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| La
cruzada insular |
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Por Ulric Trotz
Doce
países del Caribe, cuya prosperidad depende de las áreas costeras, unieron
fuerzas para enfrentar a tiempo los desafíos del calentamiento global
BARBADOS.- Pequeños Estados insulares con frágiles ecosistemas son los
principales miembros de la comunidad caribeña (CARICOM).
Su prosperidad depende de las áreas costeras, donde habita la mayor parte
de la población y se desarrolla la actividad económica.
Se trata de las zonas que albergan importantes recursos marinos, una gran
diversidad biológica y los estratégicos sectores industrial, turístico,
energético, de transporte y comunicaciones.
Las costas, con toda esta inmensa riqueza, están particularmente amenazadas
por los efectos adversos del cambio climático.
Para responder a tiempo a dichos riesgos, doce países caribeños decidieron
unir esfuerzos en un proyecto de cuatro años (1997-2001) denominado Plan
Caribeño de Adaptación al Cambio Climático Global (CPACC).
Financiado por el Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF, por sus siglas
en inglés), el proyecto es ejecutado por la Organización de Estados Americanos
(OEA) en sociedad con el Centro para el Medio Ambiente y Desarrollo de
la Universidad de West Indies, Barbados.
Por medio de la asesoría en vulnerabilidad, la planificación para la adaptación
y el fomento de capacidades, el proyecto pretende fortalecer las respuestas
ante el cambio climático a Antigua y Barbuda, Barbados, Bahamas, Belice,
Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía,
San Vicente y Las Granadinas y Trinidad y Tobago.
El proyecto, convertido en el punto de referencia en la región para cumplir
con los objetivos de la Convención de Cambio Climático, ha desarrollado
un exitoso modelo de cooperación y logrado importantes avances hacia el
establecimiento de insumos técnicos e institucionales.
Desde un punto de vista institucional, el mayor logro está en el establecimiento
de la Unidad de Implementación Regional (RPIU), y en el ámbito técnico,
resalta el diseño de una red de 18 estaciones de monitoreo climático y
del nivel de mar, que constituye el más original sistema multinacional
de su tipo en el mundo.
El proyecto cuenta además con una red computarizada que vincula la mayor
parte de instituciones nacionales y regionales, para facilitar el intercambio
de información y la diseminación de datos sobre clima.
En el marco del CPACC, se avanzó, además, en el desarrollo de un sistema
de inventario de los recursos costeros que servirá como un instrumento
importante para la toma de decisiones, y apoyó a cada país para desarrollar
sus políticas nacionales de adaptación al cambio climático.
El Plan quedó legitimado por el liderazgo político de la región. La propuesta
de que el RPIU se transforme en un Centro Regional de Cambio Climático
más allá del 2001 fue aprobada en diversos foros políticos y por los gobiernos
de los países del CARICOM en su reunión de Canouan, en julio de 2000.
El centro recopilará, analizará y divulgará información sobre cambio climático,
además de facilitar las posiciones de los países del Caribe en la Convención
de Cambio Climático y apoyar la toma de conciencia ciudadana.
Asimismo, el centro promoverá beneficios equitativos a nivel nacional
y regional a través de los mecanismos flexibles del Protocolo de Kyoto
e impulsará la investigación y el intercambio de información con América
Latina.
Actualmente, se desarrolla un programa de seguimiento al proyecto CPACC
una vez que finalice, en diciembre de 2001. Dicho programa se construirá
sobre la base del CPACC para continuar fortaleciendo la capacidad de los
países caribeños con el fin de responder a los desafíos del cambio climático.
* El autor es director de la Unidad de Implementación Regional del
CPACC.
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