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La apuesta nuclear de Bush

Por Mark Sommer*

Estados Unidos promueve una incierta resurrección de la energía atómica como la mejor "alternativa limpia" para controlar el cambio climático, aún cuando su eficiencia no está comprobada y su uso generaría protestas. El ahorro y el uso de fuentes alternativas parecen una mejor idea.

BERKELEY.- La energía nuclear es un experimento que lleva ya medio siglo y que sólo ha provocado exageradas expectativas y altísimos costos.

Desarrollada inicialmente en Estados Unidos durante la II Guerra Mundial como subproducto de la bomba atómica, la electricidad generada por reactores nucleares prometía ser "demasiado barata para ser medida”, pero hoy se ha vuelto demasiado costosa y difícil de calcular.

Los déficit presupuestarios causados por su utilización han llegado a miles de millones de dólares, las preocupaciones con respecto a la seguridad han quedado sin respuesta y no hay todavía soluciones aceptables para el almacenaje de los desechos radiactivos, que seguirán siendo tóxicos durante mil generaciones.

Gracias a estas deficiencias y a un eficaz movimiento antinuclear, la antes inexorable marcha de la generación eléctrica nuclear en Estados Unidos se detuvo a principios de los años 70. Ni una sola planta nuclear de generación eléctrica fue encargada desde 1978 y fueron canceladas órdenes existentes para 121 reactores.

Ahora, sólo el 20 por ciento de la electricidad y el 8 por ciento del total de las necesidades energéticas de Estados Unidos se satisfacen por medio de la energía nuclear.

El gobierno de George W. Bush se propone resucitar la electricidad nuclear mediante la renovación de patentes para construir reactores cerrados, la flexibilización de las pautas de
seguridad y la producción de la nueva generación de reactores PBMR, considerados más seguros que los anteriores.

La industria estadounidense espera recuperar los años perdidos mediante la construcción de plantas pequeñas, con un tamaño 10 veces menor al de los monstruos de los buenos tiempos.

Pero hasta ahora los PBMR continúan siendo sólo una posibilidad que debería ser sometida a pruebas. Por el momento existe sólo una planta de ese tipo, una pequeña instalación para uso térmico en China.

El equipo de Bush también espera hacer resurgir el reprocesamiento de combustible usado, un método para separar los residuos de plutonio del uranio y volver a utilizarlos en reactores comerciales o militares. La tecnología usada para este fin se tragó 100 mil millones de dólares sólo en Estados Unidos antes de que la investigación fuera detenida a fines de los años 70.

El reprocesamiento comercial continúa en Francia, Gran Bretaña, Rusia, Japón e India y es el mayor causante de una creciente oferta de armas con plutonio en todo el mundo. El material reprocesado es compacto y fácil de ocultar, por lo que resulta ideal para ser usado por grupos terroristas.

El gobierno de Bush promueve la resurrección de la energía nuclear como la mejor "alternativa limpia" para reducir las emisiones de gas invernadero, aunque simultáneamente niega que el cambio climático sea una amenaza para la humanidad.

Pero aún así la energía nuclear fuera una alternativa eficaz para frenar el cambio climático, antes se deberá desarrollar un tipo de reactor que esté en condiciones de solucionar las
comprobadas deficiencias que han marcado a la primera generación de reactores.

Dada la ausencia de reactores de segunda generación en funciones es improbable que ello ocurra dentro del marco temporal requerido para revertir el cambio climático. Para alcanzar esa meta, Estados Unidos necesitaría construir dos PBMR por día durante los próximos 30 años.

"Constrúyanlos y ahí llegaremos nosotros", dice irónicamente Harvey Wasserman, un conocido activista antinuclear. Con la confianza de que todo plan para reanimar la energía nuclear en Estados Unidos galvanizaría a una amplia oposición pública, Wasserman asegura que esa "idea nunca obtendrá consenso".

Pero, si no hay energía de origen nuclear, ¿cómo se saciará el voraz apetito estadounidense de energía?

A pesar de ser desechadas por el gobierno Bush, la conservación y la eficiencia de energía podrían ser muy útiles para reducir el consumo.

Se estima que en los próximos 20 años la demanda estadounidense de gas natural se elevará en 62 por ciento, la de electricidad en 45 por ciento y la de petróleo en 33 por ciento. Un fracaso en reducir sustancialmente esas tasas cobraría un precio espantoso a la economía de Estados Unidos.

Si la economía norteamericana operase tan eficientemente como la de Europa o Japón, Estados Unidos podría reducir su consumo de energía en 30 por ciento y las emisiones de carbono en 35 por ciento.

Afortunadamente, el cambio está en las fuentes renovables, sobre todo en el aire. La energía eólica es la fuente en más rápido crecimiento en el mundo, a un ritmo de 25 por ciento anual, y el precio de la electricidad que produce ya es más barato que la que proviene del gas natural. Alemania y Dinamarca están abriendo el camino con una rápida conversión a la energía eólica y a otras fuentes renovables.

Al promover la energía nuclear el gobierno de Bush está fuera de sintonía no sólo con el resto del mundo sino también con su propio pueblo. Una reciente encuesta de The New York Times comprobó que dos tercios de los estadounidenses creen que la conservación y la eficiencia energética serían respuestas más efectivas que la aceleración de la perforación petrolera y la resurrección nuclear propuestas por el presidente.

(Copyright IPS)

* El autor es escritor y director del Mainstream Media Project, un proyecto para llevar nuevas voces a los medios de comunicación en Estados Unidos




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Crédito:  Mauricio Gómez Morín
 
Crédito: Mauricio Gómez Morín

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