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El Mercado del Carbono |
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Los bosques, la mejor opción
P o r R e n é C a s t r o
"Noventa
y dos por ciento del carbono capturado mediante la expansión de las áreas
protegidas y las actividades forestales en Costa Rica costaría menos de
50 dólares por tonelada"
MSAN
JOSE.- Se calcula que la mitigación del calentamiento global podría representar
alrededor del dos por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.
Ante tal cifra, resulta apremiante buscar opciones para reducir costos
y diversos estudios sugieren que hay un camino para lograrlo: la captura
de carbono a través de los bosques.
Como sabemos, la deforestación, uno de los focos rojos del panorama ambiental
global, aumenta las emisiones de carbono hacia la atmósfera y contribuye
a su calentamiento. Si se reduce la deforestación y se preservan los bosques
naturales o se incrementa la siembra de árboles, se puede capturar mayor
carbono y reducir las emisiones.
Según la literatura existente, la reducción de las emisiones en el sector
energético de los países industrializados excedería los cien dólares por
tonelada.
En contraste, el costo de la captura del carbono a través de los bosques
en Estados Unidos costaría de diez a cien dólares por tonelada, dependiendo
de la magnitud de los proyectos forestales y del creciente costo de oportunidad
de las tierras.
Pero, ¿qué pasa con los costos en los países tropicales? ¿Pueden los bosques
del mundo en desarrollo representar una opción de menor costo para reducir
las emisiones de los países industrializados? Y, ¿cómo impactaría el comercio
del carbono a los países del Sur?
El comercio de carbono puede convertirse en un mercado de compradores
donde el mundo industrializado se quede con la mayor parte de los ahorros
potenciales. O puede consolidarse como un instrumento de transferencia
de recursos financieros de los países del Norte a los del Sur. Y, por
tanto, como uno de los primeros casos exitosos de la globalización de
la economía mundial.
En una investigación realizada en Costa Rica, con base en las Areas de
Conservación de Vida Silvestre (ACVs), intentamos demostrar cómo la inclusión
de las opciones forestales de países tropicales reduciría aún más el costo
de la mitigación global, al tiempo de promover la conservación de los
bosques y el desarrollo sostenible a nivel rural.
Iniciado a principios de los años 70, el sistema de ACVs de Costa Rica
cubría en 1999 el 15 por ciento del territorio nacional. Hoy, para aprovechar
las oportunidades del mercado de carbono propuestas en el Protocolo de
Kyoto, está en proceso de ampliarse para abarcar hasta el 25 por ciento
del país.
En nuestro análisis, recogido en el libro "Los servicios ambientales de
los bosques: el caso de cambio climático", constatamos que 92 por ciento
del carbono capturado en la ampliación propuesta a las ACVs costaría menos
de 50 dólares por tonelada. Calculamos la cantidad de carbono producida
en 260 mil hectáreas de bosque tropical de Costa Rica. Para fines de comparación
con otros países y regiones, estimamos la cantidad total de carbono producida
en varios proyectos y con diferentes precios.
Los resultados señalan la importancia del comercio para ahorrar recursos
y para mitigar el cambio climático: si se establece un precio de diez
dólares por tonelada, los ACVS de Costa Rica, el estado de Wisconsin y
el delta del Mississipi estarían en disposición de vender 15, nueve y
ocho por ciento, respectivamente, de su correspondiente producción anual
de toneladas de carbono.
Según lo previsto, al aumentar el precio, cada uno de los vendedores estaría
dispuesto a ofrecer un porcentaje mayor de su carbono y en la mayoría
de los casos los proyectos de Costa Rica costarían menos que las opciones
internas de Estados Unidos.
Si se tomasen en cuenta sólo los beneficios derivados de la captura de
carbono, aún sin incluir otros servicios ambientales como proteger la
diversidad biológica o la preservación de los ecosistemas frágiles, se
podría proteger una superficie mayor de bosques.
Por ejemplo, con precios de 50 a cien dólares por tonelada, las áreas
protegidas costarricenses de La Amistad, Barbilla y Palo Verde podrían
ampliarse más de lo propuesto por los ecologistas. Y con precios cercanos
a cien dólares, parece viable el objetivo de consolidar y ampliar las
áreas protegidas hasta 25 por ciento del territorio nacional.
Además, si se pagara la captura de carbono , algunos propietarios de tierras
en Costa Rica podrían cambiar sus cultivos por actividades forestales.
No obstante, es poco probable que éstas lleguen a sustituir a los cultivos
más rentables de exportación como café, banana y piña, pero sí podrían,
en cambio, reemplazar algunas actividades tradicionales -ganadería y cultivo
del arroz- que requieren una considerable extensión de tierras.
Las cifras calculadas para Costa Rica pueden aplicarse a los países de
la red de áreas protegidas denominada Corredor Biológico Mesoamericano,
que abarcará ocho millones de hectáreas en América Central y dos millones
en el sur de México. El proyecto se basa en el concepto de que los países
del área comparten entre 60 y 80 por ciento de las mismas especies vivientes,
que tendrían mayores oportunidades de sobrevivir en grandes áreas protegidas
conectadas entre sí.
Consideramos que el mercado mundial de carbono ofrece a los países en
desarrollo y a los organismos dedicados a la conservación ecológica un
instrumento para financiar la ampliación de sus áreas ecológicamente frágiles,
y mejorar la situación económica y política de muchas de sus zonas rurales.
El mercado de carbono representa una fuente de ingresos completamente
nueva y aumentaría la rentabilidad de algunas actividades actuales, frenando
así la migración a las ciudades. Y, en el nivel político, tan fundamental,
podría además fomentar en las comunidades rurales un interés directo en
las convenciones y negociaciones globales.
* El autor es ex ministro de Ambiente y Energía de Costa Rica, el estudio
completo se puede consultar en el sitio www.cdmcentral.com
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