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El Sur exige reformar el comercio

Por Mike Moore*

Se requieren mayores concesiones mutuas entre el Norte y el Sur, sostiene en esta columna el director general de la OMC, quien aspira a convocar a una nueva ronda de negociaciones antes del fin de su mandato en 2002

GINEBRA.- Hay una cosa clara sobre las actuales negociaciones en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC): los países en desarrollo aspiran a una liberalización más sustancial del intercambio de los productos agrícolas que la que se consiguió en la Ronda Uruguay (Marrakesh, 1994).

Y no se espera que estas naciones se conformen con concesiones por parte del mundo industrializado sobre productos tradicionales con escaso valor agregado, como hasta cierto punto sucedió hace siete años. Lo que piden es una reforma l comercio mundial.

En el actual proceso negociador de la OMC sobre la profundización de la liberalización agrícola y de servicios, en curso desde enero del 2000, será relevante la discusión en torno a concesiones sobre productos agrícolas de zonas templadas que el Sur sí puede producir eficientemente.

Hasta ahora, el Norte ha otorgado un tratamiento preferencial a los productos tropicales exclusivos del Sur, pero mantiene barreras proteccionistas contra productos templados de esos países que competirían con los del mundo desarrollado.

La agricultura juega un papel mucho más importante en los países en desarrollo que en los industrializados. La participación de los productos agrícolas en las exportaciones totales del Sur es muy superior: 15 por ciento en Africa y 20 por ciento en América Latina en oposición al 0,1 por ciento en Japón y al 4,9 por ciento en Estados Unidos.

En muchos países en desarrollo la agricultura emplea a más de la mitad de la fuerza de trabajo, mientras que en los países industrializados se registran porcentajes muy inferiores (por ejemplo, 2,7 por ciento en Estados Unidos).

Durante décadas, los países en desarrollo han presentado demandas de mayor acceso a los mercados mundiales para sus productos agropecuarios y de condiciones competitivas más justas, sobre todo con respecto a los subsidios que emplea el Norte para proteger sus exportaciones.

Los mercados de los países industrializados no serán los únicos en la línea de fuego. Los mercados de los países en desarrollo y de las economías en transición son vías de salida cada vez más importantes para sus propios productos. En la actualidad cerca del 40 por ciento de las exportaciones agropecuarias de los países en desarrollo se destinan al mismo grupo de naciones.

Por supuesto, los países en desarrollo están preocupados por el impacto de las importaciones agresivas y subsidiadas provenientes del Norte también en sus propios mercados y ello se refleja en varias propuestas para un tratamiento especial en términos de contramedidas permitidas por el sistema de la OMC. Pero la respuesta a sus demandas no debería ser la aplicación en amplia escala de las contramedidas de salvaguardia, sino la corrección de las distorsiones en su fuente.

El Sur tienen especial interés en reducciones de los subsidios a las exportaciones y reglas más efectivas en otras formas de subsidios. Los países exportadores de productos agropecuarios, tanto del Norte como del Sur, estarán en una mejor situación cuando los precios sean determinados por condiciones competitivas de mercado más justas y no por burócratas que calculan y distribuyen subsidios a las exportaciones o por la manipulación ejercida por otros programas gubernamentales de promoción de las exportaciones.

Un punto clave en este debate es que todos los países tienen legítimas preocupaciones no comerciales en el sector agropecuario. Vale la pena recordar que la Ronda Uruguay hizo una contribución significativa al permitir a los países solucionar problemas no comerciales como los de la seguridad alimentaria, la asistencia regional y la preservación ambiental por caminos que no distorsionen el comercio.

Sin embargo, estos arreglos son vistos en apariencia, cuando no de hecho, como una respuesta favorable a los intereses de los países industrializados. La adecuación de estos arreglos desde el punto de vista de los países en desarrollo será, por consiguiente, un importante centro de atención en las negociaciones agrícolas.

Asuntos clave no comerciales para los países en desarrollo, como el alivio de la pobreza y la seguridad alimentaria, son cualitativamente diferentes de los presentados por ciertos países industrializados. Con un enfoque pragmático sería posible hacer frente constructivamente a la mayoría de los asuntos no comerciales con un mínimo de distorsión para el comercio. De ser así, se abriría un camino hacia delante, sobre todo si se produce un más amplio proceso de negociaciones en el cual se logren mayores concesiones mutuas.

(Copyright IPS)


* Mike Moore es el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

 

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Crédito: Fabricio Vanden Broek
  Crédito: Fabricio Vanden Broek

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Mike Moore en el sitio web de la OMC

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