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por Gustavo
González
SANTIAGO, ene (IPS) La
globalización no ha contribuido a corregir las desigualdades
sociales existentes en América Latina, según Víctor Tokman,
director regional de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), y Emilio Klein, investigador de la misma entidad.
En un estudio difundido por la revista
de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal),
Tokman y Klein analizan los efectos de la globalización sobre
el empleo, el ingreso y la equidad, así como los cambios ocurridos
al alero del proceso globalizador en las estructuras sociales.
"La estratificación social bajo tensión
en la era de la globalización" se titula el estudio de los
expertos de la OIT, a cuyo texto completo se puede acceder
por Internet a través del sitio de Cepal (www.eclac.cl).
¿La globalización lleva a una mayor
integración social dentro de cada país o, al contrario, conduce
a la desintegración social en tanto incorpora sólo algunos
grupos a sus beneficios y excluye progresivamente a la mayoría?
Este es el interrogante clave en el análisis de Tokman y Klein.
Los autores identifican a la globalización,
las privatizaciones y la desregulación como las características
centrales del escenario que emerge en América Latina una vez
generalizadas las reformas estructurales de inspiración liberal.
El proceso globalizador es considerado
beneficioso, en tanto crea economías más abiertas y se apoya
en rápidos avances tecnológicos, lo cual optimiza la inserción
de los países latinoamericanos en la economía mundial.
Pero estos beneficios, que se consideran
obvios, resultan difíciles de identificar en sus expresiones
sociales, a la vez que su propia distribución ha tendido ha
reflejar o reproducir, en lugar de corregir, las desigualdades
existentes en la región, según los expertos de la OIT.
En teoría, los cambios propiciados por
la globalización apuntan a mejorar la productividad, incrementar
los ingresos reales de los trabajadores y, por ende, a aumentar
el bienestar general de la población.
Por la vía de la inserción en los mercados
internacionales se espera que las economías orientadas a las
exportaciones en América Latina y otras áreas en desarrollo
se concentrarán en bienes que requieren de uso intensivo de
mano de obra no calificada, lo cual aumentaría la demanda
y reduciría la brecha de este sector con los trabajadores
calificados.
Sin embargo, las diferencias existentes
entre los países en cuanto a remuneraciones y regulaciones
laborales pueden generar también una expansión de prácticas
desleales hacia los trabajadores, advierten Tokman y Klein.
Se generan así situaciones en que se
aumentan los límites a los incrementos de salarios, debido
a la necesidad de las economías periféricas de ser competitivas
internacionalmente y a las presiones internas por una mayor
flexibilidad en la disponibilidad de mano de obra.
"Este conjunto de políticas ha producido
un mayor equilibrio macroeconómico y ha mejorado la integración
internacional de los países latinoamericanos, pero sus otros
efectos son más cuestionables", señalan los investigadores.
Tokman y Klein consignan que sólo cinco
países latinoamericanos (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica
y Uruguay) han alcanzado ingresos por habitante superiores
a los que tenían en el período anterior a las crisis económicas
más recientes.
Las irregulares tasas de crecimiento
de los países y las condiciones específicas de las economías
latinoamericanas influyen en estos resultados desalentadores.
"En la mayoría de los países de América
Latina los salarios mínimos en 1999 fueron inferiores en 26
por ciento a los de 1980, pero en la industria manufacturera
aumentaron 2,9 por ciento", consignan los autores.
Los costos no salariales en los procesos
productivos se situaron en rangos de 38 a 68 por ciento de
los costos en remuneraciones. En Chile y Argentina los costos
no salariales son superiores a los de Corea del Sur, similares
a los de Estados Unidos y mucho más bajos que en los países
europeos.
Estas cifras, así como otros indicadores,
destacan la importancia del mejoramiento de la productividad
"como el elemento de principal prioridad para elevar la competitividad"
de las economías latinoamericanas, sostienen los expertos.
Otro efecto crítico de la globalización
es la creación insuficiente de empleo en relación con el crecimiento
de la fuerza de trabajo, en el cual influye la creciente incorporación
de la mujer al campo laboral. La tasa de desempleo promedio
de América Latina aumentó de 6,7 por ciento en 1980 a 8,8
por ciento en 1999.
Junto con consignar este fenómeno, Tokman
y Klein señalan que las privatizaciones han modificado la
estructura del empleo al desplazar a los trabajadores del
sector público al privado, donde especialmente las grandes
empresas aumentan la productividad mediante la reducción de
puestos de trabajo.
Como promedio, las grandes empresas contribuyen
con 17 de cada 100 nuevos empleos.
En este nuevo escenario globalizado,
la fuerza laboral se desplaza así mismo desde la producción
de bienes a los servicios. En la década del 90, la participación
de la manufactura en el empleo cayó entre cuatro y seis por
ciento en Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Perú y Uruguay.
En esta evolución se llegó a la "informalización"
del empleo, ya que 70 por ciento de los nuevos puestos de
trabajo se encuentran en el sector informal de la economía,
en el cual no se establecen relaciones contractuales.
"Dada la inexistencia de seguros de cesantía,
el desempleo es un lujo que muy pocos pueden darse" en América
Latina, señalan los autores, que advierten igualmente como
otro fenómeno nuevo la precarización del trabajo.
La globalización y las políticas que
la acompañan favorecieron a quienes se encuentran ya en los
rangos más altos de ingresos, señalan Tokman y Klein en las
conclusiones de su investigación.
Los sectores con ingresos menores sufrieron
un impacto más negativo y la clase media también vio afectado
su bienestar, tanto por el alejamiento del sector público
como por la mayor focalización de los programas sociales en
los grupos más pobres.
Existe un gran desequilibrio en las relaciones
sociales existentes, caracterizado por la alta concentración
del ingreso, lo cual parece haber desplazado los beneficios
prometidos por la globalización, indican los expertos de la
OIT.
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