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SAN FRANCISCO.- Los Juegos
Olímpicos de Invierno de 1998 en Nagano, Japón, provocaron
un verdadero desastre ecológico, según grupos ambientalistas.
"Fue el golpe más duro que sufrió el valle de Nagano
desde la última Era Glacial", dice Peter Berg, director
de la organización Planet Drum Foundation.
Las olimpiadas plantean
formidables desafíos ambientales, sobre todo en relación
con el manejo de la basura, el consumo de energía,
el transporte, el reciclaje de materiales y las grandes
construcciones que perjudican al paisaje natural.
Sin embargo, esto podría
empezar a cambiar. Los juegos de Salt Lake City, Utah,
Estados Unidos, que comenzarán el 8 de febrero del
2002 y se disputarán durante 17 días, deberán ser
los primeros Juegos Olímpicos de Invierno ambientalmente
sanos.
"Evitaremos los riesgos
de Nagano, esperamos mejorar las condiciones ambientales
y no sólo mantenerlas igual que ahora", afirmó Diane
Conrad, directora de los programas ambientales del
comité organizador de los Juegos de Salt Lake, que
se disputarán en las cumbres de la cadena montañosa
Wasatch.
Los Juegos Olímpicos de
Invierno, incluso más que los de verano, pueden causar
daños en el ecosistema, debido a que "impactan en
una área montañosa relativamente aislada y cubierta
de nieve que es abrumada por una repentina marea humana,
un tránsito monumental, un gran aumento del consumo
energético y una producción de desperdicios en una
escala inédita", señaló Berg.
"Los juegos de Nagano fueron
sucios", insistió. Los ambientalistas han denunciado
que, aún antes de que las muchedumbres llegaran a
Nagano, las plantas autóctonas y los animales silvestres
de la zona sufrieron trastornos o destrucción a causa
de las talas de bosques y de la acción de los buldozer
que nivelaban tierras para nuevas construcciones.
Los monos rojos, los halcones,
las águilas, las lechuzas y otras especies silvestres
fueron expulsadas de sus hábitats, devastados, entre
otras cosas, por 120 kilómetros de caminos nuevos.
Además, los cursos de agua
fueron envenenados por cientos de buses a diesel que
vomitaron su negro hollín sobre la nieve, mientras
que las carreteras fueron liberadas del hielo con
desmedidas cantidades de sal y de otros productos
químicos a fin de mantenerlas transitables las 24
horas del día durante las dos semanas de competencias.
Después de los Juegos Olímpicos
de Invierno de 1994 en Lillehammer, Noruega, el Comité
Olímpico Internacional (COI) adoptó ambiciosas pautas
que ponían énfasis en la protección ambiental y el
desarrollo sostenible.
Al aceptar un enfoque "activo
y dinámico" para alcanzar metas "verdes", el COI introdujo
exigencias ambientales para las ciudades candidatas
a organizar las olimpiadas.
Pero las nuevas órdenes
eran optativas, por lo que no se aplicaron en Nagano.
En Salt Lake City, por
el contrario, hay obligatoriedad para acatar reglas
ambientales. Por ejemplo, se hará uso de las pistas
ya existentes y se construirán sólo tres nuevas instalaciones.
Asimismo, dirigentes olímpicos
dijeron que en uno de los sitios de construcción de
instalaciones, planean restaurar y extender una zona
pantanosa, y, en otro, evitar la contaminación derivada
de actividades agrícolas en las cercanías del río
Provo.
Mucha gente, sin embargo,
está descontenta por la fea cicatriz causada a la
montaña en el Winter Sports Park, donde fueron construidas
pistas para los saltos con esquíes. El presidente
del Comité Organizador de Salt Lake, Milt Romney,
admitió el error.
"Ello ocurrió antes de
que yo asumiera el cargo", adujo, y sostuvo que la
falta podría enmendarse mediante una campaña de reforestación
en la arruinada ladera de la montaña.
Para Berg, esa solución
equivale a aplicar un apósito en una herida profunda.
Cree, además, que se deben tomar medidas con urgencia:
"Si los controles no se inician en febrero del 2001
no habrá suficientes datos para comparar las condiciones
ambientales de la zona antes, durante y después de
los Juegos Olímpicos del 2002", explicó el ambientalista.
"Y si no se hace así, toda
referencia a unos Juegos Olímpicos verdes será meramente
anecdótica".
El próximo invierno, los
ojos del mundo se dirigirán hacia Salt Lake -dice-
y los Juegos "deberían convertirse en un escaparate
del desarrollo sostenible".
Con este objetivo en mente,
Guard Fox Watch proporcionó al comité organizador
de Salt Lake una lista de recomendaciones que incluye
técnicas de vanguardia para la conservación de la
energía, el doble uso de los sistemas de cañerías
para reciclar las aguas servidas en las zonas de alojamiento
de los atletas, servicios de aseo ecológicos y la
subvención a vendedores de alimentos orgánicos de
producción local.
Asimismo, la instalación
de "corredores libres" a través de las pistas de competencia
para que los animales salvajes puedan moverse libremente.
Según Berg, la respuesta
de los miembros del comité ha sido menos que satisfactoria.
Después de varios meses de idas y venidas, ellos informaron
a Guard Fox Watch que carecían de los fondos necesarios
para recoger y analizar los datos de fondo requeridos
para medir los impactos ambientales durante los Juegos.
"Entonces, ¿cómo vamos
a saber si los dirigentes olímpicos han cumplido sus
promesas?", preguntó Berg.
"Aunque los datos demuestran
que han actuado por debajo de las expectativas, por
lo menos podrían decir que hicieron un esfuerzo honesto
por intentar su cumplimiento.
Hubiera sido un buen precedente
para futuros Juegos Olímpicos y para otros espectáculos
deportivos a cielo abierto", concluyó Berg.
(Copyright IPS)
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