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En ese caso, "no es claro si tendría
sentido continuar (con las negociaciones) porque el Protocolo
se convertiría en un ejercicio exclusivamente europeo", agregó
el funcionario internacional, Jan Pronk, quien este fin de
semana presidirá en la ONU negociaciones que calificó de "cruciales".
No obstante, "en lo que a mí respecta,
(el Protocolo de) Kyoto sigue vivo", declaró Pronk, tras una
reunión este miércoles con el subsecretario de Estado de Estados
Unidos Richard Armitage, en Washington.
Pronk agregó que este fin de semana
se discutirán propuestas alternativas presentadas por él sobre
puntos que causaron un estancamiento en la última ronda de
las negociaciones del Protocolo, celebradas en noviembre en
la ciudad holandesa de La Haya.
El objetivo de las propuestas alternativas,
sobre el uso de los bosques como créditos a cambio de emisiones,
es atraer a esos tres países e, indirectamente, también a
Estados Unidos, agregó.
Pronk, quien también es ministro
de Ambiente de Holanda, dijo en reunión con la prensa que
aún no cree que el gobierno de George W. Bush vaya a retirarse
del Protocolo, a pesar de los anuncios que hiciera Washington
en ese sentido el mes pasado.
"Las palabras 'Kyoto está muerto'
ya no se escuchan más. Creo que fueron prematuras", señaló
tras su reunión con Armitage, en referencia a las declaraciones
que habría hecho la asesora nacional de seguridad de Bush,
Condoleezza Rice, a una delegación de la Unión Europea (UE).
Pronk dijo que es esencial que
otros países participantes en las negociaciones sean incluidos
por Washington en un proceso de revisión de la situación del
cambio climático que este país inició hace dos semanas.
Así mismo, planteó la necesidad
de que dicha revisión concluya antes de la próxima ronda de
negociaciones del Protocolo, prevista para julio, en Bonn,
para que otros países puedan preparar su respuesta.
Que dicha revisión no haya concluido
antes de la reunión en Nueva York este fin de semana es "una
lástima, porque los demás países están esperando", señaló.
Pronk agregó que está dispuesto
a organizar una reunión similar en junio para que el gobierno
de Bush presente sus conclusiones en una reunión semejante
ante unos 50 de los países participantes en el tratado.
El Protocolo de Kyoto, adoptado
con el apoyo del gobierno de Bill Clinton, requiere que 38
países industrializados reduzcan sus emisiones de gases invernadero
5,2 por ciento por debajo del nivel de 1990 para 2008-2012.
Los gases invernadero son producidos
por la quema de combustibles fósiles, como el carbón y el
petróleo, y la mayoría de los científicos creen que son los
responsables de acelerar el recalentamiento de la atmósfera
terrestre en el último siglo.
El último informe del Panel Internacional
sobre Cambio Climático de la ONU (Organización de las Naciones
Unidas) señaló en enero que las temperaturas promedio de la
superficie terrestre podrían elevarse hasta 5,8 grados para
2100 si no se modifican las tendencias de emisión actuales.
Eso tendría consecuencias catastróficas,
sobre todo para los países más pobres que serán los más perjudicados
por el cambio climático.
El Protocolo prevé la futura inclusión
de los países en desarrollo en un régimen de reducción de
las emisiones de todo el mundo.
Como las emisiones por habitante
de los países ricos superan 20 veces a las de los países pobres,
y como casi todos los gases invernadero actuales se originaron
en el Norte industrializado, no se espera que el Sur en desarrollo
se comprometa a reducir sus emisiones hasta que la primera
etapa del Protocolo se haya aplicado con éxito.
La participación de Estados Unidos
es especialmente importante porque es la mayor fuente de gases
invernadero del mundo, con 25 por ciento de las emisiones.
Por eso "sería un gran retroceso
si los países se retiran de las negociaciones multilaterales
porque se produzcan cambios en el régimen", dijo Pronk, en
referencia a Estados Unidos.
La decisión de Bush irritó a la
UE, que inmediatamente envió una delegación de alto nivel
a Washington para exigir una explicación, y a otras capitales,
como Beijing, Moscú y Tokio, para recabar apoyo al Protocolo.
En una carta dirigida en marzo
a cuatro senadores contrarios al Protocolo, Bush señaló que
el tratado "causaría graves daños a la economía de Estados
Unidos", un punto que reiteraría a la prensa dos semanas después.
En la misma carta señaló que la
exclusión de los países en desarrollo de la reducción de las
emisiones es injusta y que el conocimiento científico sobre
las causas del recalentamiento planetario es "incompleto".
Sin embargo, ante la reacción europea,
Washington prometió asistir a la reunión de Bonn. De hecho,
las declaraciones que hiciera Bush en marzo tuvieron lugar
después de una enérgica campaña de parte de compañías del
carbón y el petróleo y de la derecha política, filosóficamente
opuesta a la regulación estatal.
Aún no se sabe cuál rumbo tomará
el gobierno, pero algunos sectores poderosos, incluso empresas
de energía, químicos y automóviles --como BP Amoco, Royal
Dutch/Shell, Ford, Enron y DuPont-- además de la UE y grupos
ecologistas, pretenden que Bush dé marcha atrás.
Estas compañías, que tomaron medidas
para limitar las emisiones de sus fábricas, temen que sus
productos pierdan competitividad en Europa y otros mercados
extranjeros que adopten normas de producción más rigurosas
para cumplir el Protocolo de Kyoto.
La semana pasada, un grupo de ejecutivos,
especialistas de energía y ex funcionarios de política exterior,
reunidos por el oficialista Consejo de Relaciones Exteriores,
pidió al gobierno que realice una "revisión integral" del
Protocolo y abogó por "un mayor compromiso de Estados Unidos
con respecto al recalentamiento planetario".
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