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El incendio tuvo focos en tres
parajes de la provincia de Salta, en la selva de Yungas, cruzada
por el gasoducto Norandino, construido por una empresa belga
y una argentina para suministrar energía al norte de Chile.
Los ductos se quebraron por las fuertes lluvias y hubo fugas
de gas que encendieron el fuego.
"Los pobladores vieron un resplandor
de noche y avisaron al hospital y a los bomberos. Al día siguiente,
un consejero bajó a pie la montaña, a la vera del río San
Andrés, para pedirnos que avisemos a la empresa", relató a
IPS Serafina Sánchez, encargada de la radio de la comunidad,
en el distrito salteño de Orán.
Sánchez es presidenta de la organización
Tincu Nacu, que en lengua colla significa "lugar de encuentro".
Desde su sede maneja la radio y administra el dinero que les
dieron los constructores del gasoducto a cambio de "permiso"
para atravesar la selva de Yungas.
Esta selva, cuyo nombre significa
"abundancia" en lengua colla, cubre unos tres millones de
hectáreas en el noroeste argentino y el sur de Bolivia. En
Argentina, abarca las provincias de Jujuy, Salta, Catarmarca
y Tucumán.
Pero es en la zona montañosa de
Salta donde se concentra la mayor biodiversidad.
"El ecosistema de Yungas es el
segundo de mayor diversidad biológica del país después de
la selva misionera al noreste", explicó Emiliano Ezcurra,
de la organización ambientalista Greenpeace Internacional.
A su vez, en esa zona existe un
corredor biológico, un área crítica de conservación que fue
atravesado por el gasoducto.
El proyecto había despertado una
fuerte oposición en 1998, tanto de Greenpeace como de los
collas residentes representados por Tincu Nacu, y más particularmente
por Sánchez.
La comunidad, que hace años clama
por la propiedad de esas tierras, está integrada por unas
350 familias de la zona de alta montaña.
Los ambientalistas recomendaban
entonces desviar el gasoducto del corredor biológico o suspender
la obra. Pero el consorcio -- integrado por la siderúrgica
argentina Techint y la firma belga Tractebel-- consideró que
por Yungas se acortaba el camino y se ahorraban costos. Así
comenzó la polémica.
Greenpeace y la Fundación Vida
Silvestre sostienen que en Yungas sobrevive una de las dos
únicas familias de yaguareté (tigre americano), especie con
apenas unos 200 ejemplares sobrevivientes. También alberga
gran variedad de tucanes, monos, ocelotes, ranas, pumas e
insectos.
La Fundación asegura que 60 por
ciento de las aves que habitan en Argentina se concentran
allí, y que, de acuerdo con un estudio del Ministerio de Cooperación
Alemana que data de 1993, "en un solo árbol de Yungas puede
encontrarse más variedad de hormigas que en un país europeo".
Tanto los expertos en ambiente
como los indígenas advirtieron, además, acerca de las alteraciones
que podía sufrir el ecosistema debido a las obras que requirieron
de una intensiva tala. De hecho, el incendio de este mes es
atribuido a esos procedimientos.
"Cuando se deforesta la selva,
el suelo queda muy frágil y es proclive a deslizamientos provocados
por la lluvia y la crecida del río San Andrés", explicó a
IPS Oscar Soria, de Greenpeace. Prueba de ello es que, cuando
llueve, el gasoducto aflora a la superficie pese a estar enterrado
a tres metros de profundidad.
Tincu Nacu filmó hace nueve meses
tramos de gasoducto que están sobre la superficie, porque
el agua arrastra la tierra que lo cubre, dijo Sánchez. Este
mes, a raíz de las fuertes lluvias, el río creció arrasando
con piedras y árboles que --se presume-- habrían roto el caño
en al menos tres sitios.
Cuesta Chica, Cuevas y Trancas
fueron las tres zonas en que se observaron focos de incendio,
que no causaron daños de gran magnitud porque el clima es
húmedo en esta época y porque las válvulas se cerraron de
forma automática cuando comenzó el fuego.
"Siempre dijimos que no era el
lugar adecuado para esta obra. El río es muy caudaloso y nosotros
sabemos que desde hace siglos se producen crecidas y aludes.
Por eso habíamos tratado de conseguir que se desvíe (el gasoducto),
aunque sea sacrificando parte de la selva", remarcó Sánchez.
El consorcio evitó dar a conocer
el incendio, hasta que Greenpeace --alertado por Tincu Nacu--
difundió la información. "Les habiamos advertido que su programa
de impacto ambiental no contemplaba medidas de emergencia
efectivas para una zona de difícil acceso", sostuvo Soria.
Ahora, las usinas de Mejillones
y Tocopilla, en la zona minera del norte de Chile, permanecen
sin gas a causa del incendio. Ingenieros de Norandino reconocieron
que la reparación podría demorarse debido a las dificultades
para llegar a la zona, ubicada en un barranco de unos 30 metros
de profundidad.
Justamente, el hecho de que el
incendio se hubiera desatado en un hueco impidió la propagación
del fuego. Pero los pobladores tienen miedo. "Es como vivir
junto a una bomba de tiempo", explicó Sánchez. Hay personas
viviendo a apenas 500 metros del lugar donde se produjo el
incendio y que ya no duermen de noche.
En 1998, Greenpeace había solventado
la compra de dos acciones de la empresa belga Tractebel a
nombre de la presidenta de Tincu Nacu, quien se presentó ante
la asamblea de la compañía en Bruselas y, con asistencia de
un traductor, dejó sentada su queja por el impacto ambiental
del gasoducto.
Sánchez dijo entonces a los accionistas
de Tractebel que Techint les había ofrecido 350.000 dólares
para que desistieran de su reclamo. Finalmente aceptaron cobrar
el dinero.
"Cuando vimos que harían igual
el gasoducto, con apoyo nuestro o sin él, decidimos firmar
un convenio por el cual la comunidad les otorgaba un permiso
para que el gasoducto pase por nuestras tierras, a cambio
del dinero", explicó Sánchez.
"También firmamos una cláusula
para un pago extraordinario si había daños", agregó.
El dinero no se usó hasta ahora
en obras para mejorar la calidad de vida de la comunidad.
"Lo tenemos depositado a plazo fijo porque no hemos definido
aún que destino queremos darle, y tampoco tenemos mucha experiencia
sobre cómo manejar esa cantidad", reconoció la mujer.
Mientras, el gasoducto, finalizado
en 1999, se convirtió en un dolor de cabeza para los pobladores.
Sánchez se siente engañada. "Nos dijeron que trabajaban con
la última tecnología y con todas las medidas de seguridad,
pero fíjese que llovió un poco fuerte y casi se prende fuego
la selva", remató.
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