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El ganado en tiempos de aftosa

Por Marcelo Jelen*

"Fue un suplicio terrible. Salir al campo y no ver ni un animal era espantoso, fue como un huracán", declaró un ganadero en Uruguay, país en pie de guerra contra la enfermedad que amenaza una fuente de recursos esencial para su economía.

MONTEVIDEO.- Una semana terrible comenzó el lunes 23 de abril para el ganadero Raúl Martínez Fonseca. Aquel día, las autoridades de Uruguay hallaron animales enfermos de aftosa a mil 500 metros de su hacienda en el departamento de Soriano, fronterizo con Argentina.

Tres días después, funcionarios del Ministerio de Ganadería tasaron los 900 vacunos, 30 ovejas y tres cerdos de Martínez Fonseca, para calcular la indemnización por sacrificio compulsivo, una medida preventiva conocida en Uruguay como "rifle sanitario".

Su ganado fue arreado el viernes 27 al sitio del sacrificio. Al día siguiente, los funcionarios comenzaron a cavar la fosa donde las reses serían incineradas y enterradas para matar el virus, que infecta a animales de pezuña hendida, pero sólo excepcionalmente a seres humanos.

El domingo 29, cuando la matanza era inminente, el gobierno cambió su estrategia: el rifle sanitario no detenía la epizootia y fue dejado de lado, para abrir paso a la vacunación del ganado.

La fiebre aftosa se propagó en sólo dos semanas a casi todos los departamentos de Uruguay. El país fue puesto en pie de guerra, y las exportaciones de carne fueron suspendidas. Estas suman 500 millones de dólares anuales, la cuarta parte del total del país y más que las ventas de carne de Gran Bretaña, donde desde febrero resuena el rifle sanitario.

Pero la ganadería es algo más que una fuente de recursos. Con 3,3 millones de habitantes que consumen en promedio 1,2 kilos de carne por semana, Uruguay tiene 10 millones de vacunos y 13 millones de ovinos, y su historia y tradiciones están ligadas al desarrollo de esa actividad productiva.

Martínez Fonseca logró salvar su rebaño. Aquella semana se sacrificaron en Soriano dos mil animales. "Fue un suplicio terrible. Salir al campo y no ver ni un animal era espantoso. Fue como un huracán", declaró el ganadero a Tierramérica.

Uruguay, que se precia de producir "la mejor carne del mundo", como dijo el presidente Jorge Batlle ante sus pares americanos en Québec, Canadá, se había librado oficialmente de la aftosa en 1994, tras cuatro años sin detectarse ningún caso.

La aparición en octubre de un foco en el septentrional departamento de Artigas, fronterizo con Brasil, fue resuelto en pocas semanas con el sacrificio de 21 mil reses.

Ese fue el precio para conservar la calificación de "país libre de aftosa sin vacunación", otorgada por la Organización Internacional de Epizootias, radicada en París, que abre los mercados del Norte industrializado, los de mejores precios.

Pero la actividad de Artigas se detuvo. Más de la mitad de sus 40 mil habitantes dependen de forma directa de los 2 mil ochenta establecimientos rurales del departamento, señaló a Tierramérica el presidente de la Asociación Agropecuaria local, Sergio Araujo.

"El campo no está vendiendo prácticamente nada. Y en Artigas, si no anda el campo, no anda el carpintero, ni el panadero ni nadie", advirtió Araujo.

Ahora, con el rebrote , 6 mil 500 obreros de frigoríficos (mataderos) han dejado de trabajar. Tienen vacaciones adelantadas, o perciben el subsidio de desempleo, como algunos de los trabajadores que quedaron cesantes en los dos últimos años a causa de la recesión económica general.

Las autoridades prohibieron el movimiento de ganado y la carne de exportación volvió a las cámaras frigoríficas, para ofrecerse al consumo interno. El episodio en Artigas fue atribuido al contrabando de animales desde Brasil, y la crisis comenzada en abril, al contagio desde Argentina.

El virus de la aftosa es transmitido entre animales, incluso silvestres, como jabalíes y ciervos axis, presentes en gran parte de Uruguay. Viaja en el calzado y la ropa de las personas, ruedas de vehículos, herramientas de trabajo y hasta en el agua fluvial, el viento y las patas de las aves.

Los militares restringieron el tránsito en carreteras y caminos, para rociar los vehículos con solución de ácido cítrico o acético, carbonato de sodio, yodo o formol, y algunas localidades quedaron aisladas.

En el departamento de Cerro Largo, vecino de Brasil, los ganaderos instalaron controles en los caminos y pagaron la desinfección de su bolsillo, dijo a Tierramérica Raquel Saravia, presidenta de la organización de pequeños y medianos hacendados Fucrea.

Las autoridades también cerraron transitoriamente las escuelas cercanas a los brotes, donde miles de niños y niñas reciben la principal comida diaria. Se prohibieron en las zonas afectadas espectáculos deportivos, carreras de caballos y ferias, y en las puertas de algunas discotecas fueron tendidas alfombras sanitarias.

Mientras, la inmunización del ganado continúa. Las dosis son importadas, porque la producción nacional fue interrumpida hace ocho años, como lo exigía el estatuto de país libre de aftosa sin vacunación. El gobierno paga el costo de la vacuna, que por ahora no alcanza para inocular a todas las reses.

El triunfo obtenido en 1994 después de combatir durante décadas la aftosa, ha quedado anulado. Deberán pasar al menos cuatro años, hasta la renovación del plantel ganadero, para recuperar los mercados perdidos.

* El autor es corresponsal de IPS.




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Enlaces Externos

IICA-Saninet: fiebre aftosa en el mundo

Uruguay-Comunicados oficiales sobre fiebre aftosa

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