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BUENOS AIRES.- Los vientos
parecen soplar a favor de la energía eólica en Argentina,
un país que, pese a tener un gran potencial para desarrollar
esa tecnología limpia y cada vez más competitiva,
se resistía a hacerlo.
El grupo Enarsa, de las
empresas españolas Endesa y Elecnor, anunció en febrero
que en junio comenzará la primera fase de un plan
de inversión de 2 mil 250 millones de dólares en 10
años para construir parques eólicos en la austral
Patagonia, donde la fuerza de los vientos duplica
la potencia promedio en Europa.
Los parques de generación
eólica serán creados en las provincias de Chubut,
Neuquén y Río Negro, con una producción de 3 mil megavatios
hora en 2010. La potencia instalada en Argentina permite
generar 15 mil megavatios hora de fuentes convencionales.
España, junto con Alemania
y Estados Unidos, es uno de los países líderes en
el uso de esta tecnología. La producción eólica es
superior en España a 12 por ciento de la generación
eléctrica total.
Argentina, con condiciones
naturales favorables y sin ayuda estatal, está en
tercer lugar en América Latina en la producción de
esta energía renovable, después de Costa Rica y Brasil,
dos países con menos ventajas iniciales, pero en los
que hay inversión pública en el sector eólico.
"El potencial de Argentina
en materia de energía eólica supera el consumo total
de este país de 37 millones de habitantes", aseguró
el jefe de campaña de energía de Greenpeace, Juan
Carlos Villalonga.
Villalonga intenta convencer
desde mediados de los años 90 a empresarios y gobierno
de que el uso de tecnología eólica no requiere la
participación de inversores de riesgo, pues el recurso
natural es de primera calidad y los costos están en
baja.
La energía eólica, que
creció en promedio más de 20 por ciento por año, fue
una de las tres actividades de rápida expansión en
los años 90, destacó el representante de Greenpeace.
Las otras son la telefonía celular y la industria
de Internet.
De todos modos, Villalonga
se manifestó cauto respecto de la realización inmediata
de las obras en la Patagonia, pues los problemas de
la economía argentina en los últimos meses no dan
tranquilidad a los inversores.
Un programa presentado
por Greenpeace hace tres años parece hecho a la medida
del plan de inversión español. La organización solicitó,
en primer lugar, una ley nacional para estimular la
inversión en energía eólica. Luego, leyes provinciales
articuladas con la norma nacional y, por último, la
conexión del sistema eléctrico nacional con el circuito
de producción eólica que ya opera en las provincias
patagónicas.
La ley de alcance nacional
fue promulgada en 1998 y reglamentada en febrero de
este año. La red eléctrica del sur está aislada y,
por lo tanto, aumentar la oferta no sería negocio
para los inversores, si la electricidad producida
no ingresa en el circuito de distribución nacional,
que es alimentado por fuentes convencionales. La energía
eólica producida se destina hasta ahora sólo a ciudades
patagónicas, para atender entre 12 y 50 por ciento
de la demanda.
Por esa razón, Greenpeace
celebró la decisión oficial de reglamentar la ley
eólica, que fue seguida en marzo por un anuncio clave.
El presidente Fernando de la Rúa prometió a las provincias
patagónicas que se realizará la interconexión esperada
con la red del resto del país.
"Los costos de la (energía)
solar son todavía altos, pero los de la eólica están
muy cerca del costo de la energía del gas. La palabra
ahora la tienen los empresarios", concluyó Villalonga.
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