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Una bomba de tiempo

Por Vandana Shiva*

Los campesinos y las comunidades costeras y de pequeñas islas son las principales víctimas del cambio climático, aunque no tienen la responsabilidad de haber provocado este fenómeno, sostiene la biotecnóloga Vandana Shiva

NUEVA DELHI. - El fuego ha sido primordial para la evolución de la especie humana y para muchas religiones del mundo. Pero cuando el fuego transitó de las chimeneas a los hornos industriales y cuando los motores a combustión se convirtieron en la fuerza impulsora de la producción, el comercio y el transporte, el fuego dejó de ser el gran purificador y pasó a ser el gran contaminador.

Desde entonces, el dióxido de carbono (CO2) producido por la actividad humana comenzó a superar la capacidad del planeta para absorberlo.

Ahora, la inestabilidad climática (inundaciones y sequías y cada vez más frecuentes oleadas de calor e inviernos extremos) es resultado de la contaminación atmosférica causada por las regiones más ricas del mundo y por la gente más pudiente.

Desde 1950, Estados Unidos ha contribuido al cambio climático con 186 mil 100 millones de toneladas de CO2, la Unión Europea con 127 mil 800 millones, China con 57 mil 600 millones y la India con 15 mil 500 millones.

Desde 1850 hasta mediados de 1990, el nivel global de CO2 en la atmósfera subió de 280 a 360 partes por millón (PPM). A medida que aumenta ese nivel, cada vez más calor es atrapado por las moléculas de CO2 y se eleva la temperatura del planeta, lo que, a su vez, provoca el cambio climático.

En 1988, los delegados de 50 países reunidos en la primera Conferencia Internacional sobre Cambio Atmosférico resolvieron dar los pasos necesarios para enfrentar el problema, que amenaza la vida en el planeta.

En junio de 1992, en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, 132 jefes de Estado aprobaron el Convenio Marco sobre Cambio Climático, un mecanismo de negociación para promover el acuerdo entre todas las naciones sobre el tema. Más de 160 países lo ratificaron.

En diciembre de 1997, los delegados a la Convención sobre el Cambio Climático se reunieron en Kyoto, Japón, para establecer objetivos y calendarios para la reducción de las emisiones de gases invernadero.

Lamentablemente, el grupo de presión de la industria petrolera obstruyó la concreción de los compromisos aprobados. Una de las primeras cosas que hizo en marzo pasado el presidente George W. Bush al asumir el cargo fue declarar que Estados Unidos no apoyaría el acuerdo de Kyoto y que abandonaría su promesa electoral de limitar las emisiones de CO2 de las plantas eléctricas. Su razonamiento: "Nuestra economía se ha hecho más lenta. Nosotros también tenemos una crisis energética y la idea de colocar tapones a las emisiones de CO2 no tiene sentido económico."

Pero, ¿tiene sentido económico amenazar la vida de millones de personas y destruir un inmenso patrimonio?.

El Global Commons Institute calcula que para 2005 el daño provocado por el cambio climático puede alcanzar 200 mil millones de dólares y, para 2050, 20 billones de dólares, que equivale al valor de todos los bienes y servicios que produce la humanidad. Por eso, las compañías de seguros están tomando muy en serio el tema del cambio climático.

Sin embargo, las principales víctimas del fenómeno son quienes menos responsabilidad tienen en haberlo provocado: las comunidades costeras, los habitantes de pequeñas islas y los campesinos.

Las pequeñas islas saben que el ascenso del nivel del mar los condena a la extinción. Teburoro Tito, Presidente de Kiribati (en el océano Pacífico) describe así su situación: somos “como unas hormigas que se albergan en una hoja que flota en un charco donde los elefantes acuden a beber y a retozar. El problema no reside en la conducta de las hormigas, sino en cómo establecer normas que obliguen a los elefantes a ser más respetuosos."

La metáfora es eficaz para ilustrar la injusticia que impera en materia ambiental, pero el cambio climático también amenaza la supervivencia del elefante.

Washington debería darse cuenta de que su negativa a restringir sus emisiones podría tener efectos desastrosos también en su propio país. El aumento del nivel del mar amenazaría la Costa Este de Estados Unidos y los estados de la Costa Golfo de México, es decir, Florida, Alabama, Mississippi, Lousiana y Texas.

Autoridades ambientales de Estados Unidos calculan que un aumento del nivel del mar de unos 60 centímetros suprimiría de 17 a 43 por ciento de tierras pantanosas en el país, y la sequía podría liquidar a la agricultura en el medio-oeste norteamericano.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, IPCC, predice un incremento promedio de las temperaturas globales de 1,5 a 6 grados centígrados para 2100. Asociado con los cambios en la temperatura, el nivel del mar, según se prevé, subirá de 15 a 95 centímetros en el mismo período. Los efectos de estos fenómenos serían catastróficos para la humanidad. Debemos actuar ahora para evitarlos.

(Copyright IPS)

* Vandana Shiva, biotecnóloga, escritora y activista




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Crédito:  Fabricio Van Den Broek
 
Crédito: Fabricio Van Den Broek