|
La explosión, en el actual Estado independiente
de Ucrania, liberó unas 500 veces más radiación que la bomba
atómica arrojada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa
de Hiroshima en 1945, mató en el acto a 31 personas y propagó
una nube de humo radiactivo sobre gran parte de Europa.
Alrededor del sitio del accidente hay
un área contaminada de unos 30 kilómetros cuadrados, y los
tres países que sufren peores consecuencias son Ucrania, Rusia
y Belarús.
La radiación lanzada a la atmósfera fue
culpada por decenas de miles de muertes por cáncer y por el
notorio aumento de enfermedades genéticas en esos tres países
desde 1986.
Siete millones de habitantes de Ucrania,
Belarús y Rusia, incluidos tres millones de niños, padecen
aún efectos secundarios del desastre nuclear y necesitan tratamiento
médico, afirmó la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
el año pasado.
El principal obstáculo para paliar las
consecuencias del accidente ha sido la escasez de los recursos
aportados por la comunidad internacional, que dejó la cuestión
librada en gran parte a los esfuerzos de las tres naciones
más afectadas, las cuales tienen importantes problemas económicos.
Las estadísticas sanitarias de Ucrania,
Belarús y Rusia muestran el aumento de enfermedades relacionadas
con la exposición a radiactividad, y el riesgo de cáncer de
tiroides se multiplicó por 10 para los ucranianos desde 1986.
Ucrania tiene 50 millones de habitantes,
y unos 3,2 millones de ellos han sido afectadas por el accidente,
incluyendo a un millón de niños. Las víctimas mortales han
sido 167.653. En ese país se ha registrado también un importante
descenso de la natalidad, y la mortalidad infantil casi triplica
el promedio europeo.
Tras el desastre, los casos infantiles
de cáncer de tiroides en Belarús se multiplicaron por 33,5,
informó el miércoles el viceministro de Salud de ese país,
Vladimir Orekhovsky, en una entrevista difundida por televisión.
La contaminación causada por el accidente
en Rusia afecta a unos 57.000 kilómetros cuadrados de territorio,
en los cuales viven tres millones de personas, señaló el mismo
día el funcionario sanitario ruso Guennady Onischenko.
Unos 184.000 rusos sufrieron consecuencias
de la radiactividad, en especial quienes trabajaron para paliar
las consecuencias del desastre, y las víctimas mortales fueron
unas 10.000, añadió.
Este jueves se realizaron ceremonias
de conmemoración en el Memorial de Chernobyl en Kiev, en la
principal catedral de la Iglesia Ortodoxa de Rusia y en el
cementerio de Mitino, cercano a Moscú.
El presidente de Ucrania, Leonid Kuchma,
visitó el área donde se produjo la explosión, y su par de
Belarús, Alexander Lukashenko, se hizo presente en el área
de ese país que resultó contaminada.
En diciembre, las autoridades ucranianas
desactivaron el tercer reactor nuclear de la central, que
era el último que permanecía en funcionamiento. El primero,
instalado en 1977, fue desactivado en noviembre de 1997, y
el segundo no fue reparado luego de que su edificio de turbinas
se incendió en 1991.
La estructura construida para aislar
el cuarto reactor, a la cual se conoce como "el sarcófago",
está en malas condiciones, y funcionarios de la central temen
que un nuevo desastre libere en la atmósfera cientos de toneladas
de polvo radiactivo letal.
"No pienso que el sarcófago pueda manetenerse
íntegro hasta 2005", declaró este jueves a periodistas del
canal de televisión NTV Valentin Kupnyi, subdirector de la
central y responsable del mantenimiento de esa estructura.
En el área cercana a Chernobyl se diseminaron
1,5 millones de toneladas de material radiactivo.
El secretario general de la ONU, Kofi
Annan, declaró el miércoles que los efectos del accidente
aún afectan a millones de personas, y que la comunidad internacional
"debe hacer mucho más" para cooperar con las tareas humanitarias
en curso en la región.
"El legado de Chernobyl acompañará a
nuestros descendientes por varias generaciones", enfatizó.
Organizaciones no gubernamentales (ONG)
rusas e internacionales mantienen un programa llamado "Solidaridad
con la Infancia de Chernobyl", mediante el cual se han pagado
vacaciones fuera del país de unos 16.000 niños y niñas desde
1986.
La Oficina de las Naciones Unidas para
la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) enfatizó en
una declaración dada a conocer el miércoles que el impacto
humanitario total del desastre aún no se conoce, ya que pueden
pasar varios años más antes de que algunas víctimas presenten
síntomas.
Belarús, Rusia y Ucrania no deberían
cargar por sí solos con la responsabilidad de afrontar la
crisis, apuntó el director de la OCHA, Kenzo Oshima, quien
es también coordinador de la ONU de la Cooperación Internacional
con Chernobyl.
Las tareas relacionadas con las consecuencias
del desastre consumen 20 por ciento del presupuesto de Belarús,
10 por ciento del de Ucrania y uno por ciento del de Rusia,
según Yablokov.
El grupo coordinador de agencias de
la ONU que cooperan con Chernobyl, de 19 integrantes, y varias
ONG asisten a personas afectadas por la radiactividad, estudian
el impacto ambiental y sanitario del accidente y aportan apoyo
técnico a tareas de descontaminación, administración de residuos
peligrosos y mejora de la seguridad de instalaciones nucleares.
El programa original, lanzado por la
ONU en 1997, era más ambicioso, pero fue recortado en forma
considerable por escasez de fondos.
Pese a la dolorosa lección de Chernobyl,
Rusia se dispone a permitir la importación comercial de residuos
nucleares.
"Durante los últimos años, las autoridades
a cargo del sector nuclear han tratado de convencernos de
que es hora de olvidar a Chernobyl, pese a la posibilidad
de que millones de personas que aún no han nacido sean afectadas
por auqle desastre" dijo Alexei Yablokov, ambientalista e
integrante de la Academia de Ciencias Rusa.
La semana pasada, el parlamento ruso
anuló la prohibición legal de almacenar o enterrar en el país
por períodos prolongados materiales radiactivos provenientes
de otras naciones, que regía con la excepción de los materiales
procedentes de países que hubieran comprado centrales nucleares
rusas.
La reforma legislativa fue impulsada
por el Ministerio de Energía Nuclear, que espera obtener ingresos
por valor de 20.000 millones de dólares mediante el negocio
de reprocesar combustible nuclear usado.
El ex ministro de Energía Nuclear, Yevgeny
Adamov, afirmó en una engrevista divulgada a comienzos de
este mes que el desastre de Chernobyl fue un "incidente técnico
menor", y que quienes aún se quejan por las víctimas del accidente
deberían "ser enviados a hospitales psiquiátricos".
Inicio
|