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La causa de los hambrientos

Por Jacques Diouf *

Ningún programa de alivio de la pobreza será efectivo si no se enfoca hacia las 800 millones de personas asediadas por el hambre en el mundo, argumenta el Director General de la FAO.

ROMA.- Hace cinco años, en la Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma, 185 países prometieron hacer los esfuerzos necesarios en el ámbito nacional e internacional para reducir antes de 2015 a la mitad el número de personas que sufren hambre en el mundo, calculadas en alrededor de 800 millones.

Sin embargo, pese a que se registraron algunos avances, el número de personas con hambre está bajando a un ritmo demasiado lento como para alcanzar las metas de la Cumbre.

Por supuesto, este panorama no significa que no se hayan conseguido progresos importantes para aliviar la pobreza y la inseguridad alimentaria. Durante los últimos 30 años, las vidas de millones de personas han mejorado. Además, muchos países se las han arreglado para reducir el porcentaje de personas con hambre.

En la última década, se ha registrado una impresionante consenso en la comunidad internacional sobre la necesidad de reconocer que la erradicación de la pobreza es una meta imprescindible en los esfuerzos por alcanzar el desarrollo.

Sin embargo, pese a los pronunciamientos y a las declaraciones, la causa de los hambrientos, que son los más pobres entre los pobres, no ha recibido aún la atención que merece.

Ningún programa de alivio de la pobreza puede ser efectivo si no está enfocado en la búsqueda de soluciones para las personas desnutridas. La eficacia de la instrucción se compromete cuando los niños tienen hambre. El hambre tiene también efectos perjudiciales en la productividad laboral, en la salud y en el crecimiento económico en general.

A menos que el hambre sea combatida en forma decidida, no habrá logros significativos.

Setenta por ciento de los pobres y de los hambrientos vive en áreas rurales y su sustento proviene directa o indirectamente de la agricultura. Por lo tanto, el desarrollo agrario es un elemento indispensable para el crecimiento de los ingresos y para la generación de empleos, requisitos previos para un crecimiento económico sólido.

Sin embargo, esta lección elemental parece ser ignorada por muchos políticos y gobernantes. Las fuertes tendencias negativas en la década del 90 tanto en la asistencia oficial para el desarrollo como en los préstamos para el desarrollo en la agricultura son una triste evidencia de este hecho.

Investigaciones de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) muestran que las grandes inversiones en la agricultura en las naciones en desarrollo están 12 por ciento por debajo del mínimo necesario para alcanzar las metas de la Cumbre Mundial de Alimentación.

Por otra parte, la porción que corresponde a los recursos externos en forma de ayuda o de préstamos al sector agrícola de los países en desarrollo está descendiendo.

El total de los préstamos para la agricultura y el desarrollo rural por parte del Banco Mundial y de las instituciones financieras regionales fue de 3 mil 500 millones de dólares en 1999, mientras que los países desarrollados gastaron 361 mil millones de dólares en el mismo período para apoyar a sus propios agricultores.

Movilizar a la voluntad política para luchar contra el hambre es una condición básica para alcanzar la meta de la Cumbre Mundial de la Alimentación. Ello implica hacer de la erradicación del hambre una prioridad y una parte integral de la política de desarrollo.

Además, se necesitan más recursos para mejorar los medios de vida de los pobres de las zonas rurales. Tales recursos están intrínsecamente vinculados a la agricultura y a las áreas relacionadas con ésta, más aún si el sector agrícola de los países en desarrollo quiere ser competitivo en los ámbitos nacional e internacional.

Las inversiones en las áreas rurales de los países en desarrollo son necesarias no sólo para aliviar la pobreza y el hambre, sino también para disminuir las migraciones desde las áreas rurales hacia las urbanas, así como el éxodo de pobres hacia países relativamente más ricos.

Las herramientas técnicas básicas para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación están disponibles, pero la voluntad política y los recursos hasta ahora han faltado. Necesitamos trabajar a favor de ambos.

(Copyright IPS)

* El autor es Director General de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO)




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Crédito: Mauricio Gómez Morín
 
Crédito: Mauricio Gómez Morín