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Con los más pobres

Por Elena Martínez


NUEVA YORK.- México fue pionero en la Convención del Ozono, Brasil concibió el Mecanismo para el Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto, Chile lideró la Convención de Biodiversidad y Colombia llevó adelante el Protocolo de Bioseguridad.

Los países de la región protagonizaron la adopción del Plan de Acción de Buenos Aires, mientras los Estados insulares del Caribe son pioneros en las actividades de adaptación para reducir su vulnerabilidad ante los desastres naturales.

Se trata de países en desarrollo que muestran continuo interés y toman acciones concretas para preservar los bienes públicos globales.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) apoya a los países de la región en este esfuerzo por ser actores informados y activos en las convenciones globales. Por eso impulsa Tierramérica, una plataforma de comunicación y de debate sobre el desarrollo humano con el fin de crear conciencia para la acción.

En el PNUD somos conscientes de que la liberalización del comercio internacional ha ido acompañada de una polémica cada vez más polarizada en torno a sus efectos sobre los más pobres y sobre el medio ambiente.

En América Latina, de acuerdo con cálculos de la CEPAL, 220 millones de personas viven por debajo de la línea de la pobreza. Aunque existen indicios de que la liberalización de la balanza de pagos tiene efectos positivos sobre la reducción de la pobreza, pareciera más bien que sus consecuencias sobre la desigualdad son en varios casos negativas.

Tampoco es claro cómo se pueden armonizar políticas de liberalización comercial con los requerimientos estipulados en convenciones internacionales sobre el medio ambiente.

Las distintas interpretaciones llegan a traducirse en disensos que, en sus posturas más extremas, implican un rechazo tajante al libre comercio o un severo cuestionamiento de las medidas comerciales con propósitos ambientales. Así lo puso de manifiesto el fracaso de la Reunión Ministerial de Seattle en diciembre de 1999.

A pesar de la actual controversia, el PNUD mira el futuro con optimismo y apuesta por crear y diseminar el conocimiento. Instrumentos como Tierramérica enriquecen la discusión entre todos los sectores de la sociedad de la región y contribuyen a que los gobiernos logren la armonización de las políticas comerciales y ambientales para enfrentar los grandes desafíos globales, entre ellos el cambio climático.

La Convención de Cambio Climático refuerza este compromiso del PNUD por dos razones básicas. En primer lugar, porque los costos potencialmente elevados de la reducción de emisiones hacen que los créditos de emisiones negociables se conviertan en un instrumento eficiente. Si algunos países pueden reducir emisiones a un costo relativamente bajo, aumentarán los compromisos globales de reducción y la transferencia de recursos del Norte al Sur como pago por la prestación de un nuevo servicio ambiental.

La segunda razón tiene que ver con el hecho de que las poblaciones más pobres de todos los países sufrirán desproporcionadamente los impactos del cambio del clima, y no se puede permanecer impasible ante semejante problema de inequidad.

Las agencias de desarrollo se preparan para priorizar los recursos y apoyar a los más pobres y vulnerables. Porque, más allá del texto del Protocolo de Kyoto, lo que está en juego es nuestra calidad de vida para los próximos siglos.

* La autora es administradora auxiliar y directora regional para América Latina y El Caribe del PNUD.

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