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Las trampas del petróleo

Por Rubens Ricupero*

La época del crudo barato retrasó la búsqueda de fuentes alternativas de energía y de tecnologías más amigables con el medio ambiente

GINEBRA.- Las grandes fluctuaciones de los precios del petróleo en los últimos años reflejan el alto nivel de incertidumbre que aún caracteriza a la economía mundial. También prueban que, pese a la tan pregonada "nueva economía", seguimos tan dependientes como siempre del petróleo, en especial para el transporte.

La época del petróleo barato puede o no ser cosa del pasado. Pero es indudable que el período de precios deprimidos 1986 a 1999 incentivó la demanda del crudo en todo el mundo, desalentó nuevas inversiones en producción y refinación, y retrasó la búsqueda de fuentes alternativas de energía y de tecnologías más amigables con el medio ambiente. Estos factores incrementaron la volatilidad del mercado.

Los países en desarrollo importadores de petróleo, que enfrentan grandes gastos, deberían obtener, de parte de las instituciones multilaterales, financiación compensatoria en términos preferenciales.

El anuncio del Banco Mundial sobre la próxima disponibilidad de créditos estructurales y otros tipos de fondos de emergencia para las naciones importadoras de petróleo es un paso en la dirección correcta. De hecho, esos fondos deberían ofrecerse a todos los países en desarrollo, según su capacidad de pago.

Sin embargo, no debemos ignorar la situación de los países productores, para los cuales el petróleo, un recurso no renovable, es la principal y a veces única fuente de ingresos, además de ser su base de desarrollo. Es comprensible que esos países busquen precios estables y remunerativos para su principal producto exportable.

Está claro, por tanto, que precisamos políticas que garanticen precios justos, tanto para los productores como para los consumidores. Esta es una cuestión central en la futura agenda internacional.

Sin embargo, debe darse prioridad también a la conservación de la energía. A largo plazo, el desafío será lograr un enfoque verdaderamente global y participativo para administrar los recursos no renovables del planeta.

El continuo crecimiento económico de esta década generará un incremento en la demanda de energía, en particular de petróleo. Los principales países productores de crudo deberán invertir en la ampliación de su capacidad de producción. Y este proceso no estará exento de problemas, entre ellos dificultades financieras, volatilidad de los precios del petróleo y falta de transparencia del mercado.

La dependencia exclusiva de las fuerzas del mercado resultó inadecuada y dio lugar a asignaciones erróneas de recursos e inestabilidad en los mercados de energía. Por eso el diálogo entre los propietarios de abundantes reservas de petróleo y los coordinadores de finanzas y tecnología es ahora más importante que nunca.

El llamado de los países industrializados a una acción política coordinada tras las importantes alzas de los precios del petróleo el año pasado es bienvenido, pero contrasta con la indiferencia que esas mismas naciones demostraron ante llamados similares del Sur, afectado por la caída de los precios de los productos básicos, que en su mayoría permanecen en el deprimido nivel de 1998. Así, los países en desarrollo importadores de petróleo están en la peor situación posible: pagan más por el petróleo que importan, pero reciben menos por sus exportaciones, justo cuando la ayuda oficial para el desarrollo está en su punto más bajo en 20 años, en términos reales.

Los mercados internacionales de productos básicos deben recibir una atención continua, y no sólo cuando las fluctuaciones en los precios del crudo amenazan a las principales economías del mundo. Presionar a los países en desarrollo para que abran más sus mercados sin ofrecerles posibilidades de exportar para salir de la pobreza y el subdesarrollo refleja una visión muy estrecha. Se corre el riesgo de que esos países no puedan obtener los recursos necesarios para pagar la importación de bienes de capital y tecnología de las naciones industrializadas sin aumentar su deuda, y que sus mercados simplemente se agoten.

Tampoco es una buena idea contraer nuevas deudas que no podrán ser reembolsadas a partir de los ingresos por exportaciones. Los países menos desarrollados enfrentan el mayor desafío de nuestro tiempo: erradicar la pobreza mediante el desarrollo sostenible. Un desafío que debe ser encarado por la comunidad internacional. Desafortunadamente, el progreso realizado en las últimas dos décadas no inspira optimismo. Mientras el flujo de inversiones alcanzó niveles sin precedentes, el flujo de capitales de largo plazo a los países más pobres se redujo en la última década cerca de 40 por ciento en términos reales.

El problema se complica porque la mayoría de los países menos desarrollados, que importan petróleo y exportan productos básicos primarios, están atrapados entre los precios altos y volátiles del petróleo y los precios bajos e inestables de los productos básicos.

El deterioro de los términos de intercambio exacerbó la falta de liquidez, que a su vez desalienta las inversiones en infraestructura económica y social. Todo esto tendrá implicaciones graves para un número significativo de países muy pobres, azotados por problemas domésticos de paz y seguridad. (Copyright IPS)


* El autor es secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)

 

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