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Doha, a paso de gigantes

Por Mike Moore*

Activistas anti-globalización han afirmado que los acuerdos de la reciente reunión de la OMC en Qatar son un desastre para los países en desarrollo. Esta es una mala lectura de lo que realmente sucedió, según el director general de esa organización.

GINEBRA.- Desde todo punto de vista la Cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Doha, Qatar, entre el 9 y el 13 de noviembre pasado resultó un encuentro extraordinariamente exitoso.

Para empezar, se consiguió el ingreso de China y de Taipei china a la OMC. Y además, se logró el acuerdo sobre un vasto programa de trabajo que establecerá el contenido y la dirección de la OMC en los próximos años.

Hubo también una respuesta a la necesidad de solidaridad frente a la peligrosa incertidumbre económica y política actual que, reconocida por los ministros, los indujo a hacer concesiones para alcanzar el consenso. Los resultados obtenidos en Doha ponen fin a la pérdida de impulso y la falta de confianza creada por el igualmente espectacular fracaso de Seattle hace dos años.

El programa de trabajo de Doha es una respuesta a los enormes cambios registrados en la composición de la organización. Los ministros se impusieron un objetivo exigente: realizar en un plazo máximo de tres años este enorme proyecto. La meta puede ser lograda.

El programa de Doha vigoriza y extiende las negociaciones para la liberalización del acceso a los mercados. Tales negociaciones constituyen el asunto central de la OMC. Las negociaciones sobre la agricultura y los servicios se moverán a mayor velocidad.

El acuerdo para trabajar hacia la eliminación progresiva de los subsidios a las exportaciones agrícolas tiene una importancia decisiva para el futuro del comercio agrícola. Desde hace años todos admiten que las subvenciones a la agricultura son insostenibles: los subsidios agrícolas en los países desarrollados ascienden a cerca de mil millones de dólares diarios.

Asimismo, los ministros acordaron la realización de negociaciones para el acceso al mercado de los productos industriales que incluyan la cuestión de las barreras tanto arancelarias como no arancelarias. Tres cuartos de todos los beneficios que surgirían de la reducción de las tarifas industriales irían a los países en desarrollo, que controlan una porción cada vez más amplia de las importaciones del mundo industrializado. Esa porción era de 15 por ciento en 1990 y de casi 25 por ciento en 2000.

Pero el mayor éxito de la conferencia fue la conclusión de la declaración ministerial sobre lo Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIPS, en sus siglas en inglés) y sobre la Salud Pública. Esta fue una cuestión difícil, que había sido imposible resolver en Ginebra y que comprende asuntos económicos y humanitarios.

La declaración pone en claro que hay importantes elementos de flexibilidad en los acuerdos TRIPS que pueden ser usados para dar respuesta a emergencias sanitarias. Por ejemplo, el derecho a establecer regímenes nacionales para establecer la duración de los derechos de propiedad intelectual. Ello eliminó un punto crítico de discordia entre los países desarrollados y en desarrollo y fue bienvenido por los gobiernos, los grupos de presión de la salud pública y la industria farmacéutica.

La relación comercio-medio ambiente fue también uno de los temas más difíciles en Doha.

Sin embargo, el compromiso de negociar sobre el ambiente está enfocado en la relación entre las existentes normas de la OMC y las obligaciones comerciales que surgen de Acuerdos Ambientales Multilaterales, así como en la reducción o la eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias para bienes y servicios ambientales.

Algunos activistas anti-globalización han afirmado que los Acuerdos de Doha son un desastre para los países en desarrollo.

Esta es una mala lectura de lo que realmente sucedió. Ningún lector imparcial de los textos de Doha puede dejar de apreciar que hay un tema común que se toca en casi todos los párrafos de la declaración: el de integración completa de los países en desarrollo en el sistema comercial.

La reunión de Doha será recordada como un punto de cambio decisivo en la historia de la OMC y del sistema comercial, así como en las relaciones entre los países desarrollados y en desarrollo dentro del sistema.

(Copyright IPS)

* Mike Moore es el Director General de la Organización Mundial del Comercio




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Crédito: Fabricio Vanden Broeck/Tierramérica
 
Crédito: Fabricio Vanden Broeck/Tierramérica