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FORO SOCIAL MUNDIAL: Vuelven
a soñar con un mundo mejor
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por Mario
Osava
PORTO
ALEGRE, Brasil, 31 ene (IPS) El sueño de un mundo mejor pareció
renacer en los seis últimos días en los amplios salones de
la Universidad Católica de esta ciudad de Brasil, aunque para
hacerlo realidad será necesario subvertir la economía actual
y promover una gran transferencia de ingresos del Norte al
Sur.
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En
el Foro Social Mundial (FSM) que concluyó el martes en Porto
Alegre, capital del meridional estado de Río Grande del Sur,
hubo poco espacio para realismo y ninguno para escepticismo,
pese a la fuerte dosis de utopía.
No quedaron dudas allí de que "otro mundo es posible", según
la consigna que indica rechazo a la situación actual y a la
vez el compromiso de diseñar alternativas factibles.
Las duras críticas a la visión aritmética de un mundo dominado
por las finanzas no impidieron que el éxito del encuentro se
midiera en números.
Los organizadores destacaron la presencia del doble de los 10.000
participantes previstos, la concreción de unos 400 paneles y
talleres, el debate de miles de ideas, una diversidad casi caótica
y la repercusión en centenares de periódicos de todo el mundo.
Los reclamos que alterarían el orden económico, y por eso suenan
más movilizadores, son la cancelación total de la deuda externa
del Sur en desarrollo y la imposición de la Tasa Tobin, un tributo
sobre las transacciones financieras internacionales que alcanzan
hoy a dos billones de dólares diarios.
La aplicación de ese impuesto, que recoge el nombre de su impulsor
el premio Nobel de Economía James Tobin, representaría centenares
de miles de millones de dólares cada año destinados al desarrollo
de los países pobres.
Reivindicaciones menos definidas, como un "comercio justo" y
la "deuda ecológica" que tendrían que pagar los países ricos,
contribuirían también a revertir el drenaje de recursos de los
países en desarrollo hacia el Norte, abriendo la posibilidad
de reducir la desigualdad.
Los argumentos en favor de esas medidas de impacto global se
basan en diagnósticos comunes y dramáticos. Los países del Sur
deben hoy dos billones de dólares, cuatro veces lo que debían
en 1980, aunque hayan pagado seis veces su valor inicial.
Ese proceso duplicó la diferencia entre los más ricos y los
más pobres en el mundo.
En México, 70 por ciento de los 100 millones de habitantes son
pobres y 25 millones están en la miseria absoluta, señaló el
líder opositor Cuauhtemoc Cárdenas. En todas partes, incluso
en países ricos, aumentó el desempleo, el trabajo precario y
la desigualdad social.
El Foro Social Mundial, que convocó a 4.700 delegados de 117
países, representando a miles de grupos no gubernamentales,
sindicatos, movimientos sociales y políticos, reveló varios
otros consensos en medio de la pluralidad de ideologías, intereses
y áreas específicas de actuación.
Uno de los más amplios de estos consensos fue el veto a los
productos transgénicos, porque involucra tanto a los preocupados
con los riesgos ambientales como a los defensores de la salud
de los consumidores y a los campesinos que luchan contra la
monopolización de semillas por pocas empresas transnacionales.
También el libre comercio y las privatizaciones merecieron el
repudio general, como factores de desempleo, más desigualdad
y menos acceso a los servicios públicos.
El FSM no es decisorio, sino un proceso abierto de formulación
de alternativas y articulación de acciones, que también busca
intensificar el movimiento de resistencia a la "globalización
neoliberal".
Esa resistencia se expresó en las protestas que convirtieron
reuniones del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco
Mundial y de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en grandes
operaciones policiales.
Otras propuestas de aceptación general contemplan desde abrir
las fronteras a los trabajadores a considerar agua y semillas
como patrimonio de la humanidad, por tanto libre de privatización
incluso vía compra de patente.
Pero se presentaron también caminos e ideas divergentes.
Se expresó un creciente clamor mundial contra los subsidios
agrícolas que bloquean los mercados de países ricos y deprimen
los precios de las principales exportaciones del Sur.
Sin embargo, los agricultores pobres, representados por la organización
internacional Vía Campesina, decidieron actuar contra la importación
de alimentos, que perjudica su actividad.
La "agricultura no es un negocio" y los alimentos no deben ser
tratados como mercancías, son un derecho humano, argumentaron
dirigentes del movimiento, como el brasileño Egidio Brunetto,
el hondureño Rafael Alegría y el francés José Bové.
La división entre radicales y moderados se manifestó, por ejemplo,
entre los que proponen la extinción del FMI, del Banco Mundial
y de la OMC, como el filipino Walden Bello, y los "realistas"
que defienden su reforma, como el economista brasileño Luciano
Coutinho.
La mirada más utópica de unos, con metas de larguísimo plazo,
contrasta con las urgencias de otros, como los movimientos por
la paz en Colombia.
Un ejemplo de los primeros son los defensores del Ingreso Mínimo
universal, como un derecho de todos y durante toda la vida,
rompiendo con la cultura dominante que considera que sólo el
trabajo legitima una remuneración.
Por detrás de muchos planteos sigue la dicotomía entre la vía
revolucionaria, que supone la toma del poder estatal por fuerzas
populares, y los que creen en cambios acumulativos por la profundización
de la democracia, con participación.
Todos ahora sólo se refieren a la "sociedad civil", pero ella
sigue dividida en clases, recordó el francés François Houtart.
Los franceses muestran una particular preocupación por las palabras
utilizadas y un ejemplo de ello es que se destacan por hablar
de mundialización, rechazando el término globalización.
El filósofo Patrick Viveret criticó también el uso generalizado
de "neoliberalismo" para referirse al que denomina "capitalismo
financiero e informacional".
Hay que "reconstruir el lenguaje" como resistencia a la dominación
cultural, enseñó Armand Mattelar, belga, pero también francófono.
De todos modos, el FSM fue importante por elevar el debate sobre
los problemas de la humanidad, contribuyendo a superar "la pobreza
política, que es la causa de la pobreza económica y social",
evaluó Victor Baez, dirigente de la Organización Regional Interamericana
de Trabajadores.
El aislamiento y la desinformación sobre las opciones posibles
en las sociedades en desarrollo impiden la posibilidad de participar
mejor en las decisiones que pueden reducir las desigualdades,
explicó.
Para el físico español Mario Negre Rossignoli, militante por
la abolición de "la esclavitud del siglo XX", o sea la deuda
externa, el FSM es fundamental no tanto por generar ideas, que
ya son muy numerosas, sino por "incrementar las redes, el tejido
internacional" de grupos sociales que luchan por mundo mejor.
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