Gómez Morin
  Ilustración/Mauricio Gómez Morin


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