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El lanzamiento de la campaña coincide
con la asamblea anual de los accionistas de Starbucks, en
la ciudad de Seattle. Starbucks Coffee Company es la mayor
cadena de tiendas de café del mundo.
"Los manifestantes llamarán la
atención hacia el uso de ingredientes manipulados genéticamente
en los productos de Starbucks, así como su negativa a promover
y elaborar el café según las normas del Comercio Justo", declararon
los grupos, entre ellos la Asociación de Consumidores Orgánicos,
Amigos de la Tierra y el Centro para la Salubridad Alimentaria.
El movimiento por el Comercio Justo
tiende a ofrecer salarios dignos a los pequeños agricultores
que deben competir con los grandes productores de café, garantizándoles
un precio mínimo de 2,8 dólares por kilogramo.
Además, el movimiento promueve
la agricultura orgánica y sustentable, y otorga créditos para
cooperativas de agricultores.
Esta semana, activistas de Estados
Unidos y Canadá entregarán folletos "educativos" a los clientes
de Starbucks fuera de las tiendas, exigiendo que la compañía
deje de usar la hormona recombinante bovina del crecimiento,
granos de café manipulados genéticamente y otros componentes
transgénicos en sus productos.
Los activistas aprovecharán la
creciente preocupación de los consumidores estadounidenses
por los alimentos que contienen ingredientes alterados genéticamente.
En Europa y Japón, la resistencia
de los consumidores ha hecho que los supermercados quitaran
los alimentos transgénicos de sus estanterías o los hicieran
etiquetar.
Se estima que cerca de 10 por ciento
de las vacas lecheras de Estados Unidos reciben inyecciones
de la polémica hormona recombinante bovina elaborada por la
compañía Monsanto, que les hace producir más leche.
Los científicos aún no se ponen
de acuerdo acerca de los efectos a largo plazo de los productos
transgénicos sobre la salud, y la Administración de Alimentos
y Fármacos de Estados Unidos no exige su etiquetado.
Sin embargo, la hormona recombinante
bovina del crecimiento está prohibida en Canadá y Europa.
En 1999, la Asociación Médica Británica solicitó una suspensión
de los alimentos y cultivos manipulados genéticamente, por
considerar que serían inseguros para la salud humana o el
ambiente.
En respuesta a las protestas programadas
para esta semana, Starbucks declaró que tiene escaso control
sobre los ingredientes de sus productos, porque hasta 70 por
ciento de los alimentos vendidos en los supermercados de este
país y más de 95 por ciento de la leche pueden contener organismos
transgénicos.
"Dado que Starbucks no produce
esos ingredientes y no tiene control sobre ellos, no está
en condiciones de asegurar inmediatemente que puede ofrecer
productos libres de transgénicos", declaró el presidente de
la compañía, Orin Smith, en una carta a los activistas.
Los manifestantes también denunciarán
la situación de los trabajadores de plantaciones de café de
todo el mundo, cuyos ingresos se redujeron todavía más por
la reciente caída en el precio de ese producto básico.
El precio del café alcanzó su punto
más bajo en ocho años el pasado octubre, cuando cayó a 1,34
dólares por kilogramo, frente a un costo promedio de producción
cercano a dos dólares por kilo.
"Es indignante que Starbucks se
niegue a promover y elaborar el café en el marco del Comercio
Justo", manifestó Ronnie Cummins, director nacional de la
Asociación de Consumidores Orgánicos.
Cummins también lamentó que la
compañía no cumpla con su promesa de mejorar los salarios
y las condiciones de trabajo de "los miles de trabajadores
pobres que cultivan el café de sus proveedores".
El café del Comercio Justo se vende
ampliamente en Canadá desde hace tres años, y en Europa desde
hace 10, pero sólo entró al mercado estadounidense a fines
de 1999.
Starbucks prometió el pasado abril
que comenzaría a vender granos de café del Comercio Justo
en sus cafés, tres días antes de una serie de protestas programadas
en 30 ciudades de todo Estados Unidos.
Pero la compañía todavía no avanzó
lo suficiente hacia el cumplimiento de sus compromisos, y
sólo ofrece café del Comercio Justo en paquetes, y no en sus
productos elaborados, que son los de mayor venta, según los
activistas.
"Apreciamos sus esfuerzos en representación
de los consumidores, los cultivadores de café y el ambiente",
escribió Smith en su carta a los organizadores del boicot.
"Sin embargo, si realmente desean
resolver esos problemas, en lugar de protestar contra Starbucks
los exhortamos a reunirse con nosotros para discutir esas
cuestiones en detalle y trabajar de manera conjunta", agregó.
El café es uno de los productos
básicos de mayor valor del mundo y la segunda importación
de Estados Unidos después del petróleo, destacó la organización
no gubernamental Global Exchange (Intercambio Mundial), que
vigila el comercio del café.
Los estadounidenses consumen cerca
de 20 por ciento de todo el café producido en el mundo, lo
que convierte a Estados Unidos en el mayor consumidor de ese
producto, resaltó la organización.
Sin embargo, pocos estadounidenses
son conscientes de las malas condiciones de trabajo de los
cultivadores de café, señaló Medea Benjamin, directora de
Global Exchange.
"Esperamos que algún día todos
los estadounidenses consideren inaceptable comprar algo producido
a expensas de la dignidad humana o el ambiente, y que los
comercios ofrezcan a los consumidores una amplia variedad
de productos del Comercio Justo", añadió.
El café certificado como producto
del Comercio Justo beneficia actualmente a 500.000 familias
de agricultores de 20 países, y un aumento en la demanda estadounidense
del producto incrementaría notablemente esa cantidad.
"Esta campaña contra Starbucks
continuará hasta que satisfaga todas nuestras demandas. Si
es necesario, la extenderemos a Europa y Asia", advirtió Cummins.
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