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Lo que le falta al ALCA

Por Germán de la Reza*

El tratado hemisférico se perfila como un esquema sin instrumentos de cooperación y carente de soluciones para los problemas ambientales y laborales de los países más pobres.

CIUDAD DE MÉXICO.- Luego de siete años de diferencias y contrapuntos con el Congreso, el Ejecutivo estadounidense vio aprobada a fines del año pasado en la Cámara Baja su solicitud de autoridad "fast track" o de vía rápida para la negociación de acuerdos de libre comercio.

Debida más a la convocatoria al “voto patriótico” tras los atentados del 11 de septiembre, que a una campaña convincente ante los congresistas, la concesión de dicha autoridad al presidente George W. Bush representa una excelente noticia para sus negociaciones comerciales.

La vía rápida pone en la agenda de prioridades el desarrollo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre todo la conformación de la Ronda del Milenio- así como dos iniciativas con profundo impacto para América Latina: la adhesión de Chile al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la aceleración de las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Como era previsible, esta noticia ha reavivado tanto el entusiasmo como la oposición al ALCA. De un lado está la mayoría de los gobiernos de la región y amplios sectores empresariales, y de otro los organismos no gubernamentales y gremiales, junto a la participación cada vez más condicionada de Venezuela y Brasil.

Sin embargo, los ribetes mediáticos del debate corren el riesgo de esconder una vez más el fondo del problema: ¿por qué América Latina pone tanto empeño en la prosecución de un acuerdo que no le significa concesiones sustanciales por parte de Estados Unidos y que, por el contrario, exige a los países pequeños y medianos del continente un elevado esfuerzo desde el punto de vista de la adecuación y las concesiones arancelarias?

La inquietud no obedece tanto a la falta de respuestas, sino al débil fundamento que ofrecen los argumentos en boga a favor del ALCA. Consideremos algunos de éstos, empezando por el principal: lograr el acceso preferencial al mercado estadounidense para las exportaciones latinoamericanas.

Por el tipo de acuerdo y considerando el rumbo de las negociaciones, es probable que lo substancial de la liberalización se lleve a cabo en el terreno de los aranceles.

Si se considera que Estados Unidos tiene un promedio arancelario relativamente bajo (3 por ciento frente al 10 por ciento latinoamericano) y que los instrumentos que emplea ese país para la protección de su mercado son principalmente no arancelarios, la creación del acuerdo hemisférico no parece encaminado a generar un acceso muy distinto al actual para Latinoamérica.

Obsérvese que no se ha propuesto erradicar ninguna de las barreras incluidas en la Ley de Comercio de 1974 de Estados Unidos (la Sección 301 y sus derivados, las Secciones 232 y 122) o en la Ley Agrícola de 1956.

Lo propio acontece con las medidas anti-dumping y las reglas de origen, utilizadas a menudo con fines anti-competitivos.
Otro beneficio que se invoca a favor del ALCA es la captación de un mayor flujo de inversiones extranjeras directas (IED).

Normalmente este tipo de inversión es sensible a los proyectos de ampliación de mercados. Sin embargo, no es el único factor que considera una empresa multinacional, otros son importantes: la existencia de salarios competitivos, la presencia de infraestructura y legislaciones adecuadas, la cercanía a mercados centrales, el desempeño macroeconómico o político del país, entre otros.

Esto hace que la atracción de la IED sea un asunto más complejo que la mera proliferación de acuerdos de libre comercio, sin contar con que la masa de capital disponible es hoy menor a las necesidades productivas de América Latina y que la rivalidad internacional por esos flujos va en aumento.

Un tercer objetivo que persiguen los gobiernos en las negociaciones del ALCA es reducir el fenómeno de desviación de comercio y el desgaste administrativo provocado por la existencia de aproximadamente 41 acuerdos comerciales en el continente.

La limitada cobertura geográfica de estos acuerdos (en su mayoría bilaterales) y la superposición de sus competencias, representan una fuente de discriminaciones que es necesario acotar.

No obstante, esta tarea no podría ser realizada por el ALCA sin la directa participación de los acuerdos subregionales latinoamericanos, principales afectados por la proliferación del bilateralismo inspirado en el TLCAN.

El ALCA representa sobre todo un instrumento de apertura del mercado estadounidense y, en consecuencia, su diseño no contempla el control del intercambio preferencial intra-latinoamericano, motivo fundamental de los acuerdos en cuestión.

Y existe un último argumento: los países pequeños y medianos no buscan en el ALCA el notable incremento de sus ventajas comerciales, sino evitar los costos que les ocasionaría su no-participación en un acuerdo en el que apenas pueden influir.

Sin embargo, el ALCA no implicará un acuerdo neutro y sin costos.

En concreto, el ALCA se perfila como un esquema sin instrumentos de cooperación, carente de tratamiento especial para las economías más vulnerables (salvo calendarios prolongados, inútiles para hacer frente a las limitaciones del menor desarrollo), y carente también de soluciones para los problemas ambientales y laborales de los países más pobres, y no sólo no toma en cuenta a los esquemas de integración latinoamericanos, sino que los debilita.

Tanto las negociaciones como la dinámica emergente del ALCA se presentan bajo la forma de un sistema de relaciones bilaterales de cada país con Estados Unidos.

Ante esta perspectiva es apremiante para las sociedades de América Latina la construcción de un debate amplio e incluyente sobre las consecuencias de este acuerdo.

En varios sentidos, la propuesta del "mejor ALCA para América Latina", del Sistema Económico Latinoamericano, SELA, encarna precisamente el desafío de evitar ser sujetos pasivos en una realidad que se construye ante nuestros ojos.

(Copyright IPS)

* El autor es profesor e investigador en integración económica en las universidades mexicanas Autónoma Metropolitana y Nacional Autónoma de México




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Crédito: Fabricio Vanden Broeck
 
Crédito: Fabricio Vanden Broeck