El espíritu
de Río se ha perdido. Cinco años después sólo
crece silenciosamente a nivel local en comunidades que tejen proyectos
ambientales con resultados concretos y exitosos.
Es necesario
que la comunidad global lo recupere.
Resulta urgente
tomar medidas colectivas para transformar las pautas de producción
y consumo y generar alternativas energéticas que preserven
la integridad ecológica del planeta. Se trata de crear una
nueva ciudadanía global que asuma su responsabilidad frente
a las próximas generaciones. Nuestra América Latina
es hoy un continente comprometido con el futuro del planeta.