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Coco Legrand |
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A Coco Legrand, el más popular humorista chileno, le encantan la naturaleza y los animales. Y está preocupàdo porque vivimos en mundo donde hay más desaire que aire..
En su casa de la capital tiene dos pastores alemanes, Waldo y Berta, y un rottweiller de nombre Benito. Legrand se consagró como humorista profesional en 1972 en el Festival de Viña del Mar, en cuya versión de 2000 recibió las gaviotas de oro y plata. La esencia de su humor está en la crítica social, con textos siempre enfocados hacia las grandezas y debilidades del ser humano. Sus espectáculos han durado en cartelera hasta tres años consecutivos.
Legrand dialogó en exclusiva con Tierramérica, a través de Omar Sarrás, en su teatro ubicado en la comuna de Providencia, en Santiago de Chile, donde está presentando su última obra "De todo un Coco".
P.- ¿La gravedad de los problemas ecológicos exige seriedad?
R.-Esta tierra está envenenada y vivimos en un mundo lleno de miedo: si como, me sube el colesterol; si pienso, me echan de la pega (trabajo); si hago el amor, me da sida; si paseo, me asaltan. Vivimos en una tierra inhóspita, donde hay aglomeraciones, no ciudades; consumidores, no personas; parquímetros, no parques. Nuestro mundo ya no ofrece aire, sino simplemente desaire. Eso hace que uno reaccione y que a través del humor pueda hablar con ironía de todo lo que ocurre.
P.- ¿Con qué imagen representaría la relación de los seres humanos con la naturaleza?
R.- La naturaleza, cambiante y cíclica, da la posibilidad del día y de la noche, del frío y del calor, y como nosotros somos parte de ella, también nuestra actitud hacia ella puede cambiar, aunque sea de manera ciclotímica (maniaco-depresiva). Pienso que podemos ser como los relojes malos, que a pesar de estar parados dan la hora bien por lo menos dos veces al día. Tengo esa esperanza.
P.- Usted es un gran observador del comportamiento humano y desde hace algunos años es panelista de un programa televisivo sobre animales. ¿Somos tan distintos de las otras especies como pensamos?
R.- Decimos que somos superiores porque podemos modificar el medio ambiente para hacerlo grato para nosotros. Pero quizás lo que nos hace profundamente diferentes es que dentro de nuestro género la naturaleza afortunadamente encuentra a un poeta, a un músico, y no sólo a destructores ambiciosos.
P.- Alguna vez se definió como "un triste con vocación de alegre". ¿Cómo imagina el futuro de los bosques, los mares y la biodiversidad?
R.- Al paso que vamos, puede ser que busquemos fórmulas para tener pechugas y no pollos, perniles gigantes en vez de cerdos, y que perdamos toda esta maravilla. Espero abramos los ojos para entender que no es la tecnología la que nos devolverá el paraíso perdido. Somos nosotros quienes debemos recuperarlo.
P.- Usted decía que los niños de ahora no han visto una gallina en su vida. ¿Qué consecuencias puede tener esa falta de contacto con la naturaleza?
R.- Estamos sumidos en un universo virtual, creemos ciegamente en la tecnología, dejando de lado lo que existe, lo real. Estamos orgullosos de habernos convertido en ciudadanos del mundo a través de Internet, pero somos extranjeros en nuestra propia casa: no sabemos qué pasa con nuestros hijos, si ya están fumando marihuana, si ya se están autodestruyendo. No sabemos lo que realmente está pasando.
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