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Argentina y Brasil impulsan santuario

Por Marcela Valente*

Las ballenas serían protegidas en una zona especialmente demarcada del Atlántico Sur si prospera la propuesta auspiciada por países sudamericanos ante la Comisión Internacional. El objetivo es impedir la caza por parte de naciones con intereses comerciales.

BUENOS AIRES.- Argentina y Brasil acordaron apoyar juntos una iniciativa para crear un santuario ballenero en el Atlántico Sur, de manera de prohibir la caza comercial de esos mamíferos entre el Ecuador y la Antártida, y entre las costas de Sudamérica y de Sudáfrica.

El proyecto -que tiene el respaldo de Greenpeace- fue planteado ante la reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional y tiene posibilidades de prosperar.

La Comisión está integrada por 41 países, de los cuales 35 tienen derecho a votar porque abonan regularmente las cuotas que sostienen financieramente a la organización.

El objetivo de la propuesta es oponerse a Japón, Noruega y otras naciones con intereses en el comercio de la carne de cetáceos, y a cambio, impulsar el turismo de observación de ballenas.

Ese turismo no tradicional ya tiene amplio desarrollo en la austral zona de Puerto Madryn, en Argentina, y presenta un gran potencial el resto de la costa atlántica del país y también en Brasil.

Milko Schvartzman, de Greenpeace Argentina, explicó a Tierramérica que, según calcula esa organización, sólo sobreviven hoy entre cinco y 10 por ciento de la cantidad de ballenas que había en los océanos del mundo hace dos siglos, cuando la caza se limitaba a las costas.

Para proteger las especies que sobreviven fue creado un santuario en el océano Indico y otro en la región antártica.

La demarcación de una nueva zona protegida en el Atlántico Sur permitiría proteger a los animales en su ruta migratoria. Las ballenas del Atlántico Sur pasan media vida alimentándose en las frías aguas de la Antártida y se trasladan a las costas continentales para reproducirse.

El acuerdo argentino-brasileño se postergó por falta de apoyo de Argentina y por algunas reservas de Uruguay. Durante la gestión de Carlos Menem (1989-1999) en Argentina, la presión de la industria japonesa fue más fuerte que la de los ambientalistas.

Sólo en los últimos dos años, las condiciones políticas se volvieron favorables al convenio. En mayo se consiguió el apoyo político de Uruguay y el 13 de julio, la cancillería argentina formalizó ante Brasil su decisión de ser copatrocinador del proyecto que beneficiará a ambos países.

* La autora es corresponsal de IPS




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Enlaces Externos

Greenpeace Argentina: ballenas

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