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Brasil: Tráfico de animales resiste la represión

por Mario Osava

RIO DE JANEIRO, abr (IPS) La escasez de informaciones y cierta tolerancia social dificultan en Brasil la represión contra el tráfico de animales silvestres, un negocio mundial de 10.000 millones de dólares.

Un ejemplo de ello es lo ocurrido con el alemán Marc Baungarten, detenido por primera vez en 1997 en el aeropuerto de Río de Janeiro por intentar embarcar de regreso a su país transportando 112 arácnidos.

Baungarten, quien fue puesto en libertad rápidamente, fue apresado al año siguiente en Belem, capital del norteño estado de Pará, por haber enviado otras 42 arañas por correo.

Sin embargo, el 10 de marzo pasado la policía lo sorprendió de nuevo con cinco de esos animales, esta vez en Curitiba, en el sur de Brasil, pero igual siguió libre.

La impunidad es la norma en este país, en parte porque no circulan informaciones entre las distintas autoridades para poner fin a ese tipo de reincidencias, lamentó Dener Giovanini, director general de la Red Nacional Contra el Tráfico de Animales Silvestres (Renctas), organización no gubernamental brasileña.

Traficantes como Baungarten, evidentemente un proveedor de laboratorios interesados en venenos que sirven de materia prima a productos farmacéuticos, juegan con la falta de coordinación y determinación represiva.

El tráfico de animales constituye el tercer mayor comercio ilegal del mundo, superado sólo por el de drogas y el de armas, según expertos. Sin embargo, no despierta un esfuerzo proporcional de combate, como un delito ambiental, no vinculado a la violencia criminal.

El traficante de animales alemán llegó a justificar su actividad con el argumento de que enviar los arácnidos al exterior es una forma de protegerlos de la negligencia brasileña respecto de su fauna.

Otro tipo de comerciantes ilegales abastece un amplio mercado mundial, que convierte en domésticos los animales silvestres y exóticos, principalmente originarios de los países tropicales y destinados a los países industrializados de América del Norte, Asía y Europa, apunta Renctas.

Brasil, con su enorme biodiversidad, es uno de los grandes proveedores. Su participación es estimada en por lo menos 10 por ciento del comercio mundial, es decir 1.000 millones de dólares.

El Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama), organismo ejecutor de la política ambiental, comenzó en marzo una nueva campaña contra el comercio ilegal interno y externo de la fauna.

La preparación de esa ofensiva comprendió la elaboración de un mapa que identifica las fuentes, rutas y destinos de los animales preferido por el contrabando.

La campaña, que ya permitió incautar principalmente aves vendidas en ferias informales diseminadas por el país, trata de sofocar el tráfico en su origen, las áreas de conservación ambiental donde se concentra la fauna, explicó Hamilton Casara, presidente del Ibama.

Casara explicó que tratan de persuadir a las comunidades locales para que interrumpan la caza de animales destinados a la venta.

El funcionario prometió ofrecer alternativas a esa actividad, ya que se trata de una fuente de ingresos para una población muy pobre.

Los cazadores reciben una suma insignificante ante el precio, hasta cien veces superior, que obtienen los traficantes en el exterior.

El mirlo, un pájaro de plumas negras, puede ser comprado a unos 150 dólares en los mercados sureños de Brasil y venderse a 13.000 dólares en Estados Unidos, aseguró Giovanini.

Sin embargo, las utilidades no son proporcionales, ya que las pérdidas son también elevadas. De cada 10 animales capturados, nueve mueren durante el transporte, explicó el director general de Renctas para destacar la perversidad del tráfico.

El transporte se hace en condiciones a veces incompatibles con la vida, ante la necesidad de ocultar el objeto del comercio ilegal. Así, muchos de los animales son llevados anestesiados para no denunciar su presencia en cajones o maletas.

Aeropuertos, carreteras y pasos fronterizos son blancos del combate contra el tráfico de animales, para lo cual se movilizan la policía, las autoridades tributarias y la administración de los puertos y de los correos.

El Ibama buscará también que el parlamento eleve de tres a cinco años de prisión la pena más fuerte a ese delito, anunció Casara.

Uno de los problemas que afrontan las autoridades es la poca colaboración de la población en la represión, por la costumbre en prácticamente todo el mundo de acoger animales en el hogar, en especial aquellos de mayor belleza natural.

La población, además de desconocer los daños ambientales, ignora también que el tráfico aumenta el riesgo de la diseminación de virus y otros microorganismos peligrosos para la salud humana, observó Giovanini.

Los animales sacados de los bosques pueden ser portadores de enfermedades graves, como la fiebre amarilla, provocada por un virus presente en los monos y transmitida por el mosquito Aedes Aegypti.

La fiebre amarilla, que en Brasil estaba limitada a la Amazonia, se expandió al oeste del estado de Minas Gerais, en el centro del país.

En algunos casos, los animales no son afectados normalmente por tales microorganismos, pero el estrés de la captura y el transporte reduce su capacidad inmunológica y los hace más vulnerables.

Eso aumenta el riesgo de contagiar seres humanos y de mutaciones en virus que pueden así hacerse más agresivos, advirtió el dirigente de Renctas, organización que prepara un banco de datos sobre el tráfico de animales silvestres.

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