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Grandes Plumas

Una conquista indígena

Por Marcos Terena*

Las etnias, las grandes mudas de la historia, tienen ahora la palabra en un foro permanente de la ONU, sostiene aquí el dirigente brasileño

RIO DE JANEIRO.- A fines de los años 70 diversos líderes indígenas oriundos de las más distantes partes del mundo salieron de sus aldeas y descubrieron un nuevo camino para la defensa de sus derechos.

Los primeros pasos que dieron en los corredores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) resultarían decisivos para sus pueblos, a los que durante siglos les fueron negados derechos básicos en nombre de la nueva civilización, el desarrollo y la modernidad.

Año tras año otros líderes indígenas siguieron sus huellas, reuniéndose a los pies de las montañas de Ginebra, donde tiene su sede la Comisión sobre Derechos Humanos de la ONU.

Allí, comenzaron a cuestionar el rol de las grandes potencias económicas y el sentido de la "civilización" y la "modernidad". Lo hacían sin rencor pero con clara conciencia de que será necesario modificar muchos prejuicios para que a los indios, los primeros ecologistas del planeta, se les reconozca como aliados en la construcción del futuro y en la búsqueda de un mundo mejor.

Una gran conquista se obtuvo en 1982, cuando la ONU decidió la creación de un grupo de trabajo sobre los pueblos indígenas, con una programación anual en Ginebra, donde casi mil líderes deliberaban y reclamaban recursos, medidas legales y políticas para la protección de sus derechos, el acceso a la tierra, a la salud, a la cultura, la preservación de sus lenguas y sus religiones.

En 1993, se instituyó el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, y el Premio Nóbel de la Paz otorgado a la dirigente indígena de Guatemala, Rigoberta Menchú.

Posteriormente se declaró la Década Internacional de los Pueblos Indígenas en el marco de ONU para el período 1995-2004.

El último gran paso se logró en octubre del 2000, cuando el Consejo Económico y Social de la ONU aprobó una recomendación de 1993 de la Conferencia Mundial de Viena de los Derechos Humanos y creó el Foro Permanente sobre los Asuntos Indígenas.

La importancia del Foro reside en que es un organismo subsidiario y asesor del Consejo Económico y Social, y que es la primera vez que la ONU decide el establecimiento de una instancia específica para pueblos (es decir, comunidades sin representación gubernamental).

Integran el Foro 16 miembros, 8 designados por los gobiernos y 8 por las comunidades indígenas; este año efectuará la primera reunión plenaria con la finalidad de programar sus actividades.

Este proceso de reconocimiento progresivo de los derechos de las comunidades tuvo altibajos, ya que durante las negociaciones algunos gobiernos actuaban en contra de las comunidades sin motivo justificado, quizás por temor a lo desconocido o por ignorancia.

Pero los líderes indígenas sacaron de su visión cósmica la fuerza necesaria para contrarrestar el proyecto colonizador del hombre blanco, que pretendía suprimir su mundo.

El hombre moderno ha construido con sus tecnologías avanzadas una civilización fría, que le ha inculcado una sonrisa triste, quizás por la imposibilidad de alcanzar el soñado futuro feliz.

Ese hombre está paralizado por contradicciones que le incapacitan para responder a las demandas crecientes que plantean la destrucción ambiental, las guerras y los pueblos hambrientos que con sus llagas representan la explotación y el deterioro de la vida.

Esa civilización está ahora ante un callejón sin salida y requiere aprender a escuchar los mensajes indígenas sobre la riqueza (ecológica y económica) para mejorar la calidad de su vida. Esto no sucede. Hasta ahora el diálogo entre las distintas civilizaciones ha sido casi inexistente.

En este sentido, el Foro Permanente no debe ser visto como una concesión unilateral de los gobiernos a nuestros pueblos. Es una conquista indígena y es, asimismo, una instancia donde podemos dar nuestra contribución al diálogo multicultural y a la necesaria reformulación de la ONU para hacerla más representativa.

En ese marco se debe reconocer el papel de los que, como nosotros, hemos sido tratados siempre como los grandes mudos de la historia.

El movimiento que comenzó su caminata hace ya más de 20 años inicia el siglo XXI con un estatuto de reconocimiento de parte de la ONU y se dispone a escribir una nueva página en la historia de los pueblos indígenas.

(Copyright IPS)


* Marcos Terena, indígena del Pantanal brasileño, es el Coordinador General de los Derechos Indígenas en la Fundación Nacional del Indio, órgano del gobierno federal brasileño, y miembro del Consejo Editorial de Tierramérica.

 

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Niña maya, México.
 
Niña maya, México.
Crédito: Claudio Contreras