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por Danielle
Knight
WASHINGTON, ene (IPS) Grupos ecologistas
condenaron el plan de Noruega de reanudar la exportación de
carne de ballena y productos derivados, en abierto desafío
a la prohibición internacional sobre la pesca de ese cetáceo.
Considerada una nación ambientalista,
Noruega es criticada por la actitud que podría provocar el
colapso de la protección internacional para todas las ballenas.
''La intención de Noruega de reabrir
el comercio de productos balleneros pone en peligro las protecciones
internacionales para todas las especies de ballenas en riesgo'',
dijo Richard N. Mott, vicepresidente del Fondo Mundial para
la Naturaleza (WWF).
La decisión, anunciada el día 16 por
los ministros noruegos de Asuntos Exteriores y Pesca, permite
a la nación reanudar la exportación de una ilimitada cantidad
de carne y grasa de la ballena noratlántica minke a Japón,
Islandia, Perú y otros países.
Desde 1986 se encuentra en vigor una
moratoria mundial sobre el comercio ballenero, negociada por
la Comisión Internacional de la Ballena, el organismo internacional
autorizado para administrar todo lo concerniente a esos cetáceos.
Las ballenas también están protegidas
por la Convención sobre Comercio Internacional de Especies
en Peligro de 1972, que prohibe el tráfico en escala mundial
de productos balleneros.
El gobierno noruego presiona desde hace
años para persuadir al resto del mundo de flexibilizar la
prohibición sobre las exportaciones bajo los dos acuerdos
internacionales. En 1993, Oslo reanudó la pesca de ballenas
minke arguyendo que sólo usaría su carne para consumo doméstico.
Desde entonces, Noruega ha pescado anualmente
ballenas minke en el Atlántico Norte usando un sistema de
cuotas de captura fijado unilateralmente. La cuota fue de
655 ballenas pero, según informó, solo cazó 487. La cuota
para el 2001 es de 549.
''Tras haber intentado --y fracasado--
debilitar la protección internacional para las ballenas, Noruega
ha optado ahora por ignorarla'', dijo Mott.
La demanda doméstica noruega de carne
de ballena es modesta por lo cual los ecologistas denunciaron
que el país intenta exportar carne y grasa de minke a otras
naciones balleneras.
El ministro de Pesca, Otto Gregussen,
dijo que el mercado principal sería Japón, otra nación ballenera,
seguido por Islandia y Perú.
Los precios japoneses para la carne de
ballena son tres veces más altos que en Noruega, según el
WWF. La diferencia en los productos derivados es todavía más
grande, dado que los noruegos no consumen la grasa ni las
entrañas.
El ministro de Asuntos Exteriores, Thorbjoern
Jagland, declaró que, como los noruegos sólo comen la carne
de la ballena minke, es un desperdicio de recursos almacenar
su grasa en congeladoras cuando hay fuerte demanda en otras
naciones.
No obstante, los ambientalistas afirmaron
que el anuncio noruego agudizó la creciente amenaza que sufren
las ballenas. El año pasado, por ejemplo, Japón aumentó la
pesca anual hasta 450 ballenas minke, e incluyó dos nuevas
especies de cetáceos: 50 ballenas de Bryde y 10 de esperma.
Japón argumenta que caza ballenas con fines de investigación
científica.
El anuncio noruego es visto como una
medida política del gobernante Partido Laborista para ganar
el favor anticipado de los electores, dado que el aumento
de las exportaciones de partes de ballena impulsará la economía
de pequeñas aldeas costeras en el norte del país, según los
ambientalistas.
Sin embargo, el WWF dijo que el anuncio
de Noruega podría haber sido fijado para que coincidiera con
la asunción el sábado 20 del presidente George W. Bush en
Estados Unidos.
Desde 1994, Noruega mantuvo un acuerdo
con el gobierno anterior de Bill Clinton para que Estados
Unidos no adoptara ninguna medida contra la pesca de ballenas
si las ventas de su carne se restringían al consumo local.
Ahora los grupos ambientalistas apuntan
a Bush para que ponga en claro que la oposición estadounidense
al comercio ballenero no ha cambiado.
Audrey Cardwell, una activista de la
organización ecologista Greenpeace, en Washington, dijo que
esta es una oportunidad para que el gobierno de Bush ''comience
con el pie derecho''.
Agregó que ''una abrumadora cantidad
de estadounidenses se oponen a la pesca comercial de la ballena
y esperan que Bush adopte una actitud firme contra ese tráfico
ilícito y destructivo''.
El ministro noruego Jagland declaró a
la prensa que no esperaba acciones parecidas por parte de
otras naciones en respuesta a la decisión de exportar productos
balleneros. ''No hay motivo para una reacción internacional'',
afirmó.
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