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Resistencia a plan antinarcóticos

Combate contra la coca amenaza la Amazonía

Por Danielle Knight*


Comunidades indígenas y ambientalistas advierten que el uso del herbicida glifosato en Colombia acaba con los cultivos de alimentos, causa problemas a la salud humana, contamina el agua y puede devastar hábitats amazónicos sin respetar fronteras

WASHINGTON.- La destrucción de cultivos de coca en el sur de Colombia mediante la fumigación con herbicidas químicos es una seria amenaza para las comunidades indígenas, las selvas y la vida silvestre de la Amazonía, advirtieron científicos en esta ciudad.

La fumigación mediante el herbicida glifosato es parte de un paquete de ayuda por mil 300 millones de dólares que Estados Unidos autorizó para que Colombia utilice en su lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, el uso del glifosato, fabricado por Monsanto, una trasnacional de Estados Unidos, no impide el cultivo de la coca, sostuvieron el pasado día 20 dirigentes indígenas colombianos en una conferencia de prensa en Washington.

En su lugar, el herbicida acaba con los cultivos de alimentos, causa problemas a la salud humana y contamina el agua, aseguraron. El asunto sobre los métodos para erradicar los plantíos ilícitos en Colombia ha estado en el centro de la discusión desde hace tiempo y la polémica rebasó ya las fronteras de ese país.

En Brasil, Ecuador, Perú y Bolivia los dos últimos también productores de la planta que es materia prima de la cocaína- grupos ambientalistas, científicos y sociales han alertado desde hace varios meses sobre las consecuencias que acarrearía el uso de otro herbicida, el hongo fusarium oxysporum, en la destrucción de los sembradíos de hoja de coca.

Varias comunidades colombianas, entre ellas de Putumayo y otros departamentos, como Guaviare, Meta y Caquetá, informaron que la fumigación indiscriminada con glifosato provocó enfermedades, la destrucción de pasturas y cultivos, el envenenamiento de ganado y la contaminación del agua. "La fumigación dañó los cultivos de yuca y caña de azúcar y enfermó a nuestros hijos", dijo Francisco Tenorio, dirigente de la Organización Indígena Regional de Putumayo.

Por su parte, la presidenta de la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana, Emperatriz Cahuache, exhibió un mapa que ilustra cómo las zonas cultivadas de coca y marihuana fumigadas se superponen con territorios indígenas.

"La fumigación contamina el Amazonas y destruye la selva", dijo Cahuache. Fotografías tomadas en Colombia y presentadas en la conferencia de prensa en Washington mostraron cultivos de alimentos destruidos por la fumigación junto a plantas de coca que prosperaron a pesar del herbicida.

Aunque aquellos a favor de la fumigación aérea dicen que el glifosato es tan inocuo como la sal común, Elsa Nivia, directora de la filial colombiana de la organización ecologista Red de Acción en Plaguicidas, afirma que tiene efectos tóxicos para todo tipo de plantas.

"Resulta imposible decir que este herbicida se puede aplicar de manera que no dañe al ambiente", dijo.

Un estudio de la Agencia de Protección Ambiental, un organismo estatal de Estados Unidos, reveló en 1993 que el glifosato fue la tercera de las 25 principales causas de enfermedad o lesión debido a los pesticidas en el estado de California.

En Estados Unidos, los productos que contienen glifosato tienen etiquetas que advierten a los usuarios que no deben aplicarlo en el agua.

Nivia advirtió que las consecuencias ecológicas del uso del pesticida en el Amazonas no se saben con profundidad ya que el mismo no ha sido probado en un ecosistema tropical.

David Olson, director del programa de ciencias de la conservación de la organización ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza, comparó los efectos del glifosato en Colombia con los del agente naranja utilizado por Estados Unidos en la guerra contra Vietnam.

Ambos contaminan grandes zonas de vegetación y acaban con las hojas de las plantas. Eso provoca la pérdida de hábitat de especies animales y la creciente fragmentación de los bosques.

"Desde la perspectiva de la biodiversidad mundial, la defoliación y el envenenamiento de extensas zonas de selva colombiana es como dinamitar el (palacio indio) Taj Mahal, una joya del patrimonio cultural de la humanidad", dijo Olsen. Los ecosistemas acuáticos son muy sensibles al glifosato, y los animales que los habitan, sobre todo las ranas y los insectos, serán directamente afectados, informó.

"Muchos morirán por el contacto con el herbicida. La pérdida de hábitat, alimento, refugio, humedad y nutrientes de la tierra perjudicará a todas las especies", aseguró.

La fumigación también pone en peligro la supervivencia de la gran cantidad de especies de aves en Colombia, según Luis Naranjo, director de programas internacionales de Conservación de Aves de América, un grupo ecologista estadounidense.

Un estudio sobre Putumayo confirmó que el departamento, el principal objetivo de la campaña para erradicar los cultivos ilícitos, alberga a 500 especies de aves, informó.

"A menos que se modifique la política antinarcóticos del país, nos enfrentamos a la extinción de muchos organismos que distinguen a este país", dijo Naranjo.

La fumigación aérea en Colombia no cumple el objetivo de limitar la producción de droga ni de reducir el uso de narcóticos en Estados Unidos, afirmaron los defensores de los derechos humanos y analistas de la política colombiana contra las drogas.

Aunque el gobierno colombiano fumigó cultivos de coca y amapola entre 1992 y 1999, el país sigue siendo el mayor productor de coca del mundo, según Ricardo Vargas, sociólogo de Acción Andina, una organización colombiana que investiga las consecuencias de la política antinarcóticos.

"A pesar de esta realidad, Colombia se prepara para repetir una vez más una política que fracasó en reiteradas ocasiones", dijo. Sanho Tree, investigador del Instituto de Estudios de Política, de Washington, criticó las políticas concentradas en erradicar y prohibir las drogas.

Tree mencionó un estudio del centro de investigación estadounidense Corporación RAND según el cual, en términos financieros, el tratamiento para ayudar a los cocainómanos a abandonar la adicción es diez veces más efectivo que la prohibición de la droga y 23 veces más que intentar erradicar la coca en su fuente.

"Si nuestro objetivo final es la reducción del uso de la droga, entonces deberíamos designar más recursos a los programas nacionales para el tratamiento de la adicción, donde cada dólar gastado será 23 veces más eficaz", propuso Tree.



* La autora es corresponsal de IPS.

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La erradicación se convirtió en un problema regional. En la foto, un campesino boliviano cosecha hoja de coca en la conflictiva zona de El Chapare/Tierramérica
  La erradicación se convirtió en un problema regional. En la foto, un campesino boliviano cosecha hoja de coca en la conflictiva zona de El Chapare/Tierramérica