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Diez años después de Río

Por Thalif Deen*

Los resultados de la Cumbre de la Tierra celebrada en 1992 en Río de Janeiro serán evaluados el 2002 en Sudáfrica. Y una pregunta ronda los preparativos para ese encuentro mundial: ¿cuan efectivas fueron las convenciones ambientales acordadas hace una década?

NUEVA YORK.- El mundo se prepara para analizar el estado del medio ambiente global, a una década de la célebre Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992).

Y una pregunta en particular ronda los preparativos de la nueva cita que, denominada “Río Más Diez”, tendrá lugar en septiembre del 2002 en Sudáfrica: ¿cuán efectivas han sido las tres convenciones resultantes de Río?.

Aparte de la Agenda 21, un plan de acción global dirigido a integrar ambiente y desarrollo en la economía mundial del siglo XXI, la Cumbre de la Tierra adoptó tres instrumentos globales: la Convención sobre la Diversidad Biológica, la Convención sobre el Cambio Climático y la Convención de Lucha contra la Desertificación.

Sin embargo, a pesar de estos tratados, el calentamiento global continúa siendo una grave amenaza ambiental, los recursos biológicos se están extinguiendo cada vez más, y la sequía y la desertificación amenazan la vida de más de mil millones de personas en el planeta.

En un reporte a mediados de marzo, el secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan presentó un estado de la situación de la biodiversidad global.

“Pese a los continuos esfuerzos de la comunidad internacional, la pérdida generalizada de la biodiversidad continúa y, por tanto, el estatus de biodiversidad, en términos de especies, hábitat y ecosistemas, no ha mejorado significativamente en la mayoría de naciones”, advirtió Annan.

La Convención sobre la Diversidad Biológica se ha constituido en el principal instrumento para el logro de los objetivos del uso y conservación sostenibles de los recursos biológicos, estipulados en el capítulo 15 de la Agenda 21.

Durante los últimos nueve años, se registraron varios avances: el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres, la Convención sobre la conservación de especies migratorias de animales silvestres, la Convención sobre humedales de importancia internacional y la Convención para la protección del patrimonio mundial cultural y natural.

Sin embargo, Annan considera que la mayoría de países ha experimentado grandes limitaciones debido, entre otras cosas, a la falta de “nuevos y adicionales recursos financieros” que fueron prometidos durante la Cumbre de la Tierra.

En materia de biodiversidad, una de las prioridades de la comunidad global en las próximas décadas es, según Annan, frenar la crisis de la extinción.

De acuerdo a la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Mundial para la Naturaleza, UICN, 11 mil 46 especies están en peligro de extinción en el mundo y 816 ya se han extinguido.

Entretanto, una evaluación de la Convención sobre la Lucha contra la Desertificación, que entró en vigor en 1996, tendrá lugar en Ginebra a inicios de octubre próximo.

Hama Arba Diallo, secretario Ejecutivo de la convención, confía en que se está reconociendo la dimensión global de la desertificación ya que ésta, junto con la sequía, amenaza la vida de más de mil millones de los seis mil millones de personas en el mundo.

“Hemos escuchado muchas declaraciones positivas. Pero lo que esperamos ahora son acciones concretas”, dice Diallo, quien aduce que la implementación de la Convención se ha retrasado a causa de la falta de fondos.

Los pedidos de mayores recursos se remontan a octubre de 1994 cuando se suscribió formalmente la Convención en París. Luego de su adopción en 1996, el entonces ministro de Algeria Cherif Rahmani advirtió que “una convención sin los medios adecuados y sin compromiso real estaba condenada al fracaso”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, ha advertido que el planeta pierde al año más de siete millones de hectáreas de tierra cultivable debido a la degradación del suelo. Según FAO, la desertificación es un síntoma de pobreza, subdesarrollo e inseguridad alimentaria. Y sus tres principales causas son el sobre-pastoreo, la deforestación y las prácticas agrícolas destructivas.

Quizás la más significativa de las tres convenciones es la de Cambio Climático. Pero ésta sufrió su más duro revés tras el anuncio de la nueva administración de Estados Unidos de que no ratificará ni participará en la convención, cuyo protocolo operativo se adoptó en Kyoto, Japón, en 1997.

El grupo de los 77, la más grande coalición del mundo en desarrollo con 133 naciones, criticó la postura de Estados Unidos. “Para ser franco, es un mensaje triste y decepcionante de parte de la nueva administración republicana en Washington hacia la comunidad internacional”, dijo el embajador iraní Bagre Asadi, presidente del Grupo de los 77.

Asadi criticó fuertemente a Estados Unidos por haber tomado una decisión unilateral sobre un tratado que fue aprobado en un encuentro global.

El Protocolo de Kyoto marcó un hito ya que las naciones industrializadas se comprometieron a adoptar límites de emisión de gases de efecto invernadero, que amenazan con provocar cambios catastróficos en el clima planetario.

“El Protocolo de Kyoto es un instrumento internacional válido y no negociable”, según Asadi.

Estados Unidos, que representa sólo el 4 por ciento de la población mundial, emite alrededor de 25 por ciento de los gases de efecto invernadero del orbe. Según el Protocolo, tendría que reducir para el año 2012 sus emisiones de dióxido de carbono, metano y otros contaminantes en un 7 por ciento por debajo de los niveles de 1990.

El presidente George W. Bush dijo en marzo que si tuviese que escoger, apostaría a proteger la economía más que el medio ambiente.

El Partido Republicano, que ha recibido de la industria petrolera y energética millones de dólares en contribuciones de campaña, está determinado a apoyar a las grandes empresas en su batalla contra el medio ambiente.

La sexta Conferencia de las Partes (COP6) de la Convención de Cambio Climático se reunió en La Haya en noviembre de 2000, pero no se pudo llegar a un acuerdo para que entre en vigencia el Protocolo de Kyoto. Una reunión de seguimiento está prevista para mediados de julio próximo en Bonn.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, dijo que el cambio climático puede costar al mundo más de 300 mil millones de dólares cada año, si no se hacen urgentes esfuerzos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero.

En la próxima Cumbre de Sudáfrica, dijo Kofi Annan, los líderes del mundo tendrán la oportunidad de tomar en serio su papel en la protección del medio ambiente. “Pero no deben esperar hasta entonces, insistió, nuestro desafío inmediato es el Protocolo de Kyoto”.

* El autor es corresponsal de IPS.


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Sitio ONU: Río+10

Hacia la Cumbre del 2002

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