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por Richel
Dursin
YAKARTA, mar (IPS) Los ministerios
de Agricultura y de Ambiente de Indonesia sostienen posiciones
opuestas en relación con el uso en el país de organismos genéticamente
modificados (OGM), y en especial de algodón transgénico.
El 6 de febrero, un decreto del ministro
de Agricultura, Bungaran Saragih, abrió las puertas para el
uso de OGM, al autorizar en forma limitada el cultivo de algodón
transgénico Bt DP 5690B, bajo el nombre NuCOTN 35 B o Bollgard,
en siete regencias meridionales de la isla Sulawesi o Celebes.
Pero luego el ministro de Ambiente,
Sonny Keraf, se alineó con organizaciones no gubernamentales
(ONG) ambientalistas que se oponen al cultivo de OGM hasta
que se demuestre que son inocuos para los seres humanos y
el ambiente.
La producción textil es una de las mayores
fuentes de ingresos no petroleros del país, pero el algodón
que se emplea para ella es en gran parte importado, ya que
la planta no crece bien en naciones tropicales de la región
como Indonesia, Filipinas, Malasia y Tailandia.
Se supone que las cosechas de algodón
transgénico rinden dos o tres toneladas por hectárea, mientras
las variedades locales que se cultivan en la actualidad rinden
sólo unos 400 kilogramos por hectárea.
"Los agricultores que emplean algodón
transgénico pueden aumentar sus ganancias entre 263 y 315
dólares por hectárea", aseguró Azikin Solthan, funcionario
de la regencia de Bantaeng, en Sulawesi Meridional.
Keraf y las ONG ambientalistas sostienen
que "no están por completo en contra de la biotecnología",
pero que el país debe ser cauteloso en relación con los OGM.
"Todo estará bien si se prueba que los
productos transgénicos son seguros, pero hasta que eso se
pruebe insistiremos en el principio de ser precavidos. Si
luego hay problemas, la historia recordará que hicimos todo
lo posible para proteger al público", dijo el ministro de
Ambiente.
Cinco ONG procuran en la actualidad la
anulación del decreto del Ministerio de Agricultura que autorizó
el uso de algodón transgénico en Sulawesi.
"Ese decreto viola el principio precautorio
de la conservación ambiental, cuya implementación no es posible
si no se escucha a la opinión pública", alegó Hira Jhamtani,
una dirigente de la ONG Consorcio Nacional para la Conservación
de los Bosques y la Naturaleza (Konphalindo).
El Konphalindo, el Centro Indonesio de
Leyes Ambientales, la Fundación Indonesia de Consumidores,
la Red Indonesia de Acción contra los Pesticidas y la Fundación
de Consumidores de Sulawesi Meridional presentarán una demanda
ante la Corte Administrativa del Estado si el decreto no ha
sido revocado el 14 de este mes.
"La cuestión de los OGM debe transformarse
en un debate público que permita establecer por consenso nacional
el tipo de OGM que en realidad necesitamos, e incluso si en
realidad necesitamos OGM", opinó Jhamtani.
"Existe una gran interrogante acerca
de la necesidad de emplear transgénicos, porque en la actualidad
se realizan pruebas con una variedad indígena de algodón que
da muy buenos resultados en Sulawesi Meridional. Pero el gobierno
no ha proporcionado semillas de esa variedad a los agricultores",
señaló.
"El impulso al uso de transgénicos en
Sulawesi es sólo un asunto de política comercial", sostuvo
por su parte Keraf, en aparente referencia al interés en plantar
algodón Bt por parte de la firma agroquímica PT Monagro Kimia,
subsidiaria de la transnacional Monsanto.
Monsanto, con sede en Estados Unidos,
es la segunda productora de semillas y la tercera compañía
agroquímica del mundo. En los últimos años ha desarrollado
diversos OGM, entre ellos una variedad de soja que resiste
el cultivo en terrenos tratados con ciertos herbicidas químicos.
Monagro ya plantó y cosechó algodón
transgénico en 500 hectáreas de las regencias de Bantaeng
y Bulukumba, en Sulawesi Meridional. Parte de esa producción
fue exportada y el resto se distribuyó en mercados locales.
Solthan anunció que el gobierno local de Bantaeng impulsará
el desarrollo de plantaciones de algodón transgénico para
lograr cosechas de máxima calidad, y enfatizó que no existe
evidencia científica de que el uso de ese OGM sea perjudicial
para el ambiente.
"Si somos demasiado rígidos en la aplicación
del principio precautorio, el resultado será contraproducente",
opinó a su vez Antonius Suwanto, investigador de Instituto
Agrícola Bogor y del Centro Regional de Biología Tropical
del Sudeste Asiático.
"Lo importante es que el país necesita
dominar la biotecnología para administrar su biodiversidad,
que es una de las mayores del mundo", arguyó.
"Si no logramos anticipar el desarrollo
de las tendencias tecnológicas, seremos consumidores en vez
de ocupar una posición de vanguardia como la que alcanzamos
en la microelectrónica y la tecnología de computación", agregó.
El decreto que permitió el uso de algodón
transgénico en Sulawesi "violó varias leyes", entre ellas
la que garantiza el derecho popular a información y participación
en decisiones sobre asuntos ambientales, apuntó Achmad Santosa,
fundador y ex director ejecutivo del Centro Indonesio de Leyes
Ambientales.
Tampoco se realizó un estudio del impacto
ambiental que puede causar el uso de OGM, exigido por otra
ley, señaló.
Santosa admitió, sin embargo, que el
país carece de un marco legal integral y adecuado para regular
el uso de OGM, "nuevo y aún bastante desconocido en Indonesia",
añadió.
La única norma aplicable es un decreto
de 1999 acerca de la seguridad de los alimentos y otros productos
naturales, pero ese decreto no abarca las cuestiones del etiquetado,
el estudio de impacto ambiental, la administración del riesgo
y la necesidad de consentimiento informado previo por parte
de los consumidores.
"Mientras no se establezcan regulaciones,
el gobierno debe imponer una moratoria de los ensayos y cultivos
de OGM", apuntó Jhamtani.
El Ministerio de Ambiente prepara un
proyecto de decreto de regulación que incluya las normas del
Protocolo de Cartagena sobre Biodiversidad, que aún no ha
sido ratificado por Indonesia.
Keraf dijo que espera que la redacción
de ese proyecto esté terminada "en abril o en mayo".
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