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El sector de petróleo, gas y minería
constituye un "peligro claro y real" para el trabajo de la
agencia, según un informe de la rama del Grupo que atiende
al sector privado, la Corporación Financiera Internacional
(CFI), parte del cual fue difundido sin autorización de la
agencia.
Los redactores del informe atribuyeron
tal peligro a la "preocupación mundial acerca de la sustentabilidad
inherente de las industrias extractivas".
El documento también cuestiona la electricidad
en base a fuentes no renovables de energía, como la generada
por centrales a carbón, dada la "gran evidencia de la aceleración
del recalentamiento mundial" y el "clamor internacional por
acciones contra" los gases invernadero, a los que se atribuye
el fenómeno.
En ambos casos, el informe sugiere que
el CFI debe hacer más esfuerzos respecto de estas preocupaciones,
aunque no establece recomendaciones específicas al respecto.
La mayoría de los científicos atribuye
el recalentamiento planetario a la creciente presencia en
la atmósfera de gases invernadero, en especial dióxido de
carbón, producidos por la quema de combustibles fósiles como
petróleo, gas y carbón.
El último estudio científico internacional
sobre el recalentamiento mundial advierte que la emisión continua
de gases invernadero podría elevar la temperatura promedio
de la superficie de la Tierra hasta 5,8 grados centígrados
al finalizar el siglo XXI, con potenciales consecuencias catastróficas.
El impacto del cambio climático, de acuerdo
con científicos, será al parecer mayor en los países tropicales,
en muchos de los cuales el Banco Mundial y sus organizaciones
asociadas alientan el desarrollo de los sectores de petróleo
y gas.
El documento filtrado es parte de una
revisión de la actividad de la CFI y el Banco Mundial sobre
industrias extractivas, cuya primera etapa concluirá en las
próximas semanas con la difusión de un "memorándum formal",
dijo un portavoz del organismo que, sin embargo, prefirió
no confirmar la autenticidad del informe.
"Nos comprometeremos en lo sucesivo
en una discusión constructiva sobre estos asuntos con participación
de una amplia variedad de interesados externos" al Grupo del
Banco Mundial, agregó.
Organizaciones de activistas perciben
el documento como evidencia de que el Banco Mundial comienza
a luchar a brazo partido contra las inversiones en esos sectores.
El año pasado, sólo la CFI aprobó 644
millones de dólares en créditos destinados al petróleo, el
gas y el carbón, una parte sustancial de sus préstamos totales
por 5.800 millones de dólares.
"Tenemos evidencia de que el Banco Mundial
reconoce que, si bien estas industrias son una de las principales
fuentes de ingresos y ganancias, también son una de las más
problemáticas para su imagen y para el ambiente", dijo Daphne
Wisham, analista del Instituto de Estudios Políticos, grupo
que obtuvo el informe.
La preocupación del Banco no es ajeno
a la creciente toma de conciencia acerca del impacto de las
industrias extractivas en el recalentamiento mundial y en
el ambiente, así como en los propios países en desarrollo.
A medida que se expandía la economía
mundial durante la década pasada, creció con rapidez la necesidad
de productos básicos, en especial en el sector energético.
En consecuencia, las empresas petroleras
y mineras se vieron empujadas a explotar regiones remotas,
que habían permanecido relativamente inalteradas por las sociedades
e industrias modernas.
Esas compañías hicieron pesar sus reclamos
ante los gobiernos para exigir seguridad en sus operaciones
frente a los intereses de las poblaciones locales, un modelo
que desató graves violaciones de derechos humanos en países
en desarrollo, entre ellos Birmania, Colombia, Indonesia,
Nigeria y Sudán.
Muchos de esos proyectos ocasionaron
graves daños a ecosistemas delicados, algunos de ellos únicos
en el planeta.
Grupos de derechos humanos y ambientalistas
como Amnistía Internacional, el Sierra Club, Amigos de la
Tierra y Human Rights Watch, entre otros, ejercieron una presión
sin precedentes contra esas empresas en procura de respeto
a los derechos de las poblaciones locales y para frenar los
abusos de las autoridades.
Las empresas también son presionadas
por los ambientalistas para que incrementen sus inversiones
en fuentes renovables de energía, como la solar o la eólica,
en lugar de insistir con los combustibles fósiles no renovables
como el petróleo, el carbón, el gas, que agravan el recalentamiento
mundial, según expertos.
La empresa petrolera más grande del mundo,
ExxonMobil, por ejemplo, deberá hacer frente en su próxima
reunión anual de accionistas una resolución, promovida por
Greenpeace, que la acusa de confundir a sus accionistas al
minimizar los riesgos del recalentamiento de la Tierra.
Otras compañías también deben considerar
una mayor inversión en energías renovables.
El Grupo del Banco Mundial se descubrió
a sí mismo en medio de esta polémico por varias razones. Se
trata de la mayor fuente de ayuda al desarrollo para el mundo
pobre, y, como tal, determina qué sectores de esos países
merecen su apoyo.
En muchos casos, el petróleo, el gas
y la minería pueden ser los de más fácil explotación y los
más atractivos para la inversión extranjera.
En efecto, un segundo informe preparado
para una reunión de directores de la CFI celebrada en diciembre
afirma que "el petróleo, el gas y la minería tuvieron la más
alta recuperación de capital según las previsiones específicas"
de 26,6 por ciento entre todos los sectores de la cartera
de la institución.
Otro argumento a favor del apoyo del
Banco Mundial a los proyectos de extracción en el mundo en
desarrollo es que el petróleo, el gas y el carbón siguen siendo
las fuentes más baratas de energía, mucho más que las fuentes
renovables, necesarias para el desarrollo económico de esos
países.
Por último, el Grupo del Banco Mundial,
en particular la CFI, también actúa como catalizador de la
inversión de compañías privadas, entre ellas algunas de las
mayores petroleras del mundo. De no ser por el apoyo o las
garantías de la CFI, estas empresas no se interesarían en
inversiones de gran escala.
"En muchos casos, estos grandes proyectos
no avanzarían sin la ayuda del Banco Mundial", dijo Wysham.
Las agencias de crédito para las exportaciones de los países
ricos también aportaron cientos de millones de dólares para
promover la inversión en petróleo, gas y carbón en el mundo
pobre, explicó la experta.
Desde la firma en 1992 de la Convención
sobre Cambio Climático, primer norma internacional contra
el recalentamiento mundial, el Grupo del Banco Mundial invirtió
unos 15.700 millones de dólares en proyectos de petróleo,
gas, carbón y de generación eléctrica con fuentes de energía
no renovables en todo el mundo, calculó Wysham.
En ese mismo periodo, el Grupo invirtió
apenas 1.000 millones de dólares en proyectos relacionados
con fuentes renovables y en proyectos de generación eficiente
de energía.
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