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por Gustavo
Capdevila
GINEBRA, dic (IPS) La temperatura
de la Tierra se mantuvo febril este año, a pesar de los paños
fríos aplicados por el fenómeno de La Niña, que se mantuvo
activo en el océano Pacífico.
Al concluir el año, el promedio de la
temperatura en la superficie puede ser 0,32 grados superior
al promedio del periodo 1961-1990. Ese comportamiento de la
temperatura es igual al registrado en 1999 y ubica a 2000
como el quinto año más cálido de los últimos 140.
En consecuencia, el informe sobre el
Estado del Clima Mundial en 2000, presentado este martes por
el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial
(OMM), Godwin Obasi, confirma que la tendencia de calentamiento
de la Tierra.
Este año se asemejó al precedente pues
en ciertas partes del planeta se registraron fenómenos extremos
de calor, de frío, de lluvias y de sequía, mientras en otras,
en cambio, las condiciones fueron casi normales. Pero, el
promedio determina una temperatura más cálida que lo normal.
Los años más calientes desde que se miden
las temperaturas con instrumentos han sido 1998, 1997, 1995
y 1990. Los 10 años más cálidos son posteriores a 1983, aunque
ocho pertenecen a la década del 90.
Al comienzo del siglo XXI, la temperatura
promedio de la superficie es 0,6 grados mayor que la anotada
cuando empezaba el siglo XX.
El director interino del Programa Climático
Mundial, Michael Harrison, precisó que 2000 será el vigésimo
segundo año consecutivo con una temperatura promedio de la
superficie terrestre superior a la normal registrada en el
periodo 1961-1990.
En la mayor parte de las áreas ubicadas
en el Hemisferio Norte, las temperaturas registradas en todas
las estaciones superaron los promedios.
Pero en la región oriental del Pacífico
tropical se registró más frío que lo habitual durante casi
todo el año, debido a que La Niña fue muy fuerte al comenzar
2000, languideció en julio y agosto y recobró fuerzas al caer
el año.
El resto de las zonas tropicales y las
regiones no tropicales del Hemisferio Sur atravesaron periodos
de anomalías diversas, aunque con una tendencia general al
recalentamiento.
Este año se verificaron 15 huracanes
y tormentas tropicales en el océano Atlántico. El promedio
anual de esos fenómenos se eleva a 10. En cambio, en el océano
Pacífico solo hubo 22 tormentas de esa magnitud, un registro
inferior al promedio de 28.
Varias de esas tormentas ocasionaron
lluvias torrenciales, inundaciones y daños. Los huracanes
Keith y Gordon causaron grandes perjuicios en América Central
y la tormenta tropical Leslie descargó precipitaciones inusitadas
en Florida, Estados Unidos.
En el Pacífico, el tifón Saomai castigó
ciertas partes de Japón con lluvias que superaron todas las
marcas. Otro tifón, el Prapiroon, se abatió sobre las costas
de la península coreana y provocó lluvias durante 30 horas
sin interrupción.
Los ciclones de mayor intensidad se formaron
en el golfo de Bengala y luego golpearon el sur de la península
india, donde causaron graves daños.
Pero los ciclones más devastadores fueron
Eline, Gloria y Hudah, que se desplomaron sobre Madagascar,
Mozambique y zonas del sur de Africa, ocasionando severas
inundaciones y elevadas pérdidas de vidas humanas.
India, Bangladesh, Camboya, Tailandia,
Laos y Vietnam sufrieron daños considerables debido a las
inundaciones originadas en lluvias intensas. Inglaterra y
Gales registraron el otoño más lluvioso desde que comenzaron
las mediciones, hace 235 años.
También hubo sequías severas, como las
que afectaron en forma simultánea a Europa del sudeste, Medio
Oriente y Asia central. En junio y julio, hubo marcas sin
antecedentes de temperaturas máximas en Europa meridional,
en particular en Turquía, Grecia, Italia, Rumania y Bulgaria.
Por tercer año consecutivo, las lluvias
en el Cuerno de Africa fueron inferiores al promedio. Decenas
de millones de personas sufrieron las consecuencias de esas
sequías en Etiopía y en partes de Kenya, Somalia, Eritrea
y Djibuti.
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